La cuestión de los impuestos cobrados por los ocupantes ya la abordó Mateo en 17,24. Allí Jesús se mostró contrario a ellos ("Los hijos están exentos" v. 26) pero opta por un comportamiento no beligerante ("Para que no ofendamos... toma la moneda y dásela por ti y por mi" v.27).
A la cuestión planteada ahora ("¿Es lícito pagar impuesto al César?"), Jesús responde con una conocida frase que cada uno la usa dándole distintas interpretaciones: "Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". (Ver interpretación en "Al César lo del César a Dios lo de Dios", desde los textos de Mateo y Lucas)
Para comprender mejor lo que Jesús dice hay que ajustarse a la pregunta: "¿Es lícito?" cuestiona si está de acuerdo con la Palabra de Dios o no. Es algo que la comunidad cristiana a la que escribe Mateo tiene que resolver: si está de acuerdo con el Evangelio de Jesucristo el honrar con el pago de impuestos a un emperador, en este caso Tiberio. que se fue proclamado "César".
Además, el evangelista presenta la pregunta como una trampa urdida por los fariseos contra Jesús y puesta no directamente por ellos sino por sus discípulos aliados con los partidarios de Herodes. Por tanto, en su respuesta Jesús no se puede limitar a enseñar, sino tiene que evitar ser atrapado, objetivo que logra ("Al oír esto se maravillaron y, dejándolo, se fueron" v. 22 que la liturgia no incluye en la lectura).
Con esta perícopa, los lectores originales de Mateo comprendieron que podían pagar los impuestos del imperio sin que eso significasen que estuvieran dando al emperador una honra que sólo corresponde al Señor Jesús y a su Padre.
Comentarios bíblicos, notas de exégesis, a los Evangelios de la liturgia del Domingo de la Iglesia católica romana
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jueves, 13 de octubre de 2011
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Domingo de la Sagrada Familia. Mateo 2, 13-15. 19-23
El texto refiere tres sueños de José, que se añaden al del domingo pasado. En cada uno de ellos, recibe un mensaje de Dios que le cambia la vida: el anterior supuso una nueva vida conyugal, en estos tres le cambia el lugar de residencia. Cada intervención del ángel es una reacción a algo que ha acontecido: Herodes el Grande quiere matar a Jesús, Herodes muere, en Judea le sucede su hijo Arquelao -conocido por su crueldad-.
Para afrontar las circunstancias, José con "el niño y su madre" (por cuatro veces usa esta expresión, no lo llama hijo de José) se trasladan a Egipto. El viaje y el regreso de Egipto está lleno de evocaciones a la historia de Israel que los lectores originarios de Mateo reconocían enseguida: Jesús es presentado como el nuevo pueblo. De hecho, la profecía de Oseas "de Egippto llamé a mi hijo" se refería a Israel, pero aquí se aplica a Jesús (de una manera extraña, porque Jesús en realidad entra y no sale de Egipto).
Los dos primeros sueños son contados de forma paralela, casi con las mismas palabras, pero el tercero sólo es referido, y obliga a José a residir en Nazaret, según Mateo. Aunque el evangelista dice que así se cumple lo dicho por los profetas, en ninguna parte de la Biblia se encuentra la cita que él da: "se llamará nazareo". Pero de hecho así le llamaban ("Jesús el Nazareno") y así llamaron a sus discípulos ("los nazarenos") hasta que en Antioquía le empezacen a llamar "cristianos".
El texto litúrgico se salta los versículos 16 al 18, que se proclaman el 28 de diciembre, día de los santos inocentes.
Para afrontar las circunstancias, José con "el niño y su madre" (por cuatro veces usa esta expresión, no lo llama hijo de José) se trasladan a Egipto. El viaje y el regreso de Egipto está lleno de evocaciones a la historia de Israel que los lectores originarios de Mateo reconocían enseguida: Jesús es presentado como el nuevo pueblo. De hecho, la profecía de Oseas "de Egippto llamé a mi hijo" se refería a Israel, pero aquí se aplica a Jesús (de una manera extraña, porque Jesús en realidad entra y no sale de Egipto).
Los dos primeros sueños son contados de forma paralela, casi con las mismas palabras, pero el tercero sólo es referido, y obliga a José a residir en Nazaret, según Mateo. Aunque el evangelista dice que así se cumple lo dicho por los profetas, en ninguna parte de la Biblia se encuentra la cita que él da: "se llamará nazareo". Pero de hecho así le llamaban ("Jesús el Nazareno") y así llamaron a sus discípulos ("los nazarenos") hasta que en Antioquía le empezacen a llamar "cristianos".
El texto litúrgico se salta los versículos 16 al 18, que se proclaman el 28 de diciembre, día de los santos inocentes.
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