Se comienza súbitamente con unas declaraciones de Juan Bautista, que forman parte de una presentación de este personaje que comienza tres versículos antes. El conjunto ya fue proclamado el pasado domingo 2º de Adviento, cuyas notas bíblicas pueden leerse aquí.
Para la fiesta de hoy, del Bautismo del Señor [en algunos lugares, sin embargo, hoy se celebra la Epifanía, con sus lecturas propias], nos interesa fijarnos en la diferencia que hace entre el bautismo de Juan, de agua, y el de Jesús, de Espíritu Santo.
El evangelista apenas se detiene en el relato del Bautismo de Señor. Nos cuenta que llegó Jesús y que Juan lo bautizó, para decir seguidamente: "Apenas salió del agua..." [El griego dice "subió del agua", movimiento en consonancia con el del Espíritu que "bajaba sobre Él"]. El hecho de "subir" del agua por parte de Jesús tiene reminiscencia de la piscina bautismal de los cristianos, a la que se descendía por unos escalones y de la que subía por otros. Tanto en tal bautismo como en el de Jesús, en el que supone que antes "bajó" al agua, tiene el significado de entregarse a la muerte. "Subir" tiene el significado de "nacer" de las aguas a una vida nueva, que queda confirmada por el descenso del Espíritu sobre Jesús. Es un bautismo distinto al de conversión de Juan, corroborado por el hecho de que Jesús no confiesa sus pecados como los demás (ver v. 5b)
La recepción del Espíritu va acompañada de una voz del cielo que lo proclama hijo, o sea, se afirma que el hombre Jesús es Hijo de Dios. Así como la visión del cielo y la bajada del Espíritu es algo que experimenta Jesús personalmente (y el lector), no se aclara quién o quiénes oyen la voz. El Hijo es proclamado Amado y Predilecto, lo cual se muestra por el don del Espíritu.
Estamos ante una manifestación de la Santísima Trinidad: el Espíritu en forma de paloma, el Hijo de Dios encarnado en Jesús, y el Padre a través de su voz.
Comentarios bíblicos, notas de exégesis, a los Evangelios de la liturgia del Domingo de la Iglesia católica romana
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miércoles, 4 de enero de 2012
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Marcos 1 ·1-8: Preparad Domingo II de Adviento B
Marcos presenta la figura de Juan, al que llama el Bautista, como un profeta, de ahí que describa su vestimenta, como la que usaba el gran profeta Elías -como el que el mismo Jesús identificará más tarde a Juan Bautista-, y su tipo de comida, que se ajusta a los alimentos puros permitidos y que se podían adquirir en los mercados (a pesar que a nosotros nos resulte extraña).
Como otros tantos de su tiempo, Juan es un líder que invita a una renovación espiritual. El incita a la enmienda en las actitudes de vida y acoger así el perdón de Dios, y lo ritualiza con una inmersión en el río Jordán, el que cruzó el pueblo para apropiarse de la tierra prometida por Dios.
Esta renovación en la fe judía la realiza en el desierto, lugar asociado por la tradición a la purificación y al encuentro con Dios, a pesar de que en este tiempo se consideraba al grandioso y bello Templo de Jerusalén como el lugar de la presencia del Señor.
Juan centra su mensaje en el anuncio de otro bautismo que se hará no en agua, sino con Espíritu Santo, y será realizado por alguien grandioso (al que no se es digno de servirle ni como esclavo que descalza a su amo) que ha de venir inmediatamente tras Juan.
Así Juan se presenta como la realización de la profecía de Isaías que se cita, aunque en realidad el texto citado es una combinación de versículos del Éxodo, de Malaquías e Isaías, una práctica normal en aquel tiempo.
Como otros tantos de su tiempo, Juan es un líder que invita a una renovación espiritual. El incita a la enmienda en las actitudes de vida y acoger así el perdón de Dios, y lo ritualiza con una inmersión en el río Jordán, el que cruzó el pueblo para apropiarse de la tierra prometida por Dios.
Esta renovación en la fe judía la realiza en el desierto, lugar asociado por la tradición a la purificación y al encuentro con Dios, a pesar de que en este tiempo se consideraba al grandioso y bello Templo de Jerusalén como el lugar de la presencia del Señor.
Juan centra su mensaje en el anuncio de otro bautismo que se hará no en agua, sino con Espíritu Santo, y será realizado por alguien grandioso (al que no se es digno de servirle ni como esclavo que descalza a su amo) que ha de venir inmediatamente tras Juan.
Así Juan se presenta como la realización de la profecía de Isaías que se cita, aunque en realidad el texto citado es una combinación de versículos del Éxodo, de Malaquías e Isaías, una práctica normal en aquel tiempo.
sábado, 10 de mayo de 2008
CUANDO LAS ENTRAÑAS SE TE REMUEVEN
"Se le removieron las entrañas".
Marcos nos lo cuenta dos veces en los primeros capítulos.
"Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc 6,34). Ese sintió compasión traduce ese afecto que parece nacer de las mismas entrañas.
Ve a la gente en tal estado, que se le remueven las entrañas, y no puede dejar de hacer algo - había ido allí a descansar -. Se pone a enseñarles.
Cuando se te remueven las entrañas no puedes quedarte quieto. Es una acción que te nace desde tus mismas entrañas.
Lo mismo le pasó con el leproso que le suplica de rodillas: "Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»" (Mc 1, 41)
Se le remueven las entrañas y no puede evitar extender su mano y tocarle (con lo que se "contaminaba" de impureza).
Jesús se deja afectar por la gente hasta el punto que le brota la acción en su favor.
Más tarde, en 8,2 será el mismo Jesús el que declare ese sentimiento: "Se me remueven las entrañas por la gente" ya que no habían comido, lo que de nuevo le llevará a la acción.
Marcos nos lo cuenta dos veces en los primeros capítulos.
"Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc 6,34). Ese sintió compasión traduce ese afecto que parece nacer de las mismas entrañas.
Ve a la gente en tal estado, que se le remueven las entrañas, y no puede dejar de hacer algo - había ido allí a descansar -. Se pone a enseñarles.
Cuando se te remueven las entrañas no puedes quedarte quieto. Es una acción que te nace desde tus mismas entrañas.
Lo mismo le pasó con el leproso que le suplica de rodillas: "Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»" (Mc 1, 41)
Se le remueven las entrañas y no puede evitar extender su mano y tocarle (con lo que se "contaminaba" de impureza).
Jesús se deja afectar por la gente hasta el punto que le brota la acción en su favor.
Más tarde, en 8,2 será el mismo Jesús el que declare ese sentimiento: "Se me remueven las entrañas por la gente" ya que no habían comido, lo que de nuevo le llevará a la acción.
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