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viernes, 26 de junio de 2026

A 13 Mateo 10, 37 - 42 Ser dignos de Jesús

 Hoy Jesús "acaba de dar instrucciones a sus doce discípulos" (11,1) a "los que envió" (10, 5) y que se ha proclamado a lo largo de los tres últimos domingos.

Hay dos partes, una que presenta las exigencias de Jesús para poder ser discípulo suyo, y otra que alude a las ventajas que tiene.

En la parte de las exigencias: 

1 . Primero afirma que la relación con Él tiene prioridad sobre la relación con la familia. Usa un semitismo que puede ser traducido por "odiar", pero más acertadamente por "querer más".
2.  El "querer más" a Jesús también incluye el quererlo más que a uno mismo, que es lo que implica la expresión "cargar con su cruz": Los condenados por los romanos eran expuestos al escarnio público al ser obligados a caminar con la cruz; Jesús advierte que seguirlo a Él puede tener consecuencias ante los demás.
3. En tercer lugar hace un juego de palabras sobre ganar/perder la vida: Seguir el camino de Jesús es "perder la propia vida por Él", que es el camino para encontrar la auténtica vida.
4. Por último, insiste en la necesaria renuncia a los bienes cara al seguimiento, un aspecto resaltado por Lucas en numerosas ocasiones. 

 En la parte consoladora, Jesús promete recompensa incluso al que simplemente de un vaso de agua fresca a alguien por reconocer en él a un discípulo suyo: hasta lo más nimio es tenido en cuenta cuando se beneficia a un solo discípulo suyo. Los discípulos son llamados "estos pequeños" por Jesús; la grandeza está en uno mismo, sino en ser seguidor de Jesús.


martes, 20 de agosto de 2024

B 21º Juan 6 · 60-69 La crisis de los discípulos

 Llegamos al final del capítulo 6º -a falta de dos versículos-, y con ella termina la incursión del ciclo B (cuyo evangelista de referencia es san Marcos) en el evangelio de san Juan. La liturgia se salta un versículo respecto al evangelio del domingo pasado, el 59: "Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún".

La tensión que Jesús ha mantenido con "los judíos" en los domingos anteriores, estalla en los discípulos de Jesús que se escandalizan de Jesús: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» (v. 61).

Jesús responde a sus críticas afirmando: "Las palabras que os he dicho son espíritu y vida". (v. 63)

Ante la firmeza de Jesús, se produce la gran crisis en su discipulado: "Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él." (v. 66)

Jesús pregunta a sus discípulos más cercano, a los Doce, sobre su postura: «¿También vosotros queréis marcharos?» (v. 67)

El portavoz de los Doce, Pedro, le responde confirmando lo que Jesús acaba de decir sobre sus palabras: «Señor, Tú tienes palabras de vida eterna» (v, 68), a la que añade una confesión de fe: «nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (v. 69). Es la única vez que la expresión "Santo de Dios" aparece en este evangelio e indica que Jesús es alguien que pertenece a lo divino.

Jesús desvela porqué algunos creen en Él, como los Doce, y otros no, como los judíos y los "muchos discípulos" que no siguen con Él: "Sus palabras son espíritu", y para aceptar su Palabra se necesita el Espíritu: "El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada" (v, 63); los que no creen no se guían por el Espíritu, sino por su propia comprensión humana ("la carne") y, por tanto, no pueden creer. Ya en el capítulo 3º, Jesús dijo a Nicodemo: «El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu» (vv. 6-7).


lunes, 12 de agosto de 2024

B 20º Juan 6 · 51-58 Jesús da su carne por la vida del mundo

 La perícopa de este domingo comienza repitiendo el último versículo del domingo pasado, el 51, en el que Jesús hace esta asombrosa afirmación: "el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo".

Eso provoca inmediatamente la reacción incrédula de los judíos: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?», pues hacen una interpretación literal de lo dicho por Jesús.

No hay que confundir la palabra "carne" con la palabra "cuerpo", pues no tienen el mismo significado en el Nuevo Testamento. El término "carne" ya lo utiliza San Juan en el primer capítulo de su evangelio para referirse a Jesús: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (v. 14). Esa palabra -"sarx" en el original griego- hace referencia a la condición mortal de la persona. Jesús dirá el próximo domingo, al final de este capítulo 6º: "El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada." (v. 63).

Tras el escándalo manifestado por los judíos, Jesús habla varias veces de "comer mi carne" uniéndolo a "beber mi sangre", esto último prohibido por la Ley de Moisés, pues se consideraba que la sangre contenía la vida (ver Dt  12,23). "Muchos" de sus mismos discípulos dirán: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» (v. 60).

El lenguaje que está usando Jesús hace referencia a los sacrificios de animales que se hacían en el Templo de Jerusalén, y, por tanto, al propio sacrificio de Jesús, quien ya fue presentado por Juan Bautista como un animal de sacrificio: "Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»" (1,29).

Comulgar con el sacrificio de Jesús comiendo su carne y bebiendo su sangre comunica la vida eterna: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día". Aquí ya puede contemplarse una referencia a la comida eucarística.

Creer en Jesús como el Hijo de Dios encarnado y comulgar con Él en la Eucaristía comunica la vida eterna.


 




miércoles, 7 de agosto de 2024

B 19º Marcos 6 · 41-51 El Padre atrae a la fe en el Pan vivo bajado del cielo

 El domingo pasado empezó Jesús el llamado "discurso del pan de vida", tras multiplicar el pan el domingo anterior. Hoy continúa su diálogo con los judíos -saltándonos los versículos 36-40-, que se prolongará los dos próximos domingos.

En sus palabras previas, Jesús se identifica con el pan bajado del cielo. Los judíos arguyen que conocen a su padre y a su madre, lo llaman "hijo de José", y que, por tanto, no es verdad que haya bajado del cielo. Ellos no pueden creer lo anunciado por el evangelista en el prólogo: "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Juan 1, 14).

El domingo pasado, ya Jesús incitó a la fe en Él: «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado» (v. 29). En la perícopa de hoy, ante las resistencias a la fe, vuelve a llamar a ella: "el que cree tiene vida eterna".

La fe es presentada como un don del Padre: "Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado". Escuchar a Dios -el Padre- conlleva creer en Jesucristo: "Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí".

Más aún, solo creyendo en Jesús se puede conocer a Dios: "No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ése ha visto al Padre", y ése que "está junto a Dios" es Jesús, "el Verbo que se hizo carne": "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios" (Juan 1,1) . Solo Jesús, ha visto a Dios Padre y solo Él nos lo puede conocer, como ya enseñó el evangelista en el prólogo: "A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer" (Juan 1, 18)

El fruto de la fe en Jesús es la vida eterna: "el que cree tiene vida eterna", "yo lo resucitaré en el último día".

En esta perspectiva de la vida eterna, Jesús aquí se presenta como "el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre", a diferencia del maná que los padres de los judíos "comieron en el desierto y murieron". El pan vivo es el mismo Jesús, su persona, "el Verbo se hizo carne".

Es lo último que declara Jesús en esta perícopa y que escandalizará a los judíos: "el pan que yo daré es mi carne". Con este mismo versículo comienza el evangelio del próximo domingo.

 


lunes, 29 de julio de 2024

B 18º Jn 6 · 24-35 Jesús ha bajado del cielo para dar vida

 El domingo pasado iniciamos un conjunto de cinco domingos reflexionando el capítulo 6º del evangelio de san Juan. En la perícopa anterior, Jesús dio de comer a cinco mil varones con cinco panes. Nos hemos saltado los versículos del 16 al 23.

En la perícopa de hoy se hace alusión al hecho de que Moisés "dio pan del cielo" al pueblo. Por eso, la Iglesia ha escogido como primera lectura ese relato en el capítulo 16º del libro del Éxodo (vv. 2-4. 12).

Jesús corrige a los judíos y, tal como relata la lectura del Éxodo, precisa que "no fue Moisés quien os dio pan del cielo", sino que fue Dios, a quien llama "mi Padre", y añade que "es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo".

Luego explica los beneficio de ese pan que da el verdadero pan: "el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo".

Pero los judíos le entienden mal, porque piensan que está hablando de algún tipo de pan como el maná del desierto, y por eso le piden, para conseguir esos efectos beneficiosos: «Señor, danos siempre de este pan»

Entonces Jesús aclara cuál es ese pan: «Yo soy el pan de vida». Jesús es el Hijo de Dios que ha bajado del cielo y se ha encarnado. Su persona es la comida que da vida: «El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Justamente, creer en Él es lo que Dios quiere que hagamos:  «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado».

Con esta conversación, Jesús pretende que los judíos superen el buscarle por propio interés, "no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros", y en cambio trabajen "no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna", que es justamente el alimento que da Él, que es en realidad Él mismo que se da, creyendo en Él.

domingo, 30 de marzo de 2014

A Cuaresma 5º Juan 11,1-45 El que cree en Jesús no muere

Los domingos 3º, 4º y 5º forman una unidad dentro de la Cuaresma, sus evangelios de los capítulos 4, 9 y 11 de Juan son unas catequesis bautismales desde sus símbolos del agua, la luz y la vida.
Del evangelio de este domingo se puede proclamar un versión litúrgica breve.

El relato presenta una íntima amistad entre Jesús y un grupo de hermanos, que puede ser una parábola de las relaciones del Señor con la Iglesia: "Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro". Jesús llegará a conmoverse hasta las lágrimas (v. 35).

El acontecimiento, según Jesús, manifiesta la gloria de Dios. Lo repite dos veces (vv. 4 y 40).
Para ello es necesario la fe en Él, que reclama a las hermanas (vv. 26 y 43). Ello lleva a una declaración de fe ejemplar, un versículo central en esta capítulo: "Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo".
Así, el creyente alcanza la vida eterna: "El que cree en mí, no morirá para siempre"

La re-vivificación  de Lázaro es signo de ello, pues vuelve a la vida a pesar de que su muerte era ya definitiva, pues habían pasado tres días, dato en el que se insiste (vv 17 y 39), gracias a la palabra de Jesús.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

C Domingo 32º Lucas 20, 27-38 Respuesta a los Saduceos

Dejamos la larga sección de "el camino a Jerusalén" que empezamos hace 5 meses (ver el comienzo). Nos saltamos cosas importantes, porque se ven en otro tiempo litúrgico: la entrada de Jesús en Jerusalén y su purificación del Templo expulsando a los vendedores. Por tanto, estamos en Jerusalén en los últimos días de Jesús y en un clima de confrontación con Él.
Seguimos en el Templo, donde los sacerdotes y los escribas se han enfretado a Jesús con preguntas. Ahora les toca el turno a los Saduceos, un grupo que aparece por primera y única vez en san Lucas, y de los que se sabe poco.
Como esta corriente de pensamiento no cree en la resurrección, intentan burlarse de Jesús preguntándole con quien estará casada en el cielo una mujer que en la tierra se ha dado en matrimonio a siete hermanos (la ley del levirato de Dt 25, 5 obligaba a casarse con la viuda del hermano para darle descendencia a éste y para proteger a la mujer).
Jesús les responde que en el cielo no ocurre como en la tierra, y asemeja el estado de las personas al de los ángeles.
Afirma que la expresión de Dios a Moisés en la zarza ardiente -Jesús cita el libro del Éxodo 3, 6; de los pocos que aceptan los Saduceos- muestra a un Dios de patriarcas vivos, aunque hubiesen fallecido, argumento en favor de la resurrección. Parece que nadie antes de Jesús había usado este argumento.

jueves, 11 de octubre de 2012

Marcos 10·17-30 Peligros de la riqueza Domingo XXVIII B

Jesús contrapone el modo de "los hombres" (para quienes "es imposible" salvarse) al de "Dios" ("para Dios todo es posible").
Jesús repite tres veces (por tanto, algo bien atestiguado) que la dificultad de "los hombres" reside en la riqueza (en "la confianza" en la riqueza, según la traducción litúrgica).
El texto parece relacionar riqueza y la estafa (obtenida de manera injusta), pues Jesús, añade al rico un mandamiento que no viene en el Decálogo: "no cometerás fraude"
La alternativa es amontonar "un tesoro en el cielo". Como los Doce, que sí han "dejado todo" y han "seguido a Jesús", como le había pedido al rico (Marcos no dice que sea joven).
Tal petición ("vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, y luego sígueme") es paralela con la que había proclamado a sus discípulos anteriormente ("que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga"), también en un contexto donde se enfrentan las dos mentalidades.

Al que hace así las cosas, Jesús le asegura ya desde ahora una nueva familia ("casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras"), pero sin la figura de dominación -el padre- (como enseñó el domingo pasado), y después -en el futuro- la vida eterna, por la que había preguntado el rico.

jueves, 27 de septiembre de 2012

B Domingo 26° Marcos 9 · 38-43. 45. 47-48 Cuidar la fe de los otros

Sorprende que sea Juan quien tome la palabra en nombre del grupo; la primera vez, pero no la única.
Presenta a uno que expulsa demonios en nombre de Jesús. Ellos habían fracasado al intentar hacerlo en este mismo capítulo (14-29) con un endemoniado, y Jesús le recriminó su falta de fe. Ahora quieren prohibir a éste -que tiene éxito- que lo haga. La razón que aduce es "no es de los nuestros" (literalmente: que no sigue a los discípulos).
Jesús pone las cosas en su sitio: no seguirá a sus discípulos pero actúa en su nombre.
(La primera lectura de la misa hace referencia a otro intento de prohibición de actuar según el espíritu de Dios en tiempos de Moisés: Números 11, 25-29)

A continuación, Jesús parece cambiar de tema: habla del "escándalo" a la fe de los "pequeñuelos" (literalmente en griego: los "micro"), es decir, de aquellos que ponen en crisis la frágil fe de algunos de sus seguidores, probablemente miembros de la comunidad cristiana a la que Marcos se dirige. Jesús les advierte con palabras duras que es un asunto muy serio en el que se juega la condenación eterna
Los versículos 44 y 46 repiten el 48 y hoy día se consideran un añadido posterior por lo que suele omitirse

sábado, 12 de noviembre de 2011

Mateo 25 ·31-46: Juicio Final Domingo XXXIV A Jesucristo Rey del Universo

Tercera parábola del capítulo 25 sobre el final de los tiempos, que hemos meditado en los tres últimos domingos. Con este domingo concluye el año litúrgico.
Nos encontramos unidas dos narraciones paralelas:
- la primera habla del "Hijo del Hombre", las naciones, el pastor, las ovejas y los cabritos. (vv 31-33)
- la segunda habla del "Rey", de su Padre, la eternidad, los justos, los malditos, los más pequeños, castigo, vida.
Son paralelas en que ambas hablan de los situados a la derecha y a la izquierda y de un juicio. (vv 34-46).
Los juzgados son "las naciones", es decir, todos los hombres. Es un juicio universal.
La sentencia favorable o contraria es dada de acuerdo con unos comportamientos de atención con los "hermanos más pequeños" del Rey (v 40 y 45). En este evangelio Jesús llama hermanos suyos a sus discípulos: "Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano" (12,50). En el mismo sentido, Mateo en su evangelio designa con la palabra "hermano" a los miembros de la comunidad cristiana (como en 7, 3-5).
La sentencia del juicio se establece, pues, en relación al "servicio" (palabra que la liturgia traduce por "asistencia" v 44) dado a los cristianos "más pequeños", esto es, a los cristianos en situación de fragilidad (hambre, sed, emigración, desnudez, enfermedad, prisión: v 35-36 y 42-43). Ya en 18, 6 advierte contra el comportamiento del que "escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí". Los que le prestan servicio son llamados "justos", es decir, personas que practican la "justicia", o sea, personas que cumplen la voluntad de Dios.
Jesús se identifica con estos cristianos vulnerables (v. 40 y 45), como ya lo hiciera anteriormente en 18, 5, como también se ha identificado con los enviados a misionar que pasan dificultad (10,40).

jueves, 23 de junio de 2011

A Corpus Juan 6 · 51-58 "Habita en mí y yo en él"

Jesús está en Cafarnaúm, en su sinagoga (v. 59). Está interpelando a la élite judía (v. 41).
Todo comenzó cuando hizo el signo de dar a comer a más de cinco mil personas con cinco panes (vv. 5-13).
Desde entonces le persiguen, pero Jesús les invita a que busquen el alimento que les da la vida eterna (v. 27); para ello han de creer en Él (v. 29). La élite judía le exige para eso una prueba, como Dios que en el desierto les dio el maná, un pan bajado del cielo (vv. 30-31). Jesús les dice que Él es el nuevo Pan bajado del cielo (v. 35 y otros después donde lo repite). Y ahí surge el conflicto, porque la élite empieza a comentar entre sÍ que ellos conocen a su padre y a su madre, que por tanto no han descendido del cielo como prentende hacerles creer (vv. 42-43). Les cuesta aceptar la encarnación del Hijo de Dios, el hecho de que naciera de mujer: "La Palabra se hizo carne" (1, 14).
En el trozo que se lee en el Corpus, la cosa se complica, porque Jesús va más allá y no sólo se presente como alimento de vida eterna, como podría ser su mensaje, sino que ahora presenta su humanidad -su carne- como ese alimento (v. 51), con lo que hace escandalizar a sus oyentes (v. 52). Pero Jesús no sólo insiste, sino que además dice que el alimento de vida eterna está en su Pasión y Muerte -en su carne y sangre-, aún por suceder (v. 53), profundizando aún más en el misterio de su encarnación.
Insiste en los verbos comer-beber, que es asimilarse con él (v. 56). Eso da la vida eterna, y no como el anterior pan bajado del cielo, el maná, que sólo servía para la vida mortal (vv. 57-58).

jueves, 19 de mayo de 2011

Acceder al Padre: Juan 14, 1-12 Domingo Pascua 5º - Ciclo A

Es un trozo de un largo discurso de Jesús que termina para dirigirse al huerto de los Olivos (capítulo 18)
El contexto es la última cena, donde ha hecho el gesto de lavar los pies a sus discípulos. Tan pronto como Judas abandona la sala para entregarlo, Jesús empieza a hablar.
Durante su intervención, le interrumpen Pedro, al que predice su triple negación, Felipe y Tomás, con preguntas que entran dentro del texto seleccionado por la liturgia, y Judas no-Iscariote, en el versículo 22.
Tomando pie de sus preguntas, como una catequesis, Jesús les responde tratando de fortalecer la fe y el ánimo de sus discípulos, no sólo de sus apóstoles, sino también de los lectores originarios del evangelio de Juan.
Habla de su partida hacia el Padre, asegurándoles que luego sus discípulos se unirán a él. Usa las imágenes de un hogar con muchas habitaciones, donde vive el Padre.
Habla de la relación con su Padre, que es de total identificación, de modo que en Él se muestra la verdad del Padre, por lo que los discípulos llegarán al Padre sólo a través de Jesús, que ha mostrado qué camino seguir.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La Palabra ha acampado entre nosotros. Juan 1, 1-18. Domingo II de Navidad

Juan comienza su evangelio con un himno a Jesucristo, complejo de entender. Es la misma lectura que se hizo el día de Navidad.
El himno habla del "logos" que se ha traducido por "verbo", o "proyecto", o -como en este caso- "palabra". El logos es Jesucristo.
El himno comienza con las mismas palabras que el Génesis, lo que indica que Juan se refiere a la creación. En el Génesis Dios creó la vida con su "palabra": Por medio de la Palabra se hizo todo (v. 3). Para Juan, esa "palabra" es su Hijo; por eso dice que la "palabra" contiene vida: En la Palabra había vida (4)
Hasta que la "Palabra" se hizo de nuestra "carne", el mundo vivía en las tinieblas, y no era capaz por tanto de poseer la vida: la tiniebla no la recibió. Ahora esa "Palabra" se nos ha manifestado y al iluminarnos nos da acceso a la vida, si creemos en ella: a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre (12)
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miércoles, 22 de septiembre de 2010

C Domingo 26º Lucas 16, 19-31 La riqueza y la vida eterna

Mismo capítulo y mismo tema que el domingo anterior: la gestión de la riqueza.
La historia del pobre Lázaro y del anónimo rico (que no dice que se llame Epulón) es más compleja de lo que aparenta. Trata diversos asuntos:
1. Las consecuencias eternas que tiene la relación con la riqueza. La historia da una justificación compensatoria: "recuerda que recibiste tus bienes en vida".
2. Lo decisivo que resulta escuchar la Palabra de Dios (la ley y los profetas) para la salvación. Ninguna señal cambiará el corazón de la persona que no quiere escuchar.
3. Al final se alude a la resurrección de los muertos, una cuestión controvertida en aquellos tiempos. Seguramente se refiera a la de Jesucristo y cómo ésta no va a provocar la fe en quien no quiere aceptar la revelación de Dios.

miércoles, 7 de julio de 2010

C Domingo 15º Lucas 10, 25-37 Qué hacer para tener la vida

Continuamos el mismo capítulo del domingo anterior. Es un diálogo sobre la vida eterna entre una "maestro de la Ley" -que actúa como un alumno- y Jesús -que actúa como un maestro-.
Tiene dos partes. El conjunto empieza con la pregunta sobre qué hacer (que el letrado hace para comprobar la sabiduría de Jesús), y cada parte termina con el imperativo de Jesús "haz": "haz esto y vivirás" (28) y "haz tú lo mismo". El mensaje del Evangelio se centra en el comportamiento, en ello se centra la última pregunta de Jesús:
"¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo?". En esa misma línea, llama la atención la minuciosidad con que se narra el comportamiento del samaritano con el herido: cada cosa que hace.
Ambas partes sigue el mismo esquema didáctico: intenciones del letrado - pregunta del letrado - contrapregunta de Jesús - respuesta del letrado -confirmación de Jesús. En la segunda parte se narra una parábola -única de Lucas- que introduce la contrapregunta.
En la primera cuestión el mismo "maestro de la Ley" se responde combinando dos citas de la Biblia (Deut. 6,5 y Lev. 19,18) sobre el amor a Dios y al prójimo, camino para tener la vida. Jesús con su respuesta muestra que en la Biblia se encuentra la fuente de la vida eterna.
Con la segunda cuestión, sobre quién es el prójimo, el doctor en la Ley quiere hacer ver que su primera pregunta es compleja y no queda resuelta con las citas anteriores sobre el amor.
En la parábola de Jesús se da una buena imagen del samaritano, al contrario que la que tienen sus paisanos y la demostrada hace un par de domingos cuando no quisieron recibir a Jesús. Al escoger a alguien mal visto, frente a la buena fama del sacerdote y levita, Jesús hace caer en la cuenta que para tener vida eterna no vale  la buena imagen, la opinión de la gente, sino lo que se hace con las obras. Lo que anda es juego no son las teorías (quién es mi prójimo) sino la práctica (quién se hizo prójimo).