Mismo capítulo que el domingo pasado. Jesús continúa su enseñanza sobre la oración: antes insitió en la constancia, ahora en la humildad. Lo ilustra contrastando la oración de un fariseo y la de un publicano.
Los primeros lectores de este evangelio tenían una buena imagen de los fariseos, personas muy comprometidas con su fe, y una mala de los publicanos, al menos entre los pudientes, que se veían afectados por su actividad de recaudadores de aduanas; al contrario que los lectores actuales de Lucas. que tenemos una visión negativa de los fariseos y no así de los publicanos, lo que afecta a nuestro modo de entender el evangelio: con este cambio de perspectiva, la parábola de Jesús pierde fuerza.
Ellos se mantienen a distancia entre sí, de modo que el fariseo no pierdese la pureza ritual que el publicano podría haber perdido en su contacto con los enseres de su trabajo. La liturgia ha escogido una traducción (el publicano se quedó atrás) que puede dar lugar a una mala interpretación.
Ambos se encuentran en el templo en una de las dos oración públicas del día.
Sus oraciones se diferencian por la postura corporal (erguido el fariseo, con la vista baja el publicano); por los gestos (el publicano se golpea el pecho, algo inusual en la plegaria del varón judío) y por las palabras, excepto en una coincidencia: El fariseo incluye al publicano en un listado de pecadores (junto a ladrones, injustos y adúlteros), y el publicano reconoce que lo es. Mientras el fariseo da gracias por ser cómo es, el publicano pide compasión.
El fariseo se justifica a sí mismo ("se tenía por justo", dice Lucas) con su currículum: ayuna y da el diez por ciento de sus bienes, superando en ambas cosas lo exigido por el Antiguo Testamento. El publicano no puede justificarse ante Dios, pero -según Jesús- Dios le justifica, mientras que no lo hace con el fariseo.
La lección se resume en la frase final, que repite lo dicho por María en el Magnificat (Lucas 1, 52)
Comentarios bíblicos, notas de exégesis, a los Evangelios de la liturgia del Domingo de la Iglesia católica romana
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martes, 22 de octubre de 2013
miércoles, 2 de octubre de 2013
C Domingo 27º Lucas 17, 5-10 La fe y el servicio humilde a Dios
Jesús se dirige a sus discípulos con cuatro enseñanzas. Las dos primeras
quedan fuera del texto litúrgico (17,1-4). La tercera trata sobre la
fe. La cuarta sobre la humildad en el cumplimiento del deber. Esta
última sólo viene en Lucas:
Los "Apóstoles" (los Doce para Lucas), piden al Señor que les aumente/robustezca la fe/confianza/fidelidad.
Jesús les responde que bastaría que su lealtad fuera ínfima (como el diminuto grano de mostaza) para que el poder de Dios actuara en ellos (pone un ejemplo estrambótico para llamar la atención: que un arbusto con tantas raíces como la morera -no tanto el sicómoro por el que se suele traducir-, se trasplantase al mar). Esta comparación viene también en Mateo, en Marcos y en Pablo, aunque ellos hablan de mover una montaña: "aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy" (1 Cor 13, 2)
A continuación, Jesús cuenta una parábola sobre un esclavo, que existía comúnmente en aquel tiempo, tanto en el país de Jesús como en el mundo greco-romano. Ninguno de los Apóstoles tenía una casa con esclavos, así que el evangelista se inspira en los ricos de su comunidad. El esclavo no podía reclamar ninguna recompensa ni agradecimiento por la realización de su deber.
Termina aplicando la parábola a la relación con Dios. Los creyente han de cumplir lo mandado por Dios sin esperar nada por su servicio; simplemente es lo que tienen que hacer,son " a los que no se le debe nada" (es el significado -expresado en el mismo texto- de lo que suele traducir por "siervos inútiles", o "pobres siervos", o "simples siervos"). Jesús mismo se presenta como "siervo de Dios"
Los "Apóstoles" (los Doce para Lucas), piden al Señor que les aumente/robustezca la fe/confianza/fidelidad.
Jesús les responde que bastaría que su lealtad fuera ínfima (como el diminuto grano de mostaza) para que el poder de Dios actuara en ellos (pone un ejemplo estrambótico para llamar la atención: que un arbusto con tantas raíces como la morera -no tanto el sicómoro por el que se suele traducir-, se trasplantase al mar). Esta comparación viene también en Mateo, en Marcos y en Pablo, aunque ellos hablan de mover una montaña: "aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy" (1 Cor 13, 2)
A continuación, Jesús cuenta una parábola sobre un esclavo, que existía comúnmente en aquel tiempo, tanto en el país de Jesús como en el mundo greco-romano. Ninguno de los Apóstoles tenía una casa con esclavos, así que el evangelista se inspira en los ricos de su comunidad. El esclavo no podía reclamar ninguna recompensa ni agradecimiento por la realización de su deber.
Termina aplicando la parábola a la relación con Dios. Los creyente han de cumplir lo mandado por Dios sin esperar nada por su servicio; simplemente es lo que tienen que hacer,son " a los que no se le debe nada" (es el significado -expresado en el mismo texto- de lo que suele traducir por "siervos inútiles", o "pobres siervos", o "simples siervos"). Jesús mismo se presenta como "siervo de Dios"
jueves, 27 de octubre de 2011
Cátedra desacreditada: Mateo 23 ·1-12 Domingo XXXI A
Puede que la "cátedra" fuese una silla física en las sinagogas, pero aquí tiene un sentido figurado: se refiere a la autoridad de la enseñanza de Moisés, considerado el dador de la "Ley", de la que son continuadores los "escribas" y los fariseos.
Seguramente cuando Jesús ordena "haced lo que os dicen" tales autoridades, se refiere al contenido de la "Ley", y no a otras enseñanzas que son desautorizadas por el mismo Jesús en diversas partes de este evangelio, y en este mismo párrafo, donde las califica de "fardos pesados".
Jesús hace una muy dura crítica a estas autoridades que parece reflejar más bien las relaciones de la comunidad cristiana a la que escribe Mateo y las autoridades judías de su tiempo. En tal caso, el evangelista le estaría invitando a "cortar" con los escribas y fariseos, salvando la "Ley", de la que ya había avisado que no se puede saltar ni una tilde.
De ahí que prohíba reconocer cualquier autoridad a los mismos: no son ni los "maestros", ni los "guías", ni "los padres" (no se refiere el texto a los padres de familia, sino a quien se le reconoce autoridad con ese título).
Y afianza en la comunidad fraterna -de "hermanos"- la única autoridad de Jesús, el "Maestro" y el "Guia", y del "Padre" único, el suyo.
El mal de la autoridades judías es su hipocresía, "no hacen lo que dicen", junto a la soberbia; frente a la que propone la coherencia y la humildad: Dios (que no es nombrado expresamente pero al que se sobreentiende) humillará al que se ensalce y ensalzará al que se humille.
Seguramente cuando Jesús ordena "haced lo que os dicen" tales autoridades, se refiere al contenido de la "Ley", y no a otras enseñanzas que son desautorizadas por el mismo Jesús en diversas partes de este evangelio, y en este mismo párrafo, donde las califica de "fardos pesados".
Jesús hace una muy dura crítica a estas autoridades que parece reflejar más bien las relaciones de la comunidad cristiana a la que escribe Mateo y las autoridades judías de su tiempo. En tal caso, el evangelista le estaría invitando a "cortar" con los escribas y fariseos, salvando la "Ley", de la que ya había avisado que no se puede saltar ni una tilde.
De ahí que prohíba reconocer cualquier autoridad a los mismos: no son ni los "maestros", ni los "guías", ni "los padres" (no se refiere el texto a los padres de familia, sino a quien se le reconoce autoridad con ese título).
Y afianza en la comunidad fraterna -de "hermanos"- la única autoridad de Jesús, el "Maestro" y el "Guia", y del "Padre" único, el suyo.
El mal de la autoridades judías es su hipocresía, "no hacen lo que dicen", junto a la soberbia; frente a la que propone la coherencia y la humildad: Dios (que no es nombrado expresamente pero al que se sobreentiende) humillará al que se ensalce y ensalzará al que se humille.
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