La gente parece tener buena opinión de Jesús, pues lo comparan con algunos de los profetas.
Pedro -a quien va dirigida la pregunta- se
muestra como aparece como portavoz del grupo. Su respuesta es aparentemente lúcida; sin embargo,
hay diferentes modos de concebir cómo era el Mesías (es decir, el
Enviado de Dios, el Cristo) ¿Se ajusta a Jesús la idea que tiene Pedro
sobre el Mesías?
Marcos
suele advertir que Jesús manda callar cuando alguien le reconoce como
Mesías o como Hijo de Dios. Tal vez para evitar que le identificaran con
otras concepciones acerca del Mesías, Jesús
explica "con toda claridad" su camino mesiánico. Identifica su ser de
Mesías con la figura del Siervo de Yavé que dibuja el profeta Isaías (50, 4-9; 52,13-53,12)
Pedro increpa a Jesús porque el
camino de Siervo que ha anunciado no coincide con las expectativas que tiene él de
cómo debe actuar un Mesías . Los discípulos, con Pedro al
frente, seguramente participan del
mentalidad común en la época que esperan un Mesías político, aunque eso no lo especifica el texto.
Jesús no se deja manipular por Pedro. Le llama "Adversario" (Satanás).
En
el relato se contraponen dos mentalidades, la de Dios y la de su
Adversario (Satanás), sobre el perfil del Enviado (Mesías). Jesús
participa de la primera y Pedro de la segunda. El camino de Dios no es
el que creían los discípulos.
Entonces, Jesús pide a sus discípulos "negarse a sí, cargar con su cruz", es decir, renunciar la
mentalidad contraria a Dios (negarse) y asumir las consecuencias (cargar
con su cruz), e "ir con él y seguirlo" en la aceptación del camino de
Dios.
Seguir el camino de Dios en Jesús es "perder su vida por el
Evangelio", como ha anunciado, lo cual se traducirá en salvarla; y así
sucederá a sus discípulos. En cambio, quien siga los pensamientos
mesiánicos de Pedro y su grupo, con la idea de un Mesías que "salva su
vida", en realidad "la perderá".
Comentarios bíblicos, notas de exégesis, a los Evangelios de la liturgia del Domingo de la Iglesia católica romana
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sábado, 7 de septiembre de 2024
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Perdona de corazón - Mateo 18,21-35 - Domingo 24 - Ciclo A
Pedro pregunta a Jesús cuántas veces ha de perdonar. Simbólicamente usa el número siete, para indicar una cantidad colmada de perdón. En Génesis 4 se usa el mismo significado del número, aunque para la acción contraria al perdón: Dios avisa que Caín será vengado siete veces si alguien le hace daño.
Jesús responde con una multiplicación simbólica para indicar que siempre se ha de perdonar. En Génesis 4 Laméc indica que se vengará setenta veces de quien le haga daño.
Jesús lo ilustra con una semejanza en la que la enseñanza viene al final de la historia, con una advertencia muy dura: Dios Padre retirará su perdón a aquel que no perdone de corazón (es decir, de verdad) a su hermano.
En la historia que cuenta no podemos hacer semejanzas en cada cosas: Dios no se comporta como el rey, excepto en lo que indica la enseñanza final.
La narración habla de una deuda de diez mil talentos y otra de cien denarios. En Mateo se dice que un denario era el jornal de un trabajador del campo; así que la deudaa era bastante importante, unos cuatro meses de jornal. Pero el talento era la moneda de plata, la de más valor, por lo que tal deuda es una cantidad completamente desorbitada. Eso nos enseña lo mucho que Dios nos perdona y lo relativamente poco que cada uno ha de perdonar a su hermano.
Jesús responde con una multiplicación simbólica para indicar que siempre se ha de perdonar. En Génesis 4 Laméc indica que se vengará setenta veces de quien le haga daño.
Jesús lo ilustra con una semejanza en la que la enseñanza viene al final de la historia, con una advertencia muy dura: Dios Padre retirará su perdón a aquel que no perdone de corazón (es decir, de verdad) a su hermano.
En la historia que cuenta no podemos hacer semejanzas en cada cosas: Dios no se comporta como el rey, excepto en lo que indica la enseñanza final.
La narración habla de una deuda de diez mil talentos y otra de cien denarios. En Mateo se dice que un denario era el jornal de un trabajador del campo; así que la deudaa era bastante importante, unos cuatro meses de jornal. Pero el talento era la moneda de plata, la de más valor, por lo que tal deuda es una cantidad completamente desorbitada. Eso nos enseña lo mucho que Dios nos perdona y lo relativamente poco que cada uno ha de perdonar a su hermano.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
C Domingo 24º Lucas 15, 1-32 Parábolas de Misericordia
Estamos en el que, para muchos, es el corazón del evangelio de Lucas. Este capítulo ha sido ya comentado en Cuaresma. Puedes leerlo aquí.
Nos detenemos en algún detalle de las dos primeras parábolas (las de obligada lectura este domingo -no así la tercera).
Son paralelas, protagonizadas por un hombre y una mujer respectivamente, algo que Lucas acostumbra a hacer.
Ambas parábolas comparan la alegría de un pastor o de una mujer que encuentran lo perdido a la alegría del cielo por un pecador que se convieten. Tal alegría es más grande que la de consevar lo que ya se tiene: las 99 ovejas restantes, las nueve ovejas restantes así como los justos que no necesitan conversión.
A pesar de que la conclusión habla de conversión, ésta no sucede en las historias. Las historias habla de la actividad del pastor o de la mujer -que representan a Dios o a Jesús-, sus esfuerzos denodados por encontrar lo perdido, pero no se muestra ninguna actividad de la oveja perdida ni, por supuesto, de la moneda perdida. Tampoco la historia muestra el perderse como un mal moral, como sería el pecado.
Por tanto, estas parábolas nos muestran sobre todo cómo es Dios con los pecadores y -más que hablar de lo que debe hacer el pecador para convertirse- muestra cuál debe ser el comportamiento de los justos (en este caso de los escribas y fariseos, en último término de los lectores): la de alegrarse.
Nos detenemos en algún detalle de las dos primeras parábolas (las de obligada lectura este domingo -no así la tercera).
Son paralelas, protagonizadas por un hombre y una mujer respectivamente, algo que Lucas acostumbra a hacer.
Ambas parábolas comparan la alegría de un pastor o de una mujer que encuentran lo perdido a la alegría del cielo por un pecador que se convieten. Tal alegría es más grande que la de consevar lo que ya se tiene: las 99 ovejas restantes, las nueve ovejas restantes así como los justos que no necesitan conversión.
A pesar de que la conclusión habla de conversión, ésta no sucede en las historias. Las historias habla de la actividad del pastor o de la mujer -que representan a Dios o a Jesús-, sus esfuerzos denodados por encontrar lo perdido, pero no se muestra ninguna actividad de la oveja perdida ni, por supuesto, de la moneda perdida. Tampoco la historia muestra el perderse como un mal moral, como sería el pecado.
Por tanto, estas parábolas nos muestran sobre todo cómo es Dios con los pecadores y -más que hablar de lo que debe hacer el pecador para convertirse- muestra cuál debe ser el comportamiento de los justos (en este caso de los escribas y fariseos, en último término de los lectores): la de alegrarse.
martes, 15 de septiembre de 2009
24º domingo de tiempo ordinario Marcos 8, 27-35
Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos:
- "¿Quién dice la gente que soy yo?"
Ellos le contestaron:
"Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas."
Por lo que dicen, la gente tiene buena opinión de Jesús, pues lo comparan con algunos de los profetas.
Él les preguntó:
- "Y vosotros, ¿quién decís que soy?"
Pedro le contestó:
- "Tú eres el Mesías."
Pedro aparece como portavoz del grupo -a quien iba dirigida la pregunta-; se muestra como líder. Su respuesta es aparentemente lúcida; sin embargo, hay diferentes modos de concebir cómo era el Mesías (es decir, el Enviado de Dios, el Cristo) ¿Se ajusta a Jesús la idea que tiene Pedro sobre el Mesías?
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Marcos suele advertir que Jesús manda callar cuando alguien le reconoce como Mesías o como Hijo de Dios. Tal vez para evitar que le identificaran con otras concepciones acerca del Mesías.
Y empezó a instruirlos:
- "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días."
Se lo explicaba con toda claridad.
Jesús explica "con toda claridad" su camino mesiánico. Identifica su ser de Mesías con la figura del Siervo de Yavé que dibuja el profeta Isaías.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo.
El lugar es importante: un "aparte". Pedro increpa a Jesús porque el camino de Siervo que ha previsto no coincide con las expectativas de cómo debe actuar un Mesías que tiene Pedro. Los discípulos, con Pedro al frente, seguramente (no lo especifica el texto) participan del mentalidad común en la época que esperan un Mesías político.
Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro:
- "¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!"
Jesús no se deja manipular por Pedro. Le llama "Adversario" (Satanás).
En el relato se contraponen dos mentalidades, la de Dios y la de su Adversario (Satanás), sobre el perfil del Enviado (Mesías). Jesús participa de la primera y Pedro de la segunda. El camino de Dios no es el que creían los discípulos.
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo:
- "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará."
Jesús les pide "negarse a sí, cargar con su cruz", es decir, renunciar la mentalidad contraria a Dios (negarse) y asumir las consecuencias (cargar con su cruz), e "irse con él y seguirlo" en la aceptación del camino de Dios.
Seguir el camino de Dios en Jesús es "perder su vida por el Evangelio", como ha anunciado, lo cual se traducirá en salvarla; y así sucederá a sus discípulos. En cambio, quien siga los pensamientos mesiánicos de Pedro y su grupo, con la idea de un Mesías que "salva su vida", en realidad "la perderá".
- "¿Quién dice la gente que soy yo?"
Ellos le contestaron:
"Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas."
Por lo que dicen, la gente tiene buena opinión de Jesús, pues lo comparan con algunos de los profetas.
Él les preguntó:
- "Y vosotros, ¿quién decís que soy?"
Pedro le contestó:
- "Tú eres el Mesías."
Pedro aparece como portavoz del grupo -a quien iba dirigida la pregunta-; se muestra como líder. Su respuesta es aparentemente lúcida; sin embargo, hay diferentes modos de concebir cómo era el Mesías (es decir, el Enviado de Dios, el Cristo) ¿Se ajusta a Jesús la idea que tiene Pedro sobre el Mesías?
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Marcos suele advertir que Jesús manda callar cuando alguien le reconoce como Mesías o como Hijo de Dios. Tal vez para evitar que le identificaran con otras concepciones acerca del Mesías.
Y empezó a instruirlos:
- "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días."
Se lo explicaba con toda claridad.
Jesús explica "con toda claridad" su camino mesiánico. Identifica su ser de Mesías con la figura del Siervo de Yavé que dibuja el profeta Isaías.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo.
El lugar es importante: un "aparte". Pedro increpa a Jesús porque el camino de Siervo que ha previsto no coincide con las expectativas de cómo debe actuar un Mesías que tiene Pedro. Los discípulos, con Pedro al frente, seguramente (no lo especifica el texto) participan del mentalidad común en la época que esperan un Mesías político.
Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro:
- "¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!"
Jesús no se deja manipular por Pedro. Le llama "Adversario" (Satanás).
En el relato se contraponen dos mentalidades, la de Dios y la de su Adversario (Satanás), sobre el perfil del Enviado (Mesías). Jesús participa de la primera y Pedro de la segunda. El camino de Dios no es el que creían los discípulos.
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo:
- "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará."
Jesús les pide "negarse a sí, cargar con su cruz", es decir, renunciar la mentalidad contraria a Dios (negarse) y asumir las consecuencias (cargar con su cruz), e "irse con él y seguirlo" en la aceptación del camino de Dios.
Seguir el camino de Dios en Jesús es "perder su vida por el Evangelio", como ha anunciado, lo cual se traducirá en salvarla; y así sucederá a sus discípulos. En cambio, quien siga los pensamientos mesiánicos de Pedro y su grupo, con la idea de un Mesías que "salva su vida", en realidad "la perderá".
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