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miércoles, 1 de mayo de 2024

B Pascua 6º - Juan 15 · 9-17 El amor de Jesús y el amor mutuo

Es un trozo de un largo discurso de Jesús que termina para dirigirse al huerto de los Olivos (capítulo 18)
El contexto es la última cena, donde ha hecho el gesto de lavar los pies a sus discípulos (capítulo 13).
Está usan la comparación de la vid y los sarmiento. Esta perícopa es la continuación de la leída el domingo pasado: B Pascua 5º - Juan 15 ·1-8 Vid y sarmientos. Sigue hablando, como entonces, de "permanecer" como el sarmiento en la vida, para dar "fruto".

Además, introduce el tema del amor, en específico, por el amor de amistad. Jesús ama a sus discípulos como el Padre le ama a él. Es un amor que da la vida por sus amigos, siendo sus amigo sus discípulos, pues así los ha hecho al compartirles la revelación. Esa revelación colma de alegría a los discípulos, con la alegría de Jesús.

Jesús espera que sus discípulos quieran permanecer en él, que sean sus amigos, lo que se muestra en el cumplimiento de lo mandado por Él. Lo que Jesús manda a sus discípulos es que vivan su amor entre ellos. Vivir el amor mutuo parece ser el fruto propio del sarmiento unido a la vid.

 




lunes, 22 de abril de 2024

B Pascua 5º - Juan 15 ·1-8 Vid y sarmientos

Es un trozo de un largo discurso de Jesús que termina para dirigirse al huerto de los Olivos (capítulo 18)
El contexto es la última cena, donde ha hecho el gesto de lavar los pies a sus discípulos (capítulo 13).
En esta parte usa la comparación de la vid, de cuyo tronco -la cepa- nacen las tiernas y largas ramas llamadas sarmientos, que dan las hojas y los racimos de uvas. Estas ramas se usaban también para encender hogueras, una vez cortadas y secas. En el país de Jesús abundan las viñas.
Jesús se identifica con la vid y a sus discípulos con los sarmientos. La comparación expresa la unidad entre Jesucristo y sus discípulos; como lo muestra el hecho de que desde el versículo 4 al diez de este capítulo 15 aparece 9 veces la palabra "permanecer".
Los efectos de la permanencia de los discípulos con Jesús son los mismos que la de los sarmientos con la vid: mientras permanecen unidos, dan fruto; cuando son cortados, se usan para el fuego. La palabra "fruto" sale seis veces desde el versículo 2 al 8, señal de su importancia; Juan enlaza el hecho de dar fruto al de ser discípulos (v. 8)

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El Hijo del dueño: Mateo 21·33-43 - Domingo XXVII - A

Sigue el símbolo de la viña de los dos domingos anteriores.
Sigue el enfrentamiento con las autoridades judías del domingo anterior.
Cuenta la historia de la salvación: cómo Dios envía profetas que son maltratados, y cómo envía a su Hijo que es matado.
Consecuencia: Dios arrendará su viña a otros que den los frutos a su tiempo (alusión al salmo 1). Es decir, se la quita a esta autoridades judías y se la entrega a la naciente Iglesia: un mensaje clarificador de Mateo a su comunidad que tiene fuertes conflictos con los fariseos (entonces los dirigentes judíos, tras la caída del Templo en el año 70).
Al final cambia de símbolo y se va al de la piedra. Conecta así con la reciente "purificación" del Templo realizada por Jesús. El Hijo enviado y matado es la piedra desechada por los arquitectos (las autoridades) pero que ahora es la piedra angular (del nuevo pueblo, la Iglesia), imagen calcada del salmo 118. Esta transformación es obra del Padre, del dueño de la viña

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Los dos hijos: Mateo 21·28-32 - Domingo XXVI - A

 La parábola de este domingo usa la misma imagen que la del domingo pasado: el dueño de una viña que manda trabajadores a su viña.
Sin embargo, hemos dado un salto cualitativo dentro del desarrollo del evangelio de Mateo, pasando del capítulo 20 al 21.
En medio de las dos parábolas han sucedido acontecimientos tan importantes como la entrada de Jesús en Jerusalén montado en un pollino y la expulsión de los vendedores del Templo.
Ante esta última acción de Jesús, los dirigentes judíos le reclaman: "¿Con qué autoridad haces esto?". En vez de responder, Jesús les lanza una pregunta relativa al bautismo de Juan, si era de carácter divino o humano.
Justo a continuación viene esta parábola, que en su contexto continúa la denuncia que Jesús hace de los dirigentes judíos y su defensa de Juan Bautista. La clave de la interpretación que el evangelista da a la parábola está en el último versículo que se lee: "Vino Juan a vosotros enseñándoo el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeyron".
Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo son pues como el hijo que dice al padre que va a trabajar a su viña pero luego no va, pues no han recapacitado ante el mensaje de Juan y de Jesús; en cambio los publicanos y las prostitutas, que son como el hijo que ha contestado negativamente al mandato del padre por la vida que llevan, pero luego sí han ido a trabajar a la viña, pues sí han aceptado el anuncio de Juan y de Jesús, y por tanto han cambiado de vida.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Lo que es justo según el que es bueno Mateo 20,1-16 - Domingo XXV - Ciclo A

Jesús propone una historia enmarcada en dos sentencias iguales: "muchos primeros serán últimos, y últimos, primeros" (19,30 y 20,16). Esa es pues la enseñanza.
La historia compara el reino de Dios a unos jornaleros contratados a distintas horas del día para trabajar en una viña.
El dueño, que reflejaría algo del proceder de Dios, ajusta con los primeros un salario de un denario -la moneda romana básica-, con los segundos "lo que sea justo", mientras que con los posteriores no concreta.
El lector, y los trabajadores, pensarán que "lo justo" para los segundo -que es lo acordado-, sería lo proporcional según el tiempo trabajado al denario ajustado con los que trabajan todo el día. Para los demás trabajadores debemos pensar la misma "justicia".
Pero el dueño de la viña no procede con esa justicia, sino con una "igualitaria", que provoca las quejas de los primeros contratados.  El dueño les responder que ellos han recibido lo estipulado, con lo cual no se les hace ningún daño, y a los demás les ha entregado "lo justo" según el entender de quien se considera "bueno".
En la historia precedente, la que conocemos por la del "joven rico", Jesús declara que el "bueno" es Dios: "¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios" (19,17).
La justicia del que es el Bueno es diferente de la nuestra.
El dueños de la viña a su vez hace ver la actitud que se esconde tras la reacción de los primeros: su envida (literalmente "tu ojo malo", 20,15 b)