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jueves, 13 de agosto de 2026

A 20 Mt 15, 21 - 28 Jesús alaba la fe de una mujer pagana

San Mateo recrea una historia que copia a San Marcos 7, 24-30 (un texto que no viene en la liturgia de su ciclo). De ella, repite el refrán judío que ponen en boca de Jesús: "No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros", muestra del desprecio que sentían hacia los que no compartían su fe. Los evangelistas suavizan la expresión con la que llaman a los paganos, poniéndola en diminutivo: "perritos". La referencia al pan nos hace conectar con la multiplicación de panes realizada por Jesús hace dos domingos: ya ha sido ofrecido a los hijos; pero los hijos, representados por los fariseos, han rechazado el pan de Jesús, como muestran los versículos primeros del capítulo 15, que la liturgia se ha saltado respecto al domingo pasado.

Jesús está caminando, no en una casa como en san Marcos, cuando se presenta la mujer pagana -cananea-. Entonces san Mateo crea una tensión con tres negativas de Jesús: primera, no contesta a los gritos de la mujer que va tras ellos; segunda, se niega a ceder cuando sus discípulos interceden por ella; y tercera, se niega con el refrán dicho cuando ella se pone delante de Él y se postra.

En sus gritos, la mujer lo llama "Señor Hijo de David", lo cual implica reconocer en Jesús al Mesías esperado, descendiente del rey David.

En la segunda negativa, Jesús se excusa afirmando que «solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Aunque ya ha curado a un pagano antes, el criado de un centurión romano en Cafarnaúm (capítulo 8), es cierto que da el mismo criterio cuando envía a sus Apóstoles, cinco capítulos antes: "No vayan a regiones paganas... vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel” (10,5-6). Criterio que Jesús cambia tras su resurrección: "Jesús se acercó a ellos y les dijo: Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced mis discípulos a todos los habitantes del mundo" (28, 18-19).

En la tercera negativa, en ambos evangelistas la mujer replica a Jesús: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos», y es entonces cuando es curada su hija. Ante esta respuesta, san Mateo introduce un comentario de Jesús que no viene en san Marcos: «Mujer, qué grande es tu fe». ¿En qué ve Jesús esa grandeza de la fe de la cananea? Es difícil determinarlo, pero se corresponde con la alabanza que hizo al otro pagano, el centurión de Cafarnaúm: "De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe" (8,10). Tampoco en los versículos precedentes encontró fe en los fariseos, como tampoco la tuvo san Pedro en el evangelio del domingo pasado, cuando Jesús tiene que sacarlo del agua a la vez que le dice: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?» (14,31). Las dos súplicas que había recibido Jesús eran similares: «Señor, sálvame» cuando san Pedro se hundía en el agua (14,30) y el «Señor, ayúdame» de la pagana; pero distintas las calificaciones que recibe la fe de cada uno por parte de Jesús.

viernes, 7 de agosto de 2026

A 19 Mateo 14, 13 - 21 ¿Por qué has dudado?

 Este es un relato complejo, con muchas imágenes bíblicas, que responde a las dudas de la comunidad de san Mateo sobre la presencia de Dios debido a las dificultades que están experimentando (no hay que confundir la escena de hoy con una situación similar en el lago, donde Jesús está dentro de la barca dormido y la barca está a punto de hundirse.. En el evangelio, las dificultades están simbolizadas en el viento en contra que tienen los discípulos para remar (viento que no siente Jesús en el monte donde está orando), así como la oscuridad que les rodea al ser de noche, oscuridad que sienten los discípulos en su interior y les hace dudar, y también las olas de las aguas, que en la Biblia representa el caos, el mal que les afecta. 

San Mateo sigue el relato original de san Marcos 6,45-52. Pero introduce dos novedades importantes: el diálogo entre Jesús y Pedro respecto a andar sobre las aguas, que es exclusivo de este evangelista -él suele resaltar la figura de san Pedro-, y un final modificado, donde Jesús es reconocido como Hijo de Dios por los discípulos, mientras san Marcos solo dice que "ellos estaban en el colmo del estupor".

Cuando Jesús se acerca a ellos andando sobre las aguas, algo que solo hace Dios en la Biblia, mostrándose así como Dios, ya es la madrugada, fin de la oscuridad y comienzo de la claridad, tanto exterior como la interior de los discípulos. Jesús les infunde valor y les dice "Yo soy", que hace referencia a la identidad de Dios manifestada en el Antiguo Testamento. Su entrada en la barca hace que el viento, la dificultad, amaine, lo que hace que los discípulos adoren a Jesús mientras confiesan: «Realmente eres Hijo de Dios», que hasta ahora solo lo ha dicho la voz que se oyó en su bautismo.

Cuando Jesús llega andando sobre las aguas, los discípulos gritan asustados porque creen ver un fantasma, siendo extraño que no le reconozcan porque han estado con Él hace solo unas horas y el aspecto de Jesús no ha cambiado; pero sí habitual en los relatos de las apariciones del Resucitado, donde tampoco le reconocen y a veces también creen que es un fantasma. Eso indica que san Mateo está hablando de la presencia del Resucitado en la Iglesia, representada por la barca de los discípulos.

El encuentro entre Jesús y san Pedro representa las dudas de todo creyente cuando afronta dificultades que le superan, que lo convierte en "hombre de poca fe", como llama a Pedro, y en la que es afrontado a sus vacilaciones: "¿Por qué has dudado?". Pedro, en su falta de fe, cree ver un fantasma con la vista, pero con su oído sí oye la voz del Señor y hace lo que le dice, lo que le capacita para andar sobre las aguas como Él, algo que nunca había hecho un ser humano en la Biblia. De nuevo, cuando deja de escuchar la Palabra y se centra en su visión, vuelve a tener miedo al ver la fuerza del viento, la fuerza de la dificultad, y empieza a hundirse. Pero el Señor sigue estando ahí, y ante su súplica de salvación, lo libra de las aguas (algo extraño porque san Pedro, que es pescador, sabe nadar, lo cual indica el sentido simbólico del relato).

El relato es una invitación a la confianza en la presencia del Señor en medio de las dificultades, aún cuando no se le perciba: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

 

miércoles, 7 de agosto de 2024

B 19º Marcos 6 · 41-51 El Padre atrae a la fe en el Pan vivo bajado del cielo

 El domingo pasado empezó Jesús el llamado "discurso del pan de vida", tras multiplicar el pan el domingo anterior. Hoy continúa su diálogo con los judíos -saltándonos los versículos 36-40-, que se prolongará los dos próximos domingos.

En sus palabras previas, Jesús se identifica con el pan bajado del cielo. Los judíos arguyen que conocen a su padre y a su madre, lo llaman "hijo de José", y que, por tanto, no es verdad que haya bajado del cielo. Ellos no pueden creer lo anunciado por el evangelista en el prólogo: "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Juan 1, 14).

El domingo pasado, ya Jesús incitó a la fe en Él: «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado» (v. 29). En la perícopa de hoy, ante las resistencias a la fe, vuelve a llamar a ella: "el que cree tiene vida eterna".

La fe es presentada como un don del Padre: "Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado". Escuchar a Dios -el Padre- conlleva creer en Jesucristo: "Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí".

Más aún, solo creyendo en Jesús se puede conocer a Dios: "No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ése ha visto al Padre", y ése que "está junto a Dios" es Jesús, "el Verbo que se hizo carne": "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios" (Juan 1,1) . Solo Jesús, ha visto a Dios Padre y solo Él nos lo puede conocer, como ya enseñó el evangelista en el prólogo: "A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer" (Juan 1, 18)

El fruto de la fe en Jesús es la vida eterna: "el que cree tiene vida eterna", "yo lo resucitaré en el último día".

En esta perspectiva de la vida eterna, Jesús aquí se presenta como "el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre", a diferencia del maná que los padres de los judíos "comieron en el desierto y murieron". El pan vivo es el mismo Jesús, su persona, "el Verbo se hizo carne".

Es lo último que declara Jesús en esta perícopa y que escandalizará a los judíos: "el pan que yo daré es mi carne". Con este mismo versículo comienza el evangelio del próximo domingo.