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lunes, 26 de agosto de 2024

B 22º Marcos 7 · 1-8. 14-15. 21-23 Mandamiento de Dios y preceptos humanos

 Tras la incursión en el capítulo 6º del evangelio de Juan, este domingo se reanuda la lectura del evangelista de este ciclo B, san Marcos. Nos encontramos en el capítulo siguiente a donde se dejó hace cinco domingos, el séptimo. La liturgia nos presenta tres trozos de este capítulo, saltándose seis versículos entre uno y otro.

Jesús y sus discípulos acaban de llegar a la comarca de Genesaret (6,53), cerca de Cafarnaúm, en Galilea, al norte de Palestina. Ahí se presentan unos fariseos y unos escribas venidos de Jerusalén, en Judea, al sur de Palestina.

El problema surge cuando éstos ven que "algunos discípulos (de Jesús) comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos" (v. 2). Para ellos, no es sólo una cuestión de higiene, sino de pureza (un tema frecuente en este evangelio): «¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?» (v. 5).

Jesús sienta cátedra al respecto: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre» (v. 15). Lo que se vive en el corazón es lo que determina que una persona sea pura o impura, siendo el corazón para ellos la sede de las decisiones, no como para nosotros la sede de los sentimientos: lo que la persona decide vivir es lo que determina su santidad.

Además, Jesús aprovecha para denunciar a los escribas y fariseos en una perversión de su relación con Dios: «Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres» (v. 8). Les aplica una cita del profeta Isaías:  “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos” (Isaías 29,13).

Es una grava acusación, porque la relación con Dios es solo aparente ("con los labios", no con "su corazón"), es "un culto vacío", dejan de lado su voluntad, su mandamiento; en cambio, bajo esa apariencia de algo de Dios (una cuestión de "impureza") , en realidad están "aferrados" a preceptos y tradiciones que no vienen de Dios (como la cuestión del lavado de manos -Jesús pone otros ejemplos en este capítulo que no salen en la lectura de la misa-), sino que han sido establecidas por los hombres.

En la primera lectura de la misa, Dios exige que se cumplan sus mandatos sin quitar ni añadir nada: "No añadáis nada a lo que yo os mando ni suprimáis nada" (Deuteronomio 4, 2)

martes, 25 de marzo de 2014

A Cuaresma 4º Juan 9, 1-41 El ciego de nacimiento

Esta catequesis de la Luz forma un tríptico bautismal con la del Agua y la de la Vida (cap. 4 y 11).
El contexto es de una fuerte persecución contra Jesús, como se indica en los versículos previos:
"Entonces tomaron piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo" (8, 59). No se amedrenta y proclama: "Mientras sea de día, nos es necesario hacer las obras del que me envió" (v. 4). Realiza una curación que aumenta la tensión con los fariseos, quienes expulsan al curado de la comunidad judía. Al enfrentarse a Jesús nos dan la clave de este capítulo:
"Al oír esto, algunos de los fariseos que estaban con él le preguntaron: «¿Acaso también nosotros somos ciegos?» Jesús les respondió: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado; pero ahora, como dicen que ven, su pecado permanece.»" (vv. 40-41)
 Por tanto, la ceguera de la que se trata no es tanto una cuestión física, sino el empecinamiento en no reconocer a Jesús, al que llaman pecador, a pesar del signo mesiánico que realiza (ya anunciado por Isaías 35, 4-5:"he aquí que vuestro Dios viene con venganza, con retribución; Dios mismo, Él vendrá y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos"), y en su frenesí pretenden negar la evidencia, intentando demostrar que el curado no había sido ciego, y al no conseguirlo lo eliminan de las relaciones sociales.
En cambio, el curado se muestra fiel hasta el extremo a Aquel que le ha hecho ver, por lo que termina en una confesión de fe en el Hijo de Dios: "él dijo: «Creo, Señor.» Y lo adoró" (v. 38)

miércoles, 4 de diciembre de 2013

A - Adviento 2º Mateo 3, 1-12 Juan Bautista

La forma de vestir de Juan el Bautista es como la del gran profeta Elías (ver 2 Reyes1,8), presentándolo así como un profeta de esa línea. Más tarde, Jesús lo corrobora al decir que Juan era el Elías que esperaban que volviera (Mateo11, 14).
La presentación de Juan como profeta se completa al mostrarlo como el anunciado por el profeta Isaías en 40,3 cuyo texto reproduce el evangelista.
Como tantos profetas, Juan predica en el desierto. El tono de su mensaje es apocalíptico, ya que anuncia un castigo inminente por lo que urge al arrepentimiento. Jesús es, según Juan, el que realizará tal juicio, al decir que él separa la paja del grano. Sin embargo, el mensaje de Jesús nos siempre se adecua a ese perfil, ya que aconseja dejar crecer el trigo y la cizaña juntos en13, 24-30.
A los que confiesan sus pecados, Juan los bautiza con agua. Él mismo anuncia la novedad del bautismo de Jesús que infunde el Espíritu Santo.
Entre los que acuden a él se encuentran fariseos y saduceos, futuros adversarios de Jesús.

martes, 22 de octubre de 2013

C Domingo 30º Lucas 18, 9-14 Orar con humildad

Mismo capítulo que el domingo pasado. Jesús continúa su enseñanza sobre la oración: antes insitió en la constancia, ahora en la humildad. Lo ilustra contrastando la oración de un fariseo y la de un publicano.
Los primeros lectores de este evangelio tenían una buena imagen de los fariseos, personas muy comprometidas con su fe, y una mala de los publicanos, al menos entre los pudientes, que se veían afectados por su actividad de recaudadores de aduanas; al contrario que los lectores actuales de Lucas. que tenemos una visión negativa de los fariseos y no así de los publicanos, lo que afecta a nuestro modo de entender el evangelio: con este cambio de perspectiva, la parábola de Jesús pierde fuerza.

Ellos se mantienen a distancia entre sí, de modo que el fariseo no pierdese la pureza ritual que el publicano podría haber perdido en su contacto con los enseres de su trabajo. La liturgia ha escogido una traducción (el publicano se quedó atrás) que puede dar lugar a una mala interpretación.
Ambos se encuentran en el templo en una de las dos oración públicas del día.
Sus oraciones se diferencian por la postura corporal (erguido el fariseo, con la vista baja el publicano); por los gestos (el publicano se golpea el pecho, algo inusual en la plegaria del varón judío) y por las palabras, excepto en una coincidencia: El fariseo incluye al publicano en un listado de pecadores (junto a ladrones, injustos y adúlteros), y el publicano reconoce que lo es. Mientras el fariseo da gracias por ser cómo es, el publicano pide compasión.
El fariseo se justifica a sí mismo ("se tenía por justo", dice Lucas) con su currículum: ayuna y da el diez por ciento de sus bienes, superando en ambas cosas lo exigido por el Antiguo Testamento. El publicano no puede justificarse ante Dios, pero -según Jesús- Dios le justifica, mientras que no lo hace con el fariseo.
La lección se resume en la frase final, que repite lo dicho por María en el Magnificat (Lucas 1, 52)

jueves, 27 de octubre de 2011

Cátedra desacreditada: Mateo 23 ·1-12 Domingo XXXI A

Puede que la "cátedra" fuese una silla física en las sinagogas, pero aquí tiene un sentido figurado: se refiere a la autoridad de la enseñanza de Moisés, considerado el dador de la "Ley", de la que son continuadores los "escribas" y los fariseos.
Seguramente cuando Jesús ordena "haced lo que os dicen" tales autoridades, se refiere al contenido de la "Ley", y no a otras enseñanzas que son desautorizadas por el mismo Jesús en diversas partes de este evangelio, y en este mismo párrafo, donde las califica de "fardos pesados".
Jesús hace una muy dura crítica a estas autoridades que parece reflejar más bien las relaciones de la comunidad cristiana a la que escribe Mateo y las autoridades judías de su tiempo. En tal caso, el evangelista le estaría invitando a "cortar" con los escribas y fariseos, salvando la "Ley", de la que ya había avisado que no se puede saltar ni una tilde.
De ahí que prohíba reconocer cualquier autoridad a los mismos: no son ni los "maestros", ni los "guías", ni "los padres" (no se refiere el texto a los padres de familia, sino a quien se le reconoce autoridad con ese título).
Y afianza en la comunidad fraterna -de "hermanos"- la única autoridad de Jesús, el "Maestro" y el "Guia", y del "Padre" único, el suyo.
El mal de la autoridades judías es su hipocresía, "no hacen lo que dicen", junto a la soberbia; frente a la que propone la coherencia y la humildad: Dios (que no es nombrado expresamente pero al que se sobreentiende) humillará al que se ensalce y ensalzará al que se humille.

miércoles, 19 de octubre de 2011

A 30º Mateo 22 · 34-40 El doble mandamiento

Las autoridades judías someten "a prueba" (22,35) a Jesús con tres preguntas relativas a la Ley de Dios (la "Torá").
La primera se la plantean unos enviados de los fariseos aliados con los herodianos: ¿Es lícito [según la Ley] dar impuesto al César?  (22,17). La vimos el domingo pasado.
La segunda se la plantean los saduceos sobre de quién será mujer una resucitada que se casó y enviudó siete veces (22,28).
La tercera la proponen hoy los fariseos por boca de un "experto en la Ley" (22,35): "¿Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?
Debido a las respuestas de Jesús a estas preguntas -y una de contraofensiva que les hace Jesús a ellos-, "desde aquel día nadie se atrevió ya a hacerles preguntas" (22,46)

La Torá contiene más de seiscientos mandamientos: 613. ¿Cuál es el grande?
Jesús responde uniendo dos mandamientos y sentenciando que "de ellos penden toda la Torá y los Profetas" (22,40), o sea, toda la Palabra de Dios. En 7,12 ya había identificado "la Torá y los Profetas" con la llamada "regla de oro".
Los mandamientos elegidos por Jesús están en dos libros de la Torá: el primero en Deuteronomio 6,4-5 y forma parte del párrafo llamado "Shemá" y que los judíos como Jesús recitan todos los días; el segundo está en 19,18 y forma parte de una sección que detalla los comportamientos sociales queridos por Dios. Ya otros maestros de la Ley anteriores a Jesús habían hecho la misma selección: el amor a Dios y el amor al prójimo.
La medida del amor que se ha de tener a Dios es la "totalidad", con la totalidad de la existencia: con "todo" el corazón, con "toda" el alma y con "toda" la mente (22, 37). Aquí es el único lugar donde Mateo emplea la palabra "mente" (en su lugar la Torá que cita usa el término "fuerzas").
La medida del amor que se ha de tener al prójimos es "uno mismo" (22,39): como te amas "a ti mismo". Medida ya dictada en la "regla de oro" (7,12)

jueves, 13 de octubre de 2011

¿Por qué me tentais?: Mateo 22,15-21 Domingo XXXIX A

La cuestión de los impuestos cobrados por los ocupantes ya la abordó Mateo en  17,24. Allí Jesús se mostró contrario a ellos ("Los hijos están exentos" v. 26) pero opta por un comportamiento no beligerante ("Para que no ofendamos... toma la moneda y dásela por ti y por mi" v.27).
A la cuestión planteada ahora ("¿Es lícito pagar impuesto al César?"), Jesús responde con una conocida frase que cada uno la usa dándole distintas interpretaciones: "Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". (Ver interpretación en "Al César lo del César a Dios lo de Dios", desde los textos de Mateo y Lucas)
Para comprender mejor lo que Jesús dice hay que ajustarse a la pregunta: "¿Es lícito?" cuestiona si está de acuerdo con la Palabra de Dios o no. Es algo que la comunidad cristiana a la que escribe Mateo tiene que resolver: si está de acuerdo con el Evangelio de Jesucristo el honrar  con el pago de impuestos a un emperador, en este caso Tiberio. que se fue proclamado "César".
Además, el evangelista presenta la pregunta como una trampa urdida por los fariseos contra Jesús y puesta no directamente por ellos sino por sus discípulos aliados con los partidarios de Herodes. Por tanto, en su respuesta Jesús no se puede limitar a enseñar, sino tiene que evitar ser atrapado, objetivo que logra ("Al oír esto se maravillaron y, dejándolo, se fueron" v. 22 que la liturgia no incluye en la lectura).
Con esta perícopa, los lectores originales de Mateo comprendieron que podían pagar los impuestos del imperio sin que eso significasen que estuvieran dando al emperador una honra que sólo corresponde al Señor Jesús y a su Padre.

jueves, 12 de mayo de 2011

Mucha vida Juan 10, 1-10 Domingo Pascua 4º - Ciclo A

Nuestro texto empieza en mitad de una intervención de Jesús. Está hablando a unas autoridades judías que han expulsado al ciego que curó (capítulo 9), entre los que destacan los fariseos (9,40).
Jesús, después de decirles que permanecen en su pecado (9,41), les llama ladrones, que roban, matan y hacen estragos en el pueblo.
En cambio él da vida al pueblo, lo salva y le proporciona alimento (pastos), porque es su pastor. En parte del texto se identifica no con el pastor, sino con la puerta del redil, con el mismo fin.
Los profetas (Jeremías 23, Ezequiel 34...) usaban la imagen del pastor para referirse a la acción del rey con el pueblo. Los profetas acusan al rey de haber llevado al pueblo a la ruina, y anuncia que Dios mismo va a ser el pastor (el rey) del pueblo, y que va a enviar un nuevo pastor (rey). Jesús se proclama aquí ese enviado, ese mesías o cristo.

Esta escena conecta de Jesús-pastor conecta con su acción en el templo (capítulo 2) donde desmonta el negocio con los animales que iban a ser sacrificados. También con el último capítulo, donde manda a Pedro que apaciente sus ovejas.
Cuando termina de hablar, las autoridades judías se dividen: unos piensan que lo que dicen es propio de un endemoniado, otros dicen que no podría curar a un ciego de nacimiento si fuese así. (10, 19-21)

miércoles, 9 de febrero de 2011

El plus de la justicia cristiana Mateo 5, 17-37. Domingo 6º del ciclo A

Existe en la liturgia una versión abreviada de este largo texto, que seguimos en este breve comentario.
La perícopa se compone de una introducción que da el criterio a seguir, seguida de cuatros ejemplos (aunque en Mateo el evangelio sigue con más ejemplos que veremos el domingo que viene, seis en total, todos referidos a las relaciones con los demás).
El criterio dice así en la versión litúrgica: "Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entrareis en el reino de los cielos". ¿"Mejores" en qué? El texto original griego sí lo dice, y las traducciones habituales de los biblias también: "Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos...". Ciertamente, lo que nosotros entendemos por "justicia" no es lo que quiere decir el texto original. Esa término lo dijo Jesús cuando quería ser bautizado y Juan se resistía a hacerlo: "es necesario que cumplamos toda justicia" y posteriormente en las bienaventuranzas, la de "tener hambre y sed de justicia" y "ser perseguido a causa de la justicia". La idea de fondo es que el proceder de uno debe corresponder con el de Dios.
Pone como baremo a los escribas y fariseos, que eran considerados los más cumplidores, luego es un nivel alto el que pide. En caso de no alcanzarse, no sen entra en el Reino, lo contrario a los que, según dijo Jesús hace un par de domingos, responden al perfil de las bienaventuranzas, de los cuales es el reino de los cielos.
A continuación pone ejemplos, que sigue siempre el mismo esquema: "Habéis oído" (donde cita algún madamiento) - "Pero yo os digo" (el baremos de la "mayor justicia") - a veces seguido de concreciones posibles.
Los cuatro de este domingo se refieren a la ira, a la sinceridad, y dos al respeto a la mujer casada.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

C Domingo 24º Lucas 15, 1-32 Parábolas de Misericordia

Estamos en el que, para muchos, es el corazón del evangelio de Lucas. Este capítulo ha sido ya comentado en Cuaresma. Puedes leerlo aquí.
Nos detenemos en algún detalle de las dos primeras parábolas (las de obligada lectura este domingo -no así la tercera).
Son paralelas, protagonizadas por un hombre y una mujer respectivamente, algo que Lucas acostumbra a hacer.
Ambas parábolas comparan la alegría de un pastor o de una mujer que encuentran lo perdido a la alegría del cielo por un pecador que se convieten. Tal alegría es más grande que la de consevar lo que ya se tiene: las 99 ovejas restantes, las nueve ovejas restantes así como los justos que no necesitan conversión.
A pesar de que la conclusión habla de conversión, ésta no sucede en las historias. Las historias habla de la actividad del pastor o de la mujer -que representan a Dios o a Jesús-, sus esfuerzos denodados por encontrar lo perdido, pero no se muestra ninguna actividad de la oveja perdida ni, por supuesto, de la moneda perdida. Tampoco la historia muestra el perderse como un mal moral, como sería el pecado.
Por tanto, estas parábolas nos muestran sobre todo cómo es Dios con los pecadores y -más que hablar de lo que debe hacer el pecador para convertirse- muestra cuál debe ser el comportamiento de los justos (en este caso de los escribas y fariseos, en último término de los lectores): la de alegrarse.

miércoles, 9 de junio de 2010

C Domingo 11º Lucas 7,36 - 8,3 La pecadora perdonada

Nos encontramos con un relato y un sumario (éste no es de lectura obligada en la misa). Ambos protagonizados por mujeres, lo que resulta llamativo en aquella sociedad.
No sabemos quién es la anónima mujer "pecadora" del relato (no hay dato alguno para suponer que sea María Magdalena, la cual sí es nombrada en el sumario). También desconocemos su pecado (no necesariamente ha de ser prostituta, como se suele dar por sentado).
Las acciones que la mujer realiza con Jesús (soltarse el pelo, ungir y besar sus pies) sí pueden dar lugar a equívocas interpretaciones por parte de los comensales.
El relato presenta dos modos de ver un mismo hecho y de considerar a una persona: el del fariseo y el de Jesús. Simón ve a una pecadora y Jesús a una mujer agradecida a Dios. Se lo explica con una parábola de la que el mismo fariseo saca la conclusión: ama más a quien más se le perdona.
Resultan difíciles de leer los versículos posteriores, sobre todo el 47 que la liturgia traduce así: "Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor". Si se entiende que se perdona a la mujer a causa del amor que ha mostrado antes, entonces se contradice con la parábola. Pero se puede entender: Porque está mostrando mucho amor podemos decir que ha sido perdonada en mucho.
En este caso, persiste la dificultad a continuación, pues Jesús le dice que sus pecados están perdonados. ¿Es una constatación de que ha sido perdonada por Dios? Los convidados interpretarn que Jesús la está perdonando, y lo hace después de mostrar su amor.
Lo importante es que ven que Jesús se arroga la capacidad de perdonar, algo que sólo puede hacer Dios -mostrándose así como Dios-, y por ello se preguntan: ¿Quién es éste?

miércoles, 17 de marzo de 2010

C Domingo Cuaresma 5º - Jn 8, 1-11 La adúltera

Pasaje impropio de Juan, introducido forzadamente en este evangelio. Su temática conecta más con Lucas; tiene reminiscencias de su escena 7,38 ss.
El drama se centra en Jesús, a quien los escribas y fariseos le tienden una trampa cuando estaba enseñando -sentado como un Maestro- en el Templo. El ardid es una mujer detenida en "flagrante adulterio" (siendo así ¿por qué no ha sido detenido también el adúltero?).
En Lv 20,10 y Dt 22, 24 está castigado con la lapidación -a ambos, no sólo a la mujer-, práctica entonces en desuso.
Jesús no puede contradecir la Ley de Dios, pero tampoco hacer que apedreen a la mujer. Todos a los que enseñaba están también pendientes de su situación sin salida.
No se puede determinar qué incidencia tiene lo que hacía con el dedo en el suelo ¿una sentencia al modo de ciertos tribunales romanos?

miércoles, 10 de marzo de 2010

C Domingo Cuaresma 4º - Lc 15, 1-3. 11-32 El hijo pródigo

Este capítulo, central en Lucas, expone un comportamiento de Jesús que a continuación justifica con tres parábolas (en la liturgia dominical sólo se lee la tercera).
Los judíos más piadosos (escribas y fariseos) critican Jesús que coma con los judíos más perdidos (cobradores de impuestos -o publicanos- y pecadores), como ya hicieran en 5, 29. En esa sociedad, compartir la comida era una ceremonia muy importante, que identificaba socialmente (en el capítulo anterior 14, 7-14 el mismo Jesús da normas a sus discípulos sobre cómo proceder en ellas). Las invitaciones que hace Jesús son muy llamativas y escandalosas.
Lucas explica en tres parábolas que Dios se alegra de encontrar lo perdido, como el pastor a la oveja, la mujer a la moneda, y el padre a uno de sus dos hijos, siendo las dos últimas propias de él. Identifica a los publicanos y pecadores con los perdidos.
La novedad de la tercera es el papel del primogénito, que no participa de esa alegría, negándose a participar de la comida preparada por el padre. Más que a los escribas y fariseos (que propiamente nunca aceptaron a Jesús), Lucas se refiere a los cristianos que se consideran justos por sus acciones.
Ambos hijos esperaban que el menor recibiera su "merecido", por lo que a los dos les sorprende la inusual reacción del padre.

lunes, 18 de agosto de 2008

¿POR QUÉ ES GRANDE LA FE DE LA MUJER CANANEA?

¿En qué alaba Jesús la fe de la mujer cananea?

Mateo 15, 28 no lo aclara:
- ¡Mujer, qué grande es tu fe! Que te suceda lo que pides.

La cananea -que no pertenece al pueblo de Israel- es alabada en público por su fe por el mismo Jesús. Mateo nos presenta así una modelo de creyente.
Contrasta con las duras palabras que Jesús acaba de pronunciar contra los fariseos en 15, 13:
- Son ciegos, guía de ciegos.
En Marcos 7,8 -antes del episodio de esta mujer-, tras llamarles hipócritas les dice a los fariseos:
- Vosotros dejáis a un lado el mandamiento de Dios y os aferráis a la tradición de los hombres.
Pero, ¿en qué ha apreciado Jesús la grandeza de la fe de esta mujer? Sin saberlo es imposible tomarla como modelo.

En 15,26 aún la llama "perrillo", diminutivo de "perro", expresión con la que los judíos se referían a estos extranjeros; aún no es alabada.
Sólo queda el verso 27 donde se encuentra la réplica de la anónima mujer:
- Eso es cierto, Señor, pero también los perrillos comen las migajas que caen de las mesas de sus amos.
Ciertamente ocurrente, pero ¿es muestra de grandeza de fe?

Eso parece si seguimos la versión de Marcos 7,29 en que Jesús responde:
- Por haber hablado así, vete, que el demonio ha salido de tu hija.
No alaba explícitamente la fe de la pagana, pero realiza el exorcismo de su hija, como le había pedido, a causa de estas palabras, idéntica a la versión de Mateo;
- Es cierto, Señor, pero también los perrillos, debajo de la mesa, comen las migajas de los niños.

¿Alaba a la mujer por su humillación, al aceptar ser considerada "perrillo", aún cuando el diminutivo suponga una dulcificación del calificativo? En este caso podríamos relacionar humildad y fe. ¿Pero es humildad o desprecio la calificación como perrillo? La intención de los judíos al llamarlos perros era despectiva. Tal humillación no puede ser calificada de humildad, ni relacionada con la fe.

¿Alaba a la pagana por su insistencia, al no rendirse a pesar de las negativas de Jesús?
En Marcos Jesús se opone tan sólo una vez en 7,27:
- Deja que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos.
Por tanto, la mujer sólo insiste una vez.
Mateo en cambio presenta esta negativa de Jesús en 15, 26 y dos más.
La primera en el verso 23: "Jesús no le respondió nada".
La segunda en el verso 24, después de sus discípulos intercedieran por ella:
- Dios me ha enviado sólo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
(En esta frase el Jesús que nos presenta Mateo define claramente su misión).
Por tanto, según Mateo hay una triple negación de Jesús (tal vez podría relacionarse con el significado que tenía entonces una triple declaración), ante la cual no se rinde la mujer. Aquí sí podría ser alabada por su insistencia, en una súplica persistente en la fe. Y es justo Mateo quién explicita la alabanza de Jesús por la fe de la mujer.
Sin embargo, no cuadra con la versión de Marcos, que quedaría sin explicación, siendo originariamente un mismo relato: ¿en razón de qué concedió Jesús exorcizar a su hija?

¿Alaba a la mujer por sus expresiones de reconocimiento?
En Mateo 15,22 llama a Jesús "Hijo de David";
en el mismo verso y en el 25 y el 27 le llama "Señor" - y en Marcos en 7,28- (aunque no sabemos en qué sentido, si reconociéndolo como Dios);
en el verso 25 (en 7,25 en Marcos) se postra ante Jesús.
Sin embargo, tales expresiones están desde el comienzo del relato, a pesar de las cuales Jesús desatiende su súplica. No parece que se deba a ellas.

Lo cierto es que pone a una mujer pagana como modelo de fe justo después de descalificar la fe de los fariseos.

sábado, 17 de mayo de 2008

TENER O NO TENER

Jesús pregunta por dos veces en el evangelio de Marcos:
- ¿Cuántas cestas llenas de sobras recogisteis? (en 8, 19.20)

Destaco que las cestas estaban "llenas". Y han sido colmadas con las "sobras" de las comidas que tuvieron.
Eso es importante: comieron hasta "hartarse", y había comida de "sobra", sobras con las que vario cestos fueron "llenos".

Se nos habla de hartura, de abundancia y sobreabundancia.

Ahora veamos el origen de esas cestas "llenas" de lo que "sobra". Esto está interesante.

Todo empieza cuando Jesús y los suyos se encuentran en un despoblado con mucha gente que "no tienen" qué comer (eso se dice en 6, 36 y en 8,1). Destaco la carencia: "no tienen".

Y aún viene algo más destacable: los discípulos "no tienen" de dónde sacar algo de comida (ver 6,37 y 8,4). Al menos eso es lo que ellos dicen: no tienen dinero, no tienen de dónde sacar pan.
Según el modo de mirar las cosas por parte de ellos, la carencia no tiene solución.

Y ahora viene lo realmente importante: Jesús enseña a mirar la realidad de otro modo. Le pide a sus discípulos que "comprueben" la realidad: "Id a ver"(6,38). Para Jesús la cuestión es "ver" (en 8,17 les dirá "¿teniendo ojos no veis?").
Jesús les pide datos concretos: ¿ Cuánto tenéis ? (lo pregunta tanto en 6,38 como en 8,5).


Frente al "no-tenemos" de los discípulos, Jesús les conmina a "ir a ver" y les reclama el "sí-tenemos".
Porque efectiva sí hay: 5 panes y 2 peces la primera vez, y 7 panes la segunda (6,38 y 8,5). Ciertamente, parece una cantidad despreciable como para dar de comer a una multitud, pero ahí está el juego de Jesús.
Jesús regañará a sus discípulos por estar centrados en lo que no tienen: ¿ Por qué comentáis "no tenemos panes" ? (8,17). Les recrimina porque se fijan en la carencia: no tienen comida, no tenemos dinero, no tenemos pan. Y se quedan ahí: como no tenemos no hay nada que hacer.

Jesús enseña a "mirar" lo que sí hay en la realidad y en lo que sí es posible hacer. En ambos casos los discípulos comprueban que hay 7 unidades de alimentos (el siete es señal de plenitud). Con esos siete alimentos, Jesús da de comer a la multitud hasta hartarse, y con las sobras llena varios cestos.
Antes, Jesús se había conmovido al ver la multitud que "no tiene" pastor (carencia), y hace lo posible: hace de pastor, enseñándole muchas cosas (6,34).

Los discípulos habían despreciado lo que sí había, los siete alimentos, como los fariseos desprecian lo que Jesús hace y piden lo que no hay: una acción espectacular (8,12). También se fijan en la carencia.

Así Jesús enseña a afrontar la realidad con una visión más positiva y creativa.