Es el mismo evangelio que la solemnidad de San Pedro y San Pablo, si bien aquel se corta un versículo antes.
Esta perícopa del evangelio de Mateo es
bastante compleja. Para San Mateo marca un antes y un después en la
actividad de Jesús y en su relación con los discípulos.
Jesús evalúa la
percepción que se tiene de él. En primer lugar, pregunta por
la opinión de la gente. La gente le tiene por profeta, unos por Juan
Bautista (como Herodes, que en Mc 6,16 dice de Jesús: "Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado"),
otros que Elías -que no murió sino que fue arrebatado a las nubes y
cuya vuelta se esperaba-, otros que Jeremías -sin que se sepa la razón
(en el paralelo de Mc 8, 28 no aparece)-, u otro profeta.
En
segundo lugar, pregunta por la opinión de sus discípulos. Solo contesta
Simón-Pedro (es la única vez que se le designa por su nombre y su apodo
juntos), constituyéndose en portavoz del grupo, lo que muestra su
liderazgo. Jesús había preguntado por la opinión sobre "el Hijo del
Hombre" y Pedro dice que "el Hijo de Dios", el Mesías esperado. Esta
respuesta recibe la felicitación de Jesús, no tanto por su acierto, sino
porque no es fruto de su propio conocimiento, sino que le ha sido
revelado por el Padre.
Entonces Jesús decide fundar la Iglesia: "sobre esta piedra edificaré mi Iglesia".
Históricamente, el grupo de los creyentes en Jesucristo comenzaron
siendo una corriente dentro de la religión judía, sólo más tarde, por la
animadversión de sus correligionarios, el grupo acabó separándose del
judaísmo y tomando conciencia de ser un pueblo aparte.
Afirma que su Iglesia supera el límite de la muerte: es lo que quiere decir la expresión "el poder del infierno no la derrotará", pues "infierno" aquí traduce el "Hades", que es el lugar de los muertos. Es llamativo, porque hasta entonces nada ha superado ese límite.
Sorprende
que Jesús llame a Simón "Piedra". En la Biblia, la Roca es Dios, y en
el Nuevo Testamento, la Piedra angular es Jesús, así que causa extrañeza
que Simón sea llamado del mismo modo. Comoquiera, significa que san
Pedro tiene una misión especial en la Iglesia de Jesucristo.
A
continuación Jesús despliega las dimensiones de la misión de Pedro en la
Iglesia: posee las llaves del Reino, y tiene poder de atar y desatar.
La
imagen de tener las llaves viene del Antiguo Testamento, donde el rey
confiaba las llaves de palacio a un elegido, que podía dar acceso o no a
los demás (Is 22,22: "Pongo sobre sus hombros | la llave del palacio de David: | abrirá y nadie cerrará; | cerrará y nadie abrirá").
De ahí se deduce la importancia que se le está concediendo a San Pedro
en este texto. ¿Con qué significado? En el mundo rabínico se entiende
como el poder de dar acceso o no a las Escrituras: los rabinos, con su
conocimiento de la Biblia, podían interpretar correctamente la Palabra
para que la gente lo entendieran, es decir, tenían la llave para abrir
su comprensión. Jesús les criticará en Mt 23,13 que cierren el acceso a
la Palabra a la gente: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos
hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis
vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren." (En el paralelo de Lc 11:52 mencionan explícitamente las llaves: "¡Ay de vosotros,
maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia:
vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis
impedido!"). Como en la imagen de la Roca, también esta imagen se refiere a Jesús en otro texto del Nuevo Testamento (Ap 3,7).
A
quien posee la llave se le supone el poder de abrir/cerrar, pero Jesús
cambia la imagen y habla de atar/desatar. Es una imagen conocida en el
mundo rabínico, con el doble sentido de permitir o prohibir, en paralelo
con abrir/cerrar.