Este texto es la continuación del evangelio del domingo pasado.
Lucas nos recuerda que Jesús está en camino a Jerusalén -a su pasión, muerte y resurrección-, que comenzó en 9,51 y al que aún le queda un capítulo más. Al comienzo de su viaje, los samaritanos se negaron a acoger a Jesús.
Ahora se encuentra con una decena de leprosos, que según la Ley eran impuros y debían vivir apartados (Levítico 13, 45-46). Por eso, no se acercan a Jesús sino que le hablan a gritos manteniendo la distancia. Le reconocen como Maestro. Usan una expresión de piedad con que la que los judíos solían dirigirse a Dios.
Jesús les manda a presentarse al sacerdote que tiene que verificar que están curados y declararlos puros (Lev 13), "como si" ya estuviesen curados. Los leprosos muestran una confianza en el poder de Jesús pues le obedecen, cuando aún padecen la enfermedad; y quedan sanos mientras van de camino.
Al verse sanos nueve de ellos continúan su camino hacia el sacerdote, para ser declarados puros, mientras que uno abandona a los demás y se vuelve dando gloria a Dios a gritos.
Al llegar a Jesús se postra a sus pies, sin guardar ya distancias, y le da las gracias, reconociendo en él así un mediador de Dios, al menos.
Jesús desvela que el que ha vuelto es un no-judío, precisamente un samaratino, mientras que los demás no le han dado las gracias. La actitud del samaratino hace que obtenga no solo la salud corporal sino también la salvación.
Comentarios bíblicos, notas de exégesis, a los Evangelios de la liturgia del Domingo de la Iglesia católica romana
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martes, 8 de octubre de 2013
jueves, 9 de febrero de 2012
Marcos 1 ·40-45 Estar limpio - Domingo VI B
Marcos presenta este caso no tanto como la curación de una enfermedad, sino como una cuestión de pureza. Por tres veces seguidas se habla de la "limpieza": Si quieres, puedes limpiarme (la liturgia prefiere traducir "curarme" esta primera vez, aunque es el mismo término griego que las dos veces siguientes que sí traduce por "limpio" y no por "curado"); Quiero, sé limpio; Quedó limpio.
Ese proceso de "limpieza" es llamado por Jesús "purificación": ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó. [El Levítico 13,47-14,4 manda que un sacerdote certifique el final de la lepra]
La purificación va precedida por dos hechos sorprendentes: el leproso se "acerca" a Jesús, cuando debía haberse mantenido a distancia y advirtiendo a gritos de su impureza (LV 13,45); Jesús "toca" al impuro, lo que le convertiría a él en un impuro.
Aunque de otro modo, al final Jesús siente los efectos que si hubiese vuelto impuro: Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos.
Marcos dice que Jesús se "compadeció", como dirá otras dos veces. Ver: CUANDO LAS ENTRAÑAS SE TE REMUEVEN
Jesús sigue mandando silencio sobre Él. Ver: ¿POR QUÉ JESÚS OCULTA SU IDENTIDAD?
Ese proceso de "limpieza" es llamado por Jesús "purificación": ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó. [El Levítico 13,47-14,4 manda que un sacerdote certifique el final de la lepra]
La purificación va precedida por dos hechos sorprendentes: el leproso se "acerca" a Jesús, cuando debía haberse mantenido a distancia y advirtiendo a gritos de su impureza (LV 13,45); Jesús "toca" al impuro, lo que le convertiría a él en un impuro.
Aunque de otro modo, al final Jesús siente los efectos que si hubiese vuelto impuro: Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos.
Marcos dice que Jesús se "compadeció", como dirá otras dos veces. Ver: CUANDO LAS ENTRAÑAS SE TE REMUEVEN
Jesús sigue mandando silencio sobre Él. Ver: ¿POR QUÉ JESÚS OCULTA SU IDENTIDAD?
sábado, 10 de mayo de 2008
CUANDO LAS ENTRAÑAS SE TE REMUEVEN
"Se le removieron las entrañas".
Marcos nos lo cuenta dos veces en los primeros capítulos.
"Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc 6,34). Ese sintió compasión traduce ese afecto que parece nacer de las mismas entrañas.
Ve a la gente en tal estado, que se le remueven las entrañas, y no puede dejar de hacer algo - había ido allí a descansar -. Se pone a enseñarles.
Cuando se te remueven las entrañas no puedes quedarte quieto. Es una acción que te nace desde tus mismas entrañas.
Lo mismo le pasó con el leproso que le suplica de rodillas: "Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»" (Mc 1, 41)
Se le remueven las entrañas y no puede evitar extender su mano y tocarle (con lo que se "contaminaba" de impureza).
Jesús se deja afectar por la gente hasta el punto que le brota la acción en su favor.
Más tarde, en 8,2 será el mismo Jesús el que declare ese sentimiento: "Se me remueven las entrañas por la gente" ya que no habían comido, lo que de nuevo le llevará a la acción.
Marcos nos lo cuenta dos veces en los primeros capítulos.
"Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc 6,34). Ese sintió compasión traduce ese afecto que parece nacer de las mismas entrañas.
Ve a la gente en tal estado, que se le remueven las entrañas, y no puede dejar de hacer algo - había ido allí a descansar -. Se pone a enseñarles.
Cuando se te remueven las entrañas no puedes quedarte quieto. Es una acción que te nace desde tus mismas entrañas.
Lo mismo le pasó con el leproso que le suplica de rodillas: "Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»" (Mc 1, 41)
Se le remueven las entrañas y no puede evitar extender su mano y tocarle (con lo que se "contaminaba" de impureza).
Jesús se deja afectar por la gente hasta el punto que le brota la acción en su favor.
Más tarde, en 8,2 será el mismo Jesús el que declare ese sentimiento: "Se me remueven las entrañas por la gente" ya que no habían comido, lo que de nuevo le llevará a la acción.
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