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miércoles, 16 de octubre de 2013

C Domingo 29º Lucas 18, 1-8 Orar con constancia

El mensaje de esta perícopa es claro: tenemos que orar siempre sin desanimarnos (v. 1)
No es la primera vez que Jesús, en este evangelio, enseña sobre la oración. Ya en el capítulo 11 ofrece una lección.
Hoy Jesús ilustra la necesidad de constancia en la oración con una parábola, exclusiva de Lucas.
Como las mujeres no podían alzar su voz en los procesos judiciales, las que se quedaban sin hombres en el hogar no tenían forma de hacer valer sus derechos, de ahí que esta viuda acuda directamente a la casa del juez, un juez que no le importa la opinión de los demás ni la de Dios, que no tiene interés alguno en que se haga justicia.
Si la viuda indefensa consigue justicia del juez sinvergüenza es por su constancia, que es la virtud que Jesús quiere en la oración de sus discípulos.
La traducción litúrgica pone en boca del juez esta razón para hacer caso a la viuda: "no vaya a acabar pegándome en la cara". No es que el juez tema por su integridad física, sino que usa una conocida expresión pugilística para ilustrar su situación, y se refiere a las complicaciones sociales que puede acarrearle la insistencia de la viuda. La mujer indefensa ha logrado que el juez termine temiendo a los demás, cosa que en principio no le importaba.

El último verso cambia el tono de la parábola y se refiere a la última venida de Jesucristo. Está en consonancia con la perícopa anterior que habla sobre el final de los tiempos, y que la liturgia se ha saltado.
Si en la parábola considerada en sí misma "hacer justicia" significaba valer los derechos de una persona indefensa de la que otros se habían aprovechado, en el contexto en que está situado significaría entrar en el reinado de Dios.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Mateo 25 ·31-46: Juicio Final Domingo XXXIV A Jesucristo Rey del Universo

Tercera parábola del capítulo 25 sobre el final de los tiempos, que hemos meditado en los tres últimos domingos. Con este domingo concluye el año litúrgico.
Nos encontramos unidas dos narraciones paralelas:
- la primera habla del "Hijo del Hombre", las naciones, el pastor, las ovejas y los cabritos. (vv 31-33)
- la segunda habla del "Rey", de su Padre, la eternidad, los justos, los malditos, los más pequeños, castigo, vida.
Son paralelas en que ambas hablan de los situados a la derecha y a la izquierda y de un juicio. (vv 34-46).
Los juzgados son "las naciones", es decir, todos los hombres. Es un juicio universal.
La sentencia favorable o contraria es dada de acuerdo con unos comportamientos de atención con los "hermanos más pequeños" del Rey (v 40 y 45). En este evangelio Jesús llama hermanos suyos a sus discípulos: "Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano" (12,50). En el mismo sentido, Mateo en su evangelio designa con la palabra "hermano" a los miembros de la comunidad cristiana (como en 7, 3-5).
La sentencia del juicio se establece, pues, en relación al "servicio" (palabra que la liturgia traduce por "asistencia" v 44) dado a los cristianos "más pequeños", esto es, a los cristianos en situación de fragilidad (hambre, sed, emigración, desnudez, enfermedad, prisión: v 35-36 y 42-43). Ya en 18, 6 advierte contra el comportamiento del que "escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí". Los que le prestan servicio son llamados "justos", es decir, personas que practican la "justicia", o sea, personas que cumplen la voluntad de Dios.
Jesús se identifica con estos cristianos vulnerables (v. 40 y 45), como ya lo hiciera anteriormente en 18, 5, como también se ha identificado con los enviados a misionar que pasan dificultad (10,40).

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Lo que es justo según el que es bueno Mateo 20,1-16 - Domingo XXV - Ciclo A

Jesús propone una historia enmarcada en dos sentencias iguales: "muchos primeros serán últimos, y últimos, primeros" (19,30 y 20,16). Esa es pues la enseñanza.
La historia compara el reino de Dios a unos jornaleros contratados a distintas horas del día para trabajar en una viña.
El dueño, que reflejaría algo del proceder de Dios, ajusta con los primeros un salario de un denario -la moneda romana básica-, con los segundos "lo que sea justo", mientras que con los posteriores no concreta.
El lector, y los trabajadores, pensarán que "lo justo" para los segundo -que es lo acordado-, sería lo proporcional según el tiempo trabajado al denario ajustado con los que trabajan todo el día. Para los demás trabajadores debemos pensar la misma "justicia".
Pero el dueño de la viña no procede con esa justicia, sino con una "igualitaria", que provoca las quejas de los primeros contratados.  El dueño les responder que ellos han recibido lo estipulado, con lo cual no se les hace ningún daño, y a los demás les ha entregado "lo justo" según el entender de quien se considera "bueno".
En la historia precedente, la que conocemos por la del "joven rico", Jesús declara que el "bueno" es Dios: "¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios" (19,17).
La justicia del que es el Bueno es diferente de la nuestra.
El dueños de la viña a su vez hace ver la actitud que se esconde tras la reacción de los primeros: su envida (literalmente "tu ojo malo", 20,15 b)

jueves, 24 de febrero de 2011

Ante todo, la justicia del Reino: Mateo 6, 24-34. Domingo 8º del ciclo A

Damos un salto respecto al domingo pasado, dejando 6, 1-23 para Cuaresma.
El texto de hoy desarrolla el principio declarado al comienzo: No podéis servir a Dios y al dinero. "Dinero" traduce el término arameo "Mammón", que encarnaría un dios-riqueza: no se puede estar al servicio de dos dioses.
El servicio a Mammón implica vivir "agobiado" por obtener riquezas en "lucha" (el texto litúrgico traduce "busca") por conseguir cosas; en cambio el servicio a Dios da más importancia al vivir, en "lucha" por conseguir la "justicia" de su Reino, y Dios sabe qué cosas nos son imprescindibles que en su Reino quedarán garantizadas.

jueves, 17 de febrero de 2011

El plus de la justicia cristiana (II) Mateo 5, 38-48. Domingo 7º del ciclo A

Este trozo del Evangelio continúa el del domingo anterior, y termina una unidad.
Había comenzado por un criterio dado por Jesús ("si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entrareis en el reino de los cielos") y acaba con el mismo criterios formulado en positivo: "Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto". El concepto de "perfecto" en Mateo se refiere a algo que llega a su plenitud, algo que se ha completado. El modelo a imitar es Dios Padre.
Jesús sigue "llevando a plenitud" la práctica de los mandamientos. El domingo anterior vimos cuatro de ellos. Hoy se ven dos más: el de "ojo por ojo" y el de "amarás a tu prójimo" (Mateo añade: "y aborrecerás a tu enemigo", pero ese mandato no existe en la Escritura; pudiera ser un dicho que enseñaban unos a otros en tiempos de Jesús).
La ley del talión ("ojo por ojo") enseñaba la reciprocidad en la práctica de la justicia, de manera que el castigo fuese proporcional al daño infringido, con lo que se ponía límites a las venganzas. Jesús lleva más allá la reacción que debe tener el que ha sufrido daño, y propone buscar vías para desactivar la dinámica daño-venganza. Pone tres ejemplos de quien sufre humillaciones: el que es desafiado con el gesto de abofetearle en la derecha, el que es demandado para que le pague con la túnica y el que es requerido por soldado romano para llevar sus pertrechos una milla (como más adelante -27,32- Simón de Cirene será requerido para llevar la cruz de Jesús). Jesús propone no enfrentarse al que humilla, pero sí a la humillación, haciendo ridícula la misma por exageración: que desafíe por la mejilla izquierda -algo imposible-, pagar también con el manto-se quedaría desnudo en el tribunal pues es toda la ropa-, andar una milla más.
La ley de amar al prójimo la amplía al enemigo, llevando el mandato del amor a su plenitud. El modelo de ese actuar vuelve a ser Dios Padre, que nos discrimina a sus enemigos en su actuación. Actuando como el Padre nos hacemos hijos suyos. El actuar de otro modo nos asemeja al proceder de los publicanos, que se apoyaban entre sí, como lo que no seríamos "mejores que los escribas y fariseos"

miércoles, 9 de febrero de 2011

El plus de la justicia cristiana Mateo 5, 17-37. Domingo 6º del ciclo A

Existe en la liturgia una versión abreviada de este largo texto, que seguimos en este breve comentario.
La perícopa se compone de una introducción que da el criterio a seguir, seguida de cuatros ejemplos (aunque en Mateo el evangelio sigue con más ejemplos que veremos el domingo que viene, seis en total, todos referidos a las relaciones con los demás).
El criterio dice así en la versión litúrgica: "Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entrareis en el reino de los cielos". ¿"Mejores" en qué? El texto original griego sí lo dice, y las traducciones habituales de los biblias también: "Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos...". Ciertamente, lo que nosotros entendemos por "justicia" no es lo que quiere decir el texto original. Esa término lo dijo Jesús cuando quería ser bautizado y Juan se resistía a hacerlo: "es necesario que cumplamos toda justicia" y posteriormente en las bienaventuranzas, la de "tener hambre y sed de justicia" y "ser perseguido a causa de la justicia". La idea de fondo es que el proceder de uno debe corresponder con el de Dios.
Pone como baremo a los escribas y fariseos, que eran considerados los más cumplidores, luego es un nivel alto el que pide. En caso de no alcanzarse, no sen entra en el Reino, lo contrario a los que, según dijo Jesús hace un par de domingos, responden al perfil de las bienaventuranzas, de los cuales es el reino de los cielos.
A continuación pone ejemplos, que sigue siempre el mismo esquema: "Habéis oído" (donde cita algún madamiento) - "Pero yo os digo" (el baremos de la "mayor justicia") - a veces seguido de concreciones posibles.
Los cuatro de este domingo se refieren a la ira, a la sinceridad, y dos al respeto a la mujer casada.