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lunes, 28 de octubre de 2013

C Domingo 31º Lucas 19, 1-10 Compartir los bienes

Episodio exclusivo de Lucas. El encuentro con Zaqueo tiene mucha similitud al encuentro con Leví (5, 27 ss).
A pesar del uso que se hace del mismo, no es un relato de conversión.
Nos encontramos con una persona rica, lo cual ya se catalogaba como alguien injusto, y además jefe de publicanos, lo que confirmaba la calificación, como vimos en el texto del domingo pasado. Por ello se le marginaba socialmente, como se observa en el hecho que no se le deja hueco para que vea a Jesús, como sería propio dada la importancia de su condición.
De ahí el malestar con Jesús, que rompe su aislamiento social al hospedarse en su casa y comer con él, acto de integración social. Por tanto, Jesús no siempre rechaza a una persona por su condición de rico.
Ante las críticas, Zaqueo afirma que está dando la mitad de sus bienes a los pobres y devolviendo el cuádruple a los que pueda haber extorsionado. Los verbos en el original están ambos en presente (la liturgia traduce el segundo en futuro: "le restituiré cuatro veces más"); no es algo que vaya a hacer a partir de ahora, sino que se defiende ante Jesús con sus hechos. De ahí que no sea signo de conversión alguna.
Jesús afirma con palabras lo que ha mostrado con sus hechos, reintegrándole en el pueblo: "también éste es hijo de Abrahán". Considera que así la salvación ha llegado en ese día (también en presente) a su casa (puede que el espacio de la casa, como lugar de salvación, se enfrente implícitamente al Templo, lugar que antes acaparaba ese poder salvífico).
Jesús se califica a sí mismo como el Hijo del Hombre.

jueves, 27 de octubre de 2011

Cátedra desacreditada: Mateo 23 ·1-12 Domingo XXXI A

Puede que la "cátedra" fuese una silla física en las sinagogas, pero aquí tiene un sentido figurado: se refiere a la autoridad de la enseñanza de Moisés, considerado el dador de la "Ley", de la que son continuadores los "escribas" y los fariseos.
Seguramente cuando Jesús ordena "haced lo que os dicen" tales autoridades, se refiere al contenido de la "Ley", y no a otras enseñanzas que son desautorizadas por el mismo Jesús en diversas partes de este evangelio, y en este mismo párrafo, donde las califica de "fardos pesados".
Jesús hace una muy dura crítica a estas autoridades que parece reflejar más bien las relaciones de la comunidad cristiana a la que escribe Mateo y las autoridades judías de su tiempo. En tal caso, el evangelista le estaría invitando a "cortar" con los escribas y fariseos, salvando la "Ley", de la que ya había avisado que no se puede saltar ni una tilde.
De ahí que prohíba reconocer cualquier autoridad a los mismos: no son ni los "maestros", ni los "guías", ni "los padres" (no se refiere el texto a los padres de familia, sino a quien se le reconoce autoridad con ese título).
Y afianza en la comunidad fraterna -de "hermanos"- la única autoridad de Jesús, el "Maestro" y el "Guia", y del "Padre" único, el suyo.
El mal de la autoridades judías es su hipocresía, "no hacen lo que dicen", junto a la soberbia; frente a la que propone la coherencia y la humildad: Dios (que no es nombrado expresamente pero al que se sobreentiende) humillará al que se ensalce y ensalzará al que se humille.