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miércoles, 19 de junio de 2024

B 12º Marcos 4·35-41 Jesús calma la tempestad del lago

 Terminadas la parábolas el domingo anterior, Jesús decide ir "a la otra orilla" con sus discípulos, atravesando en barca el lago de Galilea. En la tradición, la "barca" se ve como un símbolo de la Iglesia.

"Se levantó una fuerte tempestad" y los discípulos temían "perecer", por lo que "despertaron" a Jesús, que "estaba en la popa, dormido sobre un cabezal". La comunidad a la que San Marcos escribe el evangelio está sufriendo persecuciones que le hacen temer sobre su vida, ante las que Dios "parece dormido"

Jesús mandó "silencio" "al viento y al mar" y "el viento cesó y vino una gran calma". La "gran calma" que instaura Jesús contrasta con la "gran tempestad" que afrontan sus discípulos en la vida.

Eso "llenó de miedo" a sus discípulos que se preguntaban quién era ese que "hasta el viento y el mar le obedecen". Sienten sobrecogimiento ante una acontecimiento donde se está manifestando lo divino, pues es Dios quien tiene autoridad sobre "el viento y el mar"; sienten "temor de Dios". Esta manifestación les hace preguntarse sobre la auténtica identidad de Jesús, al que tenían solo por "maestro", y que se muestra como alguien con más poder. Esta pregunta sobre Jesús ("¿quién es éste"?) es una constante en el evangelio de Marcos.

En cambio, Jesús les cuestionó sobre su fe al ver su miedo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Igual que Jesús mantuvo la paz en medio de la tempestad -"dormía"-, así espera que la confianza de sus discípulos en él, les permita no dejarse llevar por el miedo ante las dificultades.

jueves, 13 de junio de 2024

B 11º Marcos 4·26-34 Jesús anuncia la Palabra con parábolas

 El domingo pasado terminamos el capítulo 3 de san Marcos. En este domingo pasamos al capítulo 4 donde Jesús cuenta tres parábolas que enseñan a qué se parece el Reino de Dios. La primera parábola, la del sembrador, se la ha saltado la liturgia. En este domingo, se nos proclama la segunda y la tercera; y ambas hablan de lo que pasa con unas semillas que se siembran.

En la primera parábola, exclusiva de este evangelista, nos enseña que la semilla crece por sí sola, sin que intervenga quien la ha sembrado; y se entretiene en explicar las etapas de su crecimiento. Así, Jesús enseña cómo el Reino de Dios tiene un dinamismo que hace que se desarrolle por sí mismo, sin que dependa del trabajo del evangelizador; si bien es un crecimiento lento que va pasando por sus etapas. Eso ayuda a comprender la dinámica del Reino y a discernir en qué etapa de su crecimiento se encuentra.

En la segunda parábola nos enseña que la semilla sembrada, por muy pequeña que sea, como la mostaza, llega a ser un gran árbol en el que puede anidar. Así, Jesús enseña a no medir el Reino por la pequeñez actual, sino a confiar en la grandeza que tendrá en su momento; a la vez que nos muestra cómo es un espacio donde se puede habitar.

San Marcos termina la exposición de las parábolas explicando por qué habla Jesús así: para "acomodarse al entender" de la gente. Y a la vez anota, en el último versículo, que "a sus discípulos se lo explicaba todo en privado", lo que nos invita a entrar en diálogo con el Señor para acoger su explicación "en privado".