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viernes, 28 de agosto de 2026

A 21 Mateo 16, 13 - 20 La fundación de la Iglesia

Es el mismo evangelio que la solemnidad de San Pedro y San Pablo, si bien aquel se corta un versículo antes.

 Esta perícopa del evangelio de Mateo es bastante compleja. Para San Mateo marca un antes y un después en la actividad de Jesús y en su relación con los discípulos.

Jesús evalúa la percepción que se tiene de él. En primer lugar, pregunta por la opinión de la gente. La gente le tiene por profeta, unos por Juan Bautista (como Herodes, que en Mc 6,16 dice de Jesús: "Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado"), otros que Elías -que no murió sino que fue arrebatado a las nubes y cuya vuelta se esperaba-, otros que Jeremías -sin que se sepa la razón (en el paralelo de Mc 8, 28 no aparece)-, u otro profeta.

En segundo lugar, pregunta por la opinión de sus discípulos. Solo contesta Simón-Pedro (es la única vez que se le designa por su nombre y su apodo juntos), constituyéndose en portavoz del grupo, lo que muestra su liderazgo. Jesús había preguntado por la opinión sobre "el Hijo del Hombre" y Pedro dice que "el Hijo de Dios", el Mesías esperado. Esta respuesta recibe la felicitación de Jesús, no tanto por su acierto, sino porque no es fruto de su propio conocimiento, sino que le ha sido revelado por el Padre.

Entonces Jesús decide fundar la Iglesia: "sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Históricamente, el grupo de los creyentes en Jesucristo comenzaron siendo una corriente dentro de la religión judía, sólo más tarde, por la animadversión de sus correligionarios, el grupo acabó separándose del judaísmo y tomando conciencia de ser un pueblo aparte.

Afirma que su Iglesia supera el límite de la muerte: es lo que quiere decir la expresión "el poder del infierno no la derrotará", pues "infierno" aquí traduce el "Hades", que es el lugar de los muertos. Es llamativo, porque hasta entonces nada ha superado ese límite.

Sorprende que Jesús llame a Simón "Piedra". En la Biblia, la Roca es Dios, y en el Nuevo Testamento, la Piedra angular es Jesús, así que causa extrañeza que Simón sea llamado del mismo modo. Comoquiera, significa que san Pedro tiene una misión especial en la Iglesia de Jesucristo. 

A continuación Jesús despliega las dimensiones de la misión de Pedro en la Iglesia: posee las llaves del Reino, y tiene poder de atar y desatar.

La imagen de tener las llaves viene del Antiguo Testamento, donde el rey confiaba las llaves de palacio a un elegido, que podía dar acceso o no a los demás (Is 22,22: "Pongo sobre sus hombros | la llave del palacio de David: | abrirá y nadie cerrará; | cerrará y nadie abrirá"). De ahí se deduce la importancia que se le está concediendo a San Pedro en este texto. ¿Con qué significado? En el mundo rabínico se entiende como el poder de dar acceso o no a las Escrituras: los rabinos, con su conocimiento de la Biblia, podían interpretar correctamente la Palabra para que la gente lo entendieran, es decir, tenían la llave para abrir su comprensión. Jesús les criticará en Mt 23,13 que cierren el acceso a la Palabra a la gente: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren." (En el paralelo de Lc 11:52 mencionan explícitamente las llaves: "¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido!"). Como en la imagen de la Roca, también esta imagen se refiere a Jesús en otro texto del Nuevo Testamento (Ap 3,7). 

A quien posee la llave se le supone el poder de abrir/cerrar, pero Jesús cambia la imagen y habla de atar/desatar. Es una imagen conocida en el mundo rabínico, con el doble sentido de permitir o prohibir, en paralelo con abrir/cerrar.

viernes, 7 de agosto de 2026

A 19 Mateo 14, 13 - 21 ¿Por qué has dudado?

 Este es un relato complejo, con muchas imágenes bíblicas, que responde a las dudas de la comunidad de san Mateo sobre la presencia de Dios debido a las dificultades que están experimentando (no hay que confundir la escena de hoy con una situación similar en el lago, donde Jesús está dentro de la barca dormido y la barca está a punto de hundirse.. En el evangelio, las dificultades están simbolizadas en el viento en contra que tienen los discípulos para remar (viento que no siente Jesús en el monte donde está orando), así como la oscuridad que les rodea al ser de noche, oscuridad que sienten los discípulos en su interior y les hace dudar, y también las olas de las aguas, que en la Biblia representa el caos, el mal que les afecta. 

San Mateo sigue el relato original de san Marcos 6,45-52. Pero introduce dos novedades importantes: el diálogo entre Jesús y Pedro respecto a andar sobre las aguas, que es exclusivo de este evangelista -él suele resaltar la figura de san Pedro-, y un final modificado, donde Jesús es reconocido como Hijo de Dios por los discípulos, mientras san Marcos solo dice que "ellos estaban en el colmo del estupor".

Cuando Jesús se acerca a ellos andando sobre las aguas, algo que solo hace Dios en la Biblia, mostrándose así como Dios, ya es la madrugada, fin de la oscuridad y comienzo de la claridad, tanto exterior como la interior de los discípulos. Jesús les infunde valor y les dice "Yo soy", que hace referencia a la identidad de Dios manifestada en el Antiguo Testamento. Su entrada en la barca hace que el viento, la dificultad, amaine, lo que hace que los discípulos adoren a Jesús mientras confiesan: «Realmente eres Hijo de Dios», que hasta ahora solo lo ha dicho la voz que se oyó en su bautismo.

Cuando Jesús llega andando sobre las aguas, los discípulos gritan asustados porque creen ver un fantasma, siendo extraño que no le reconozcan porque han estado con Él hace solo unas horas y el aspecto de Jesús no ha cambiado; pero sí habitual en los relatos de las apariciones del Resucitado, donde tampoco le reconocen y a veces también creen que es un fantasma. Eso indica que san Mateo está hablando de la presencia del Resucitado en la Iglesia, representada por la barca de los discípulos.

El encuentro entre Jesús y san Pedro representa las dudas de todo creyente cuando afronta dificultades que le superan, que lo convierte en "hombre de poca fe", como llama a Pedro, y en la que es afrontado a sus vacilaciones: "¿Por qué has dudado?". Pedro, en su falta de fe, cree ver un fantasma con la vista, pero con su oído sí oye la voz del Señor y hace lo que le dice, lo que le capacita para andar sobre las aguas como Él, algo que nunca había hecho un ser humano en la Biblia. De nuevo, cuando deja de escuchar la Palabra y se centra en su visión, vuelve a tener miedo al ver la fuerza del viento, la fuerza de la dificultad, y empieza a hundirse. Pero el Señor sigue estando ahí, y ante su súplica de salvación, lo libra de las aguas (algo extraño porque san Pedro, que es pescador, sabe nadar, lo cual indica el sentido simbólico del relato).

El relato es una invitación a la confianza en la presencia del Señor en medio de las dificultades, aún cuando no se le perciba: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

 

domingo, 31 de agosto de 2025

Exaltación de la Santa Cruz - Juan 3 · 13-17

Jesús está respondiendo a Nicodemo, que no ve cómo puede uno nacer de nuevo siendo viejo.
En este trozo de su contestación, Jesús se presenta como el Mesías/Ungido/Enviado del Padre: "el que bajó del cielo"
Su misión es salvar la humanidad, que aquí es llamada "mundo", sin el significado negativo que tiene en otros lugares de este evangelio. Esa misión implica la Cruz, cuya exaltación celebramos hoy.
Jesús habla de un modo que identifica su crucifixión con su éxito, llamando a ambas cosas "ser levantado": el alzar de la cruz y el alzar del éxito de su misión.
Lo asemeja a cuando Moisés levantó una serpiente de cobre en el desierto de modo que todo el que recibía una mordedura mortal de serpiente, al mirar la de cobre quedaban curado (acontecimiento que se proclama en la primera lectura de esta fiesta). 
Lo mismo pasa con la cruz: salva al que se adhiere a ella. Para ser salvado es imprescindible creer en Él, que en este evangelio significa estar de parte de Jesús. 
El Enviado no condena a nadie. Jesús se presenta como un don del Padre a la humanidad, regalo debido al amor que tiene al "mundo".

jueves, 12 de junio de 2025

29 junio: San Pedro y San Pablo - Mt 16 · 13-19 La misión de Pedro en la Iglesia

 El evangelio de la solemnidad de San Pedro y San Pablo es el mismo que el del domingo 21 del ciclo A, si bien éste se prolonga un versículo más. La figura de Saulo (San Pablo) no aparece en ningún evangelio, de ahí que se centre solo en la figura de Simón (Pedro).

 Esta perícopa del evangelio de Mateo, aparentemente sencilla, es bastante compleja. Para San Mateo, marca un antes y un después en la actividad de Jesús y en su relación con los discípulos. Nuestra mirada se va a centrar en la figura de Pedro, dejando otros aspectos.

Jesús evalúa la percepción que se tiene de él. Después de preguntar por la opinión de la gente, pregunta a sus discípulos. Solo contesta Simón-Pedro (es la única vez que se le designa con su nombre y su apodo juntos), constituyéndose en portavoz del grupo, lo que muestra su liderazgo. Jesús había preguntado por la opinión sobre "el Hijo del Hombre" y Pedro dice que es "el Hijo de Dios", el Mesías esperado. Esta respuesta recibe la felicitación de Jesús, no tanto por lo acertada que es, sino porque no es fruto de su propia deducción, sino que le ha sido revelado por el Padre. En esta bienaventuranza, Jesús le llama por su nombre: Simón Bar-Ioná (Simón hijo de Jonás).

Entonces Jesús decide fundar la Iglesia, llamando a Simón por su apodo (Pétros -Pedro- en griego, traduciendo el Kephas -Cefas- arameo, como dice Juan 1, 42: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas -que se traduce: Pedro-»),  y dándole un significado en la naciente Iglesia: "sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Sorprende que Jesús llame a Simón "Piedra". En la Biblia, la Roca es Dios, y en el Nuevo Testamento, la Piedra angular es Jesús, así que causa extrañeza que Simón sea llamado del mismo modo. Sin embargo, así también es llamado Abrahán en Is 52,1-2: "Mirad la roca de donde os tallaron, | la cantera de donde os extrajeron. Mirad a Abrahán, vuestro padre...". Otros interpretan que, "la piedra sobre la que edificará la Iglesia", no se refiere a la persona de Pedro, sino a la confesión hecha por Pedro de que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios: esa sería la piedra sobre la que se levanta la Iglesia. Comoquiera, el texto evidencia que san Pedro tiene una misión especial en la Iglesia de Jesucristo. 

A continuación Jesús despliega las dimensiones de la misión de Pedro en la Iglesia: posee las llaves del Reino, y tiene poder de atar y desatar.

La imagen de tener las llaves viene del Antiguo Testamento, donde el rey confiaba las llaves de palacio a un elegido, que podía dar acceso o no a los demás (Is 22,22: "Pongo sobre sus hombros | la llave del palacio de David: | abrirá y nadie cerrará; | cerrará y nadie abrirá"). De ahí se deduce la importancia que se le está concediendo a San Pedro en este texto. ¿Con qué significado? Jesús menciona la llave que tienen los maestros de la Ley, y los critica por cómo la usan en Lc 11:52 mencionan explícitamente las llaves: "¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido!" (también en el paralelo Mt 23,13: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.").  Jesús les critica que cierren, a la gente, el acceso a la Palabra; por tanto se entiende como el poder de dar acceso o no a las Escrituras: los rabinos, con su conocimiento de la Biblia, podían interpretar correctamente la Palabra para que la gente lo entendieran, es decir, tenían la llave para abrir su comprensión. Así como pasó en la imagen de la Roca, así pasa también en esta imagen de la llave: en el texto de Ap. 3,7  el que tiene la llave es Jesús, no Pedro: "el Santo y el Verdadero, el que tiene la llave de David, de forma que si él abre, nadie cierra, y si él cierra, nadie abre".

Jesús explica lo que significa que Pedro tenga las llaves. Lo propios es se le suponga el poder de abrir/cerrar, pero Jesús cambia la imagen y habla de atar/desatar. Frecuentemente, se interpreta como el poder de excomulgar o perdonar los pecados, potestad que no queda excluida de dicha expresión. Pero esta es una imagen conocida en el antiguo mundo rabínico -el de los maestro de la Ley-, para indicar dos cosas: por un lado, el poder de interpretar las Escrituras, de enseñar el sentido correcto de la Palabra, como ya se ha dicho explicando la imagen de las llaves, de permitir entrar o de bloquear la entrada a la Palabra del Reino; pero además, también implica el poder de juzgar (ya que la interpretación de la Ley permitía discernir y dictaminar sobre los casos), o sea, de emitir un juicio de admisión o de rechazo, asimismo de perdonar o excomulgar, como se dijo. Por tanto, aquí se está dando a Pedro una misión esencial en la Iglesia.

Aunque esta misión se le dar en singular a Pedro, recalcando así su misión única en la Iglesia, no es un poder dado en exclusiva, pues en ese mismo evangelio, Mt, 18.18, Jesús dirá a todos sus discípulos: "En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos", extendiendo la potestad de Pedro a toda la Iglesia.

 

miércoles, 19 de junio de 2024

B 12º Marcos 4·35-41 Jesús calma la tempestad del lago

 Terminadas la parábolas el domingo anterior, Jesús decide ir "a la otra orilla" con sus discípulos, atravesando en barca el lago de Galilea. En la tradición, la "barca" se ve como un símbolo de la Iglesia.

"Se levantó una fuerte tempestad" y los discípulos temían "perecer", por lo que "despertaron" a Jesús, que "estaba en la popa, dormido sobre un cabezal". La comunidad a la que San Marcos escribe el evangelio está sufriendo persecuciones que le hacen temer sobre su vida, ante las que Dios "parece dormido"

Jesús mandó "silencio" "al viento y al mar" y "el viento cesó y vino una gran calma". La "gran calma" que instaura Jesús contrasta con la "gran tempestad" que afrontan sus discípulos en la vida.

Eso "llenó de miedo" a sus discípulos que se preguntaban quién era ese que "hasta el viento y el mar le obedecen". Sienten sobrecogimiento ante una acontecimiento donde se está manifestando lo divino, pues es Dios quien tiene autoridad sobre "el viento y el mar"; sienten "temor de Dios". Esta manifestación les hace preguntarse sobre la auténtica identidad de Jesús, al que tenían solo por "maestro", y que se muestra como alguien con más poder. Esta pregunta sobre Jesús ("¿quién es éste"?) es una constante en el evangelio de Marcos.

En cambio, Jesús les cuestionó sobre su fe al ver su miedo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Igual que Jesús mantuvo la paz en medio de la tempestad -"dormía"-, así espera que la confianza de sus discípulos en él, les permita no dejarse llevar por el miedo ante las dificultades.

martes, 19 de marzo de 2024

B Ramos - Mc 14,1-15,47

 La liturgia del Domingo de Ramos tiene dos evangelios:

- uno opcional, el evangelio de la procesión con ramos;

- uno necesario, el evangelio de la misa del Domingo. 

Aquí nos referimos a éste último, que es el relato de la pasión del Señor: dos capítulos.

La pasión se vuelve a leer el Viernes Santo, pero siempre en la versión de San Juan.

En cambio, en el Domingo de Ramos se lee según el evangelista que corresponda al ciclo litúrgico: en el ciclo B es el evangelio de Marcos.

Como es habitual en este evangelio, Marcos resalta la humanidad de Jesús durante su pasión. Es el único que anota sentimientos tan dramáticos como que "empezó a sentir espanto y angustia" (14,33).

El momento álgido de la narración es la confesión del centurión romano -un pagano- que "al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios»" (15,39). Es lo que declaró Marcos al inicio de su evangelio: "Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios". A partir de ahí, no volverá a ser declarado como Hijo de Dios, excepto cuando los demonios lo reconocen y lo dicen, pero en esos casos, el mismo Jesús los manda callar [como se dice en 1,34: "Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar"]: quiere el evangelista que el Hijo de Dios sea reconocido en el hombre que muere "dando un fuerte grito" (14,37) y después de haber rezado las palabras del comienzo del salmo 22 (21) «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (14,34), en vez de ser reconocido en el hombre que hace milagros.

sábado, 9 de marzo de 2024

B Cuaresma 4º - Juan 3 · 14-21 El amor de Dios salva

Nos situamos: el domingo pasado Jesús realizó lo que llamamos "purificación del Templo". A continuación tiene un encuentro con un jefe fariseo llamado Nicodemo. El texto de este domingo es la segunda parte del diálogo, una larga respuesta de Jesús a una objeción de Nicodemo.
Jesús habla de un modo que identifica su crucifixión con su éxito, llamando a ambas cosas "ser levantado": el alzar de la cruz y el alzar del éxito de su misión.
Lo asemeja a cuando Moisés levantó una serpiente de cobre en el desierto de modo que todo el que recibía una mordedura mortal de serpiente, al mirar la de cobre quedaban curado. Lo mismo pasa con la cruz: salva al que se adhiere a ella.
Esta "elevamiento" de Jesús es a la vez fuente que ilumina. Por eso quien no obra como Dios quiere no se acerca a la cruz salvadora para no ser delatado por la Luz. Eso implica una autocondena, pues no acepta los efectos salvadores de la cruz.

lunes, 19 de febrero de 2024

B Cuaresma 2º Marcos 9,2-10 Jesús se transfigura

 Los segundos domingos de Cuaresma siempre narran la transfiguración del Señor, en cada ciclo se presenta la versión del evangelista propio: Mateo en el ciclo A, Lucas en el C, y Marcos en el presente ciclo. En los tres evangelios sinópticos, este relato viene a continuación del primer anuncio que Jesús hace de su pasión: los dos hecho parecen estar conectados, compensando una experiencia con la otra, la del dolor del anuncio de la pasión con el gozo de la visión de la gloria del Hijo de Dios. De ahí se podría aprender a superar el desconcierto de la cruz con la cierta esperanza de su gloria.

Los tres discípulos presentes en el "monte alto" (en ningún evangelio se dice que sea el Tabor), son los mismos que estarán presentes en el huerto de los olivos: los que contemplan ahora su gloria son los que contemplarán su agonía en Getsemaní.

Jesús transfigurado conversa con Moisés y con Elías; el primero representa la "Ley" o "Torá" y el segundo representa los libros proféticos: "La Ley y los Profetas" es un forma de denominar a la Palabra de Dios escrita hasta entonces, nuestro Antiguo Testamento; hablan con Jesús que representa el Nuevo Testamento. Moisés había tenido una experiencia de Dios en el monte Sinaí y Elías en el monte Horeb (que parece es otro modo de llamar al Sinaí); ahora, con Jesús, los discípulos la tienen en el "monte alto".

Les cubre una nube, que es una manifestación de la presencia de Dios, y desde ella se oye la voz del Padre que desvela la identidad de Jesús: "Es mi hijo amado". Así se responde a la pregunta hecha en el pasaje anterior 8, 27-29: "¿quién decís que soy yo?".

La voz del Padre termina ordenando: "¡Escuchadle!", dando autoridad a su palabra sobre la de la Ley y los Profetas, la de Moisés y Elías. Ello implica escuchar, aceptar, su anuncio de la pasión.

jueves, 5 de enero de 2023

A - Jesús es bautizado por Juan: Mateo 3, 13-17

Jesús es sumergido ("bautizado" en griego) por Juan en el Jordán. Es el río que el pueblo de Dios atravesó para llegar a la tierra prometida.
Juan reconoce con humildad la superioridad de Jesús por lo que intenta evitar bautizarlo. Pero Jesús le responde con una frase que se puede entender de diversos modos y que en el original dice así: "cumplamos toda justicia". La idea de fondo es que el proceder de Jesús y el de Dios están en sintonía.
Después de ser bautizado, Jesús tiene una visión (que no parecen percibir los demás). "Los cielos se abren": en la literatura del tiempo, eso ocurre cuando Dios va a dar una aclaración de lo que está pasando.
El Espíritu de Dios desciende sobre él. El Espíritu sobre las aguas aparece en el Génesis, antes del comienzo de la creación. Así Mateo nos indica que Jesús va a iniciar una nueva creación.
Lo hace en forma de paloma, algo inusual en los libros bíblicos, y que recuerda la paloma con la rama de olivo que significaba el fin de las aguas del diluvio.
Se oye la voz de Dios que declara a Jesús como su hijo. La expresión "mi hijo" se usa en el Antiguo Testamento para designar al pueblo de Israel o a su Rey. Así se muestra a Jesús como el que inicia un nuevo Pueblo de Dios, como el Rey esperado.

jueves, 22 de diciembre de 2022

Día de Navidad Juan 1, 1-18: Vino a su casa

Este complejo texto sintetiza el evangelio de Juan.
Dibuja la existencia del Hijo de Dios desde antes de la Creación hasta su presencia en la comunidad a la que escribe su evangelio.
En la celebración de Navidad nos interesa particularmente los versículos centrales, del 11 al 14a, que aluden a su Encarnación: "Vino a su casa", "la Palabra se hizo hombre". El verso 17 nos da el nombre de ese "hombre": Jesús.
Se resalta el efecto de acoger a esta "Palabra encarnada": quien acepta a Jesús como Hijo de Dios nace de Dios y se hace "hijo de Dios"

miércoles, 12 de marzo de 2014

A Cuaresma 2º Mateo 17, 1-9 El rostro resplandeciente de Jesús

Evoca Éxodo, particularmente el capítulo 24 (desde el verso 15): el monte, la nube luminosa, la voz de la nube, la referencia a seis días, el rostro brillante, el temor, las tiendas, la presencia de Moisés... Jesús es el nuevo Moisés (más adelante, en el verso 13, Jesús identifica al Bautista como el nuevo Elías, personaje presente también en esta escena).
El centro del relato parece ser la declaración de Dios (la nube luminosa es signo de su presencia): "Este es mi hijo amado, escuchadle" (v. 5). El espanto de los discípulos (v. 6) al oir la voz significa que reconocen que es Dios el que habla.
En el salmo 2, tales palabras (en v. 7) entronizan al rey. Jesús es el ungido de Dios, descendiente de David, que instaura el nuevo reino.

El último versículo forma paarte de un diálogo posterior de Jesús con sus discípulos, hasta el v. 13. Jesús alude a su muerte y resurrección como el acontecimiento desde el que se puede interpretar correctamente lo visto y oído en el monte.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

C Domindo 34º Jesucristo Rey del universo - Lucas 23, 35-43

Este trozo del evangelio es parte de un conjunto algo más amplio, de los versículos 33 al 49, que tiene dos partes simétricas: 33-39 es paralela a 44-49. Queda en medio el párrafo 40-43 -la parte final del texto litúrgico de hoy-, lo que hace que destaque y sea el centro del mensaje que Lucas quiere trasmitir: que Jesús, el injustamente Crucificado, es Dios, y tiene un Reino del que podemos formar parte, si le reconocemos como tal.
Estos versos sobre el llamado buen ladrón, son exclusivos de Lucas.
Antes hay otro versículo que supone un inciso en el desarrollo literario, y que interesa a la liturgia de hoy: el verso 38, que habla de un letrero sobre la cabeza de Jesús que decía "éste es el Rey de los judíos". Este epígrafe -que lo mencionan los cuatro evangelistas- indica la causa de la condena. La burla de los soldados romanos se refieren a este pretensión: Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
El malhechor también se refiere a ello: Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino. La frase constituía una petición que los judíos solían hacer a Dios ante su muerte, y que se ha encontrado en alguna lápida del tiempo. Implica una fe de la que no han hecho gala sus discípulos, pues un crucificado -el malhechor, cuyo nombre es desconocido (no se dice que se llame Dimas), y del que no sabemos si estaba a la derecha o a la izquierda, ni mucho menos que fuera un buen ladrón- se dirige a otro crucificado -Jesús- creyendo que puede hacerlo partícipe de un supuesto reino, a pesar de está viendo cómo está muriendo. Es la única vez en Lucas que alguien se dirige a él con el sólo nombre de Jesús.

miércoles, 4 de enero de 2012

Mc 1 ·6-11: El Bautismo del Señor Domingo III de Navidad B

Se comienza súbitamente con unas declaraciones de Juan Bautista, que forman parte de una presentación de este personaje que comienza tres versículos antes. El conjunto ya fue proclamado el pasado domingo 2º de Adviento, cuyas notas bíblicas pueden leerse aquí.
Para la fiesta de hoy, del Bautismo del Señor [en algunos lugares, sin embargo, hoy se celebra la Epifanía, con sus lecturas propias], nos interesa fijarnos en la diferencia que hace entre el bautismo de Juan, de agua, y el de Jesús, de Espíritu Santo.
El evangelista apenas se detiene en el relato del Bautismo de Señor. Nos cuenta que llegó Jesús y que Juan lo bautizó, para decir seguidamente: "Apenas salió del agua..." [El griego dice "subió del agua", movimiento en consonancia con el del Espíritu que "bajaba sobre Él"]. El hecho de "subir" del agua por parte de Jesús tiene reminiscencia de la piscina bautismal de los cristianos, a la que se descendía por unos escalones y de la que subía por otros. Tanto en tal bautismo como en el de Jesús, en el que supone que antes "bajó" al agua, tiene el significado de entregarse a la muerte. "Subir" tiene el significado de "nacer" de las aguas a una vida nueva, que queda confirmada por el descenso del Espíritu sobre Jesús. Es un bautismo distinto al de conversión de Juan, corroborado por el hecho de que Jesús no confiesa sus pecados como los demás (ver v. 5b)
La recepción del Espíritu va acompañada de una voz del cielo que lo proclama hijo, o sea, se afirma que el hombre Jesús es Hijo de Dios. Así como la visión del cielo y la bajada del Espíritu es algo que experimenta Jesús personalmente (y el lector), no se aclara quién o quiénes oyen la voz. El Hijo es proclamado Amado y Predilecto, lo cual se muestra por el don del Espíritu.
Estamos ante una manifestación de la Santísima Trinidad: el Espíritu en forma de paloma, el Hijo de Dios encarnado en Jesús, y el Padre a través de su voz.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Lc 1 ·26-38: Anunciación - Domingo IV Adviento B

Esta segunda narración del evangelio de Lucas es un texto complejo. Nos centramos en su relación con el final del Adviento: el anuncio del nacimiento del Mesías.
El ángel Gabriel, conocido por el libro de Daniel, anunció a Zacarías, en el relato anterior, el nacimiento de Juan Bautista. Ahora se dirige a María, una mujer prometida, a quien afirma dos veces que goza de la gracia/favor de Dios, a la que anuncia la concepción y nacimiento de un niño que llamará Jesús. Ella se muestra disponible a la acción de Dios.
En medio del anuncio y de la respuesta, se encuentra una larga intervención de Gabriel, interrumpida por una pregunta de María. En la primera parte, Gabriel explica quién es el que va a nacer (vv 32-33), en la segunda parte explica cómo va a ser concebido (v. 35). La presentación de quién es Jesús se basa en la profecía de Natán (2 Samuel 7, 12-16) como cumplimiento de la misma. La presentación de la concepción refiere una acción del Espíritu explicada con palabras del Éxodo (cf. 13, 22).

miércoles, 5 de octubre de 2011

No se puede venir sin traje de fiesta: Mateo 22 ·1-14 - Domingo XXVIII - Ciclo A

En el capítulo anterior, Jesús realiza la purificación del gran Templo de Jerusalén, expulsando a los comerciantes. Los dirigentes judíos entonces le cuestionan: ¿Con qué autoridad haces esto?
Jesús se enfrenta a ellos con tres parábolas demoledoras que hemos estado viendo los últimos domingos y hoy terminamos: la de los dos hijos, la del dueño de la viña, y ésta de la boda del hijo del rey.
Ésta se parece mucho a la anterior, cambiando la imagen de la viña por la de un banquete de bodas. Excepto la parte final, en que Jesús deja de referirse a los dirigentes judíos y se dirige a sus discípulos: todos estamos invitados al Reino (el banquete de bodas del Hijo), pero eso tiene sus exigencias (el traje de fiesta). La fuerza de la advertencia de Jesús es mayor en cuanto dentro de la historia es imposible (como casi todos sus elementos): se le exige un traje de fiesta a un indigente a quien se ha encontrado e invitado cuando pedía en un cruce.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El Hijo del dueño: Mateo 21·33-43 - Domingo XXVII - A

Sigue el símbolo de la viña de los dos domingos anteriores.
Sigue el enfrentamiento con las autoridades judías del domingo anterior.
Cuenta la historia de la salvación: cómo Dios envía profetas que son maltratados, y cómo envía a su Hijo que es matado.
Consecuencia: Dios arrendará su viña a otros que den los frutos a su tiempo (alusión al salmo 1). Es decir, se la quita a esta autoridades judías y se la entrega a la naciente Iglesia: un mensaje clarificador de Mateo a su comunidad que tiene fuertes conflictos con los fariseos (entonces los dirigentes judíos, tras la caída del Templo en el año 70).
Al final cambia de símbolo y se va al de la piedra. Conecta así con la reciente "purificación" del Templo realizada por Jesús. El Hijo enviado y matado es la piedra desechada por los arquitectos (las autoridades) pero que ahora es la piedra angular (del nuevo pueblo, la Iglesia), imagen calcada del salmo 118. Esta transformación es obra del Padre, del dueño de la viña

jueves, 16 de junio de 2011

Tanto nos amó Dios :Lectio Juan 3 ·16-18 Domingo Santísima Trinidad - ciclo A

Jesús está respondiendo a Nicodemo, que no ve cómo puede uno nacer de nuevo siendo viejo.
En este trozo de su contestación, Jesús se presenta como el Mesías/Ungido/Enviado del Padre.
Su misión es salvar la humanidad, que aquí es llamada "mundo", pero no con el significado negativo que tiene en otros lugares de este evangelio. Para ser salvado es imprescindible creer en Él, "creer" no es sólo ni principalmente admitir unas verdades reveladas, sino que en este evangelio significa estar de parte de Jesús.
El Enviado no condena a nadie, sino que el que decide no ponerse de parte de Jesús se condena a sí mismo, al no aceptar el regalo del Padre.
Jesús se presenta como un don del Padre a la humanidad, regalo debido al amor que tiene al "mundo". Esta entrega de su propio Hijo recuerda a la que hizo Abrahan de su hijo único.

jueves, 14 de abril de 2011

El Hijo de Dios y Rey de los Judíos. Domingo de Ramos. Mateo 26,14-27,66. Ciclo A

En la liturgis del Domingo de Ramos se proclaman dos evangelios: uno en la procesión, el de la entrada de Jesús en Jerusalén, y otro en la liturgia de la Palabra, el relato de la pasión según San Mateo, dos largos capítulos (existe una versión abrievada que empiza con el encuentro con Pilatos).
El relato culmina con la confesión de los soldados romanos tras la muerte de Jesús: "Realmente éste era Hijo de Dios". Esa fue la cuestión por la que el Sumo Sacerdote y el sanedrín condenaron a Jesús por blasfemo: "Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios". Y ese título fue el tema de las burlas de la gente y de las autoridades ante la cruz: "Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz".
En el proceso romano el acento de la condena se pone, en cambio, en el título de "Rey de los Judíos", sobre el que Pilatos le pregunta: "¿Eres tú el rey de de los judíos?". Sobre el mismo se hace una parodia: los soldados le disfrazan de rey con una capa, una corona de espinas y una caña por centro, a la vez que se arrodillan ante él y le dicen: "Salve, rey de los judíos". Pilatos continúa el escarmiento poniendo en la cruz "Este es Jesús, el rey de los judíos". Y también a ello se refieren algunas burlas ante la cruz: "¿No es el rey de Israel?".

miércoles, 9 de marzo de 2011

A Cuaresma 1ª - Jesús supera la prueba. Mateo 4, 1-11

Toda la escena sabe al "éxodo": el desierto, el número "cuarenta", las pruebas o tentaciones, sentir hambre... todo eso son cosas que el pueblo de Israel experimentó tras salir de Egipto. Jesús pasa por lo mismo, con la diferencia que el pueblo fracasó en la prueba y en cambio Jesús se mantiene fiel a Dios.
El diablo (al que Jesús al final llama "Satanás") pone a prueba la obediencia de Jesús a Dios, que acaba de declararle "hijo" tras su bautismo: Si eres Hijo de Dios... El diablo trata de que Jesús le obedezca, de que haga lo que él le sugiere, poniéndole como justificiación que tiene que demostrar que es Hijo de Dios. Los mismos desafíos vuelven a tentarle en la cruz: "¡si eres Hijo de Dios sálvate a ti mismo bájate de la cruz!", le dice uno de los crucificados (Mateo 27, 38).
El diablo revela que controla los reinos de este mundo. Con la misma palabra (reino) Jesús anunciará el comienzo del de Dios.

miércoles, 12 de enero de 2011

El bautismo con Espíritu quita el pecado del mundo: Juan 1, 29-34. Domingo 2º del ciclo A

Juan Bautista considera que Dios le ha encomendado la misión de facilitar que el enviado por Dios se de a conocer a su pueblo Israel. Ese era el sentido de su bautismo con agua.
Como Juan tampoco sabía quién era, Dios le da una señal: es aquel sobre el que vea posarse el Espíritu Santo.

Al ver la señal, Juan lo señala como "el Cordero de Dios". Hace referencia al cordero que se sacrifica en la Pascua, por cuya sangre en los dinteles de las puertas se salvaron los israelitas de la matanza de los primogénitos de Egipto.
Este nuevo Cordero salva de "el pecado del mundo". "El pecado" en singular se refiere a la cerrazón a Dios y su plan, como ya dijo el evangelista: La Palabra estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció (1,10).
El Hijo de Dios salva de ese "pecado del mundo" con su "bautismo con Espíritu Santo", distinto al de agua que hacía Juan.