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lunes, 12 de agosto de 2024

B 20º Juan 6 · 51-58 Jesús da su carne por la vida del mundo

 La perícopa de este domingo comienza repitiendo el último versículo del domingo pasado, el 51, en el que Jesús hace esta asombrosa afirmación: "el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo".

Eso provoca inmediatamente la reacción incrédula de los judíos: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?», pues hacen una interpretación literal de lo dicho por Jesús.

No hay que confundir la palabra "carne" con la palabra "cuerpo", pues no tienen el mismo significado en el Nuevo Testamento. El término "carne" ya lo utiliza San Juan en el primer capítulo de su evangelio para referirse a Jesús: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (v. 14). Esa palabra -"sarx" en el original griego- hace referencia a la condición mortal de la persona. Jesús dirá el próximo domingo, al final de este capítulo 6º: "El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada." (v. 63).

Tras el escándalo manifestado por los judíos, Jesús habla varias veces de "comer mi carne" uniéndolo a "beber mi sangre", esto último prohibido por la Ley de Moisés, pues se consideraba que la sangre contenía la vida (ver Dt  12,23). "Muchos" de sus mismos discípulos dirán: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» (v. 60).

El lenguaje que está usando Jesús hace referencia a los sacrificios de animales que se hacían en el Templo de Jerusalén, y, por tanto, al propio sacrificio de Jesús, quien ya fue presentado por Juan Bautista como un animal de sacrificio: "Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»" (1,29).

Comulgar con el sacrificio de Jesús comiendo su carne y bebiendo su sangre comunica la vida eterna: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día". Aquí ya puede contemplarse una referencia a la comida eucarística.

Creer en Jesús como el Hijo de Dios encarnado y comulgar con Él en la Eucaristía comunica la vida eterna.


 




jueves, 12 de enero de 2012

Juan 1 · 35-42: Vocación - Domingo II B

Un texto rico en la simbología que Juan usa a lo largo de su evangelio. Marca la transición de Juan Bautista a Jesús.
Sigue la dinámica joánica del testimonio: se habla de lo que se ha visto u oído personalmente. Así, el Bautista habla de Jesús sobre el cual, en el verísculo anterior, ya había dicho: "Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios". Al "oír" su testimonio, dos discípulos suyos siguen a Jesús, y después de "ver" dónde vivía, uno de ellos da testimonio sobre Jesús a su hermano, el cual, al "oir" va al encuentro de Jesús.
El testimonio que se da sobre Jesús es que él es "El Cordero de Dios" y el "Mesías" o "Ungido".
Ya antes el Bautista había llamado a Jesús "Cordero de Dios" (en el v. 29), que h ace referencia al cordero que se sacrificaba para la celebración de la Pascua que liberó al pueblo de la opresión de Egipto. Así, Jesús es presentado como aquel con cuyo sacrificio el pueblo va a ser liberado "del pecado del mundo" (v. 29). Siendo así, es el "Mesías" anunciado por los profetas para la liberación del pueblo.


miércoles, 12 de enero de 2011

El bautismo con Espíritu quita el pecado del mundo: Juan 1, 29-34. Domingo 2º del ciclo A

Juan Bautista considera que Dios le ha encomendado la misión de facilitar que el enviado por Dios se de a conocer a su pueblo Israel. Ese era el sentido de su bautismo con agua.
Como Juan tampoco sabía quién era, Dios le da una señal: es aquel sobre el que vea posarse el Espíritu Santo.

Al ver la señal, Juan lo señala como "el Cordero de Dios". Hace referencia al cordero que se sacrifica en la Pascua, por cuya sangre en los dinteles de las puertas se salvaron los israelitas de la matanza de los primogénitos de Egipto.
Este nuevo Cordero salva de "el pecado del mundo". "El pecado" en singular se refiere a la cerrazón a Dios y su plan, como ya dijo el evangelista: La Palabra estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció (1,10).
El Hijo de Dios salva de ese "pecado del mundo" con su "bautismo con Espíritu Santo", distinto al de agua que hacía Juan.

miércoles, 30 de junio de 2010

C Domingo 14º Lucas 10, 1-12.17-20 Envío de discípulos

Es el relato del envío de 72 discípulos y su vuelta. La liturgia ha suprimido los versículos 13 al 16.
En algunos códices los enviados son 70 (tal era el nº de dirigentes del pueblo en tiempos de Moisés Ex 24).
En la versión griega de nuestro Antiguo Testamento (Gen 10), los pueblos de la tierra son 72 (en el original hebreo son 70). Lucas indicaría con el número de enviados que el evangelio es para todos los pueblos.
Ni se dice dónde ocurre el envío, ni nombra los lugares donde van, ni se identifica a nadie de los enviados. Lucas deja que el lector se identifique con ellos.
Según Jesús, la semilla sembrada (ver capítulo 8) ha dado tal cosecha que los obreros resultan insuficientes. Hay que pedir a Dios -el dueño del campo- más trabajadores.
Jesús da instrucciones concretas a los enviados, cuya finalidad es que éstos se centren en el anuncio del Reino de Dios. También les advierte de las dificultades (van como corderos en medio de lobos) y cómo han de reaccionar ante ellas.
Han de hacer tres cosas con quienes los reciba: comunicar la Paz (Shalom), realizar curaciones, y hacer caer en la cuenta de la presencia del Reino de Dios.
La alegría es la nota característica del resultado de la misión y Jesús lleva hasta su fuente auténtica: los enviados serán recibidos en el cielo (sus nombres inscritos en el cielo: en las grandes ciudades orientales había un libro donde eran consignados los visitantes ilustres).
En cambio, del cielo cae el ángel Acusador (en hebreo, Satanás), según Jesús. Esta misión supone una derrota para los espíritus del mal (los demonios y Satanás).