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miércoles, 12 de febrero de 2025

C 8º Lc 6, 39-45 Lo que rebosa el corazón

 Jesús continúa su "sermón del llano" empezado hace dos domingos. Hoy continúa el asunto de cómo tratar al prójimo, particularmente con aquel que se equivoca o peca, iniciado al final del evangelio del domingo pasado.

 En esta pasaje juega con cuatro símbolos: los ciegos, la mota y la viga,  el árbol que da fruto bueno o malo, el corazón con bondad o con maldad. Este último símbolo es una explicación de los anteriores: "lo que rebosa el corazón habla la boca", para que nos demos cuenta que nuestro comportamiento con los demás surge de lo que habita en nuestro corazón.

Son, pues, tres ejemplos de comportamientos que nacen de la maldad que hay en el corazón:

- el que se hace el maestro sin serlo, pues sigue aún en las tinieblas, siendo así como "el ciego que guía a otro ciego"

- el que ve los defectos en los demás pero no en sí mismo, como ve "la mota en el ojo ajeno", pero no "la viga en el suyo"

- y el que quiere aparentar que hace buenas obras, cuando "cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos".

 

lunes, 10 de febrero de 2025

C 7º Lc 6, 27-38 Misericordiosos como el Padre

Después de proclamar la bienaventuranzas y malaventuranzas el domingo pasado, Jesús continúa su "sermón del llano" este domingo. Hoy enseña cómo relacionarse con el enemigo y cómo con el prójimo.

 En primer lugar, manda amar a los enemigos, basándose en la autoridad que tiene: "Yo os digo...". Resume su enseñanza en una frase que es llamada "la regla de oro": "Tratad a los demás como queréis que ellos os traten". Limitarse a tratar a los demás como ellos nos tratan (en vez de "cómo quieres ser tratado") es comportarse como todo el mundo (a los que Jesús denomina "pecadores"). En este sentido, Jesús usa por tres veces la frase "Si amas/haces el bien/prestas a los que os aman/os hacen bien/os pagan ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen...", invitando a no tratar a los demás como ellos nos tratan, que es lo que hace todo el mundo, que no tiene mérito ninguno. Por contra, Jesús repite el mandato de amar a los enemigos, fundamentándolo ahora en el actuar del Padre, que "es bueno con los malvados y desagradecidos". De ahí que inste a "sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso".

 Después de enseñar el amor a los enemigos, empieza a enseñar cómo tratar a los demás (vv. 37-38), que se desarrollará el próximo domingo. Jesús manda no juzgar al prójimo, ni condenar, sino perdonar y dar, advirtiendo que "con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros", haciendo alusión al juicio final.

 

 

 

C 6º - Lc 6,17.20-26 Bienaventuranzas y malaventuranzas

El texto proclama cuatro bienaventuranzas en paralelo con cuatro malaventuranzas, de notables diferencias con las de Mateo y quizá más antiguas.
Todas implican al auditorio con el pronombre "vosotros". Entre los destinatarios de Lucas parece haber grandes diferencias sociales.
Anuncian un cambio entre la situación de "ahora" y la del futuro, lo que para unos es una buena noticia y para otros una maldición. Es Dios el que va a invertir la situación, actuando así como el rey justo dibujado en el Antiguo Testamento; por tanto, Jesús está comunicando el dinamismo del Reinado de Dios, misión para la que ha venido, y cuyo comienzo proclamó en la sinagoga de su pueblo.
Sin embargo, la primera bienaventuranza, dirigida a los pobres (no "de espíritu" como en Mateo), anuncia un don para ese momento (no para el futuro): "vuestro es [en presente] el Reino de Dios". Lo mismo pasa con la primera maldición, dirigida a los ricos.
La liturgia ha añadido a la perícopa un versículo del texto precedente, que detalla cómo Jesús habla desde un llano, tras bajar del monte donde había instituido los Doce.