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viernes, 7 de agosto de 2026

A 19 Mateo 14, 13 - 21 ¿Por qué has dudado?

 Este es un relato complejo, con muchas imágenes bíblicas, que responde a las dudas de la comunidad de san Mateo sobre la presencia de Dios debido a las dificultades que están experimentando (no hay que confundir la escena de hoy con una situación similar en el lago, donde Jesús está dentro de la barca dormido y la barca está a punto de hundirse.. En el evangelio, las dificultades están simbolizadas en el viento en contra que tienen los discípulos para remar (viento que no siente Jesús en el monte donde está orando), así como la oscuridad que les rodea al ser de noche, oscuridad que sienten los discípulos en su interior y les hace dudar, y también las olas de las aguas, que en la Biblia representa el caos, el mal que les afecta. 

San Mateo sigue el relato original de san Marcos 6,45-52. Pero introduce dos novedades importantes: el diálogo entre Jesús y Pedro respecto a andar sobre las aguas, que es exclusivo de este evangelista -él suele resaltar la figura de san Pedro-, y un final modificado, donde Jesús es reconocido como Hijo de Dios por los discípulos, mientras san Marcos solo dice que "ellos estaban en el colmo del estupor".

Cuando Jesús se acerca a ellos andando sobre las aguas, algo que solo hace Dios en la Biblia, mostrándose así como Dios, ya es la madrugada, fin de la oscuridad y comienzo de la claridad, tanto exterior como la interior de los discípulos. Jesús les infunde valor y les dice "Yo soy", que hace referencia a la identidad de Dios manifestada en el Antiguo Testamento. Su entrada en la barca hace que el viento, la dificultad, amaine, lo que hace que los discípulos adoren a Jesús mientras confiesan: «Realmente eres Hijo de Dios», que hasta ahora solo lo ha dicho la voz que se oyó en su bautismo.

Cuando Jesús llega andando sobre las aguas, los discípulos gritan asustados porque creen ver un fantasma, siendo extraño que no le reconozcan porque han estado con Él hace solo unas horas y el aspecto de Jesús no ha cambiado; pero sí habitual en los relatos de las apariciones del Resucitado, donde tampoco le reconocen y a veces también creen que es un fantasma. Eso indica que san Mateo está hablando de la presencia del Resucitado en la Iglesia, representada por la barca de los discípulos.

El encuentro entre Jesús y san Pedro representa las dudas de todo creyente cuando afronta dificultades que le superan, que lo convierte en "hombre de poca fe", como llama a Pedro, y en la que es afrontado a sus vacilaciones: "¿Por qué has dudado?". Pedro, en su falta de fe, cree ver un fantasma con la vista, pero con su oído sí oye la voz del Señor y hace lo que le dice, lo que le capacita para andar sobre las aguas como Él, algo que nunca había hecho un ser humano en la Biblia. De nuevo, cuando deja de escuchar la Palabra y se centra en su visión, vuelve a tener miedo al ver la fuerza del viento, la fuerza de la dificultad, y empieza a hundirse. Pero el Señor sigue estando ahí, y ante su súplica de salvación, lo libra de las aguas (algo extraño porque san Pedro, que es pescador, sabe nadar, lo cual indica el sentido simbólico del relato).

El relato es una invitación a la confianza en la presencia del Señor en medio de las dificultades, aún cuando no se le perciba: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

 

jueves, 23 de julio de 2026

A 17 Mateo 13, 44 - 52 El Reino que se puede descubrir

  Continúa la lectura del capítulo 13 de san Mateo, iniciada dos do.mingos atrás, que contiene siete parábolas de Jesús que muestran cómo es el Reino de los Cielos; hoy se narran la quinta, la sexta y la última.

Las dos primeras son paralelas: algo que se encuentra, por lo que se vende todo para obtenerlo, y es de destacar que ese algo valioso estaba escondido a la vista, lo que vuelve a hacer referencia a la dinámica oculta del Reino. La primera de las dos añade la nota de que eso se hace con gran alegría; la segunda anota que el hallazgo es fruto de una búsqueda consciente. En cambio, la tercera cambia de perspectiva, refiriéndose al juicio del final de los tiempos, donde los ángeles separaran a los malos de los buenos, con distintos destinos, haciéndonos recordar la parábola de la cizaña, narrada en el domingo anterior. Si en las dos primeras parábolas el Reino es algo valioso que se obtiene no sin esfuerzo, en la tercera es el Reino que acoge a todos hasta un momento determinado, donde descartará a los malos.

Este capítulo 13 de parábolas de Jesús se cierra con una breve alegoría, donde compara al cristiano que se dedica a profundizar en la Biblia (al escriba que es discípulo ¿está hablando el evangelista de sí mismo?), con aquel cabeza de familia que saca de lo suyo tanto lo nuevo como lo antiguo, muy a tono con la insistencia de este evangelista en acoger el Antiguo Testamento desde la perspectiva del Nuevo, como cuando Jesús dice en 5,17 que no ha venido a anular la Ley y los Profetas (el Antiguo Testamento nuestro) sino a darle plenitud.

 

 

 

 

 

jueves, 16 de julio de 2026

A 16 Mateo 13, 24 - 43 Saber esperar el tiempo oportuno

 Continúa la lectura del capítulo 13 de san Mateo, iniciada el domingo pasado, que contiene siete parábolas de Jesús. Hoy se narran las parábolas segunda, tercera y cuarta, introducidas cada una por la expresión "les propuso otra parábola":

  • vv. 24 al 30: parábola del tiempo de la separación del trigo y de la cizaña
  • vv. 25 al 32: parábola del gran crecimiento de la pequeña semilla de mostaza
  • vv. 33: parábola: parábola de la fermentación de la harina con un poco de levadura

Hay un inciso (vv. 34-35) donde el evangelista confiesa que Jesús enseñaba a la gente solo con palabras, cumpliendo así la profecía que viene en el versículo 2 del salmo 78.

A continuación se cambia de escenario: Jesús deja la gente y se va a la casa con sus discípulos (v. 36). El lugar tiene su significado: la casa representa el lugar de la iglesia, donde Jesús está con sus discípulos.

El texto de hoy termina con la explicación que hace Jesús de la parábola de la cizaña, a petición de sus discípulos.

Las dos últimas parábolas, la de la mostaza y la de la levadura, expresan la pequeñez inicial del Reino de Dios, que por su propia fuerza va creciendo hasta hacerse muy grande. Particularmente, la parábola de la mostaza enfrenta la semilla, de la que dice que "es la más pequeña de las semillas", al árbol que crece de ella, grande "hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas". Esta parábola del árbol grande que ha crecido de la semilla de mostaza hace referencia a una parábola narrada en el libro del profeta Ezequiel (17, 22.23) donde el Señor planta un esqueje del noble árbol de cedro, que "echará ramas, se pondrá frondoso y llegará a ser un cedro magnífico y anidarán en él todos los pájaros". Jesús dice lo mismo del árbol crecido, no de un noble esqueje de cedro, sino de una humilde semilla de mostaza, resaltando la sencillez del Reino.

La parábola que explica Jesús sobre la cizaña, que solo viene en este evangelio, partiendo de la realidad constatable de la presencia del mal aún cuando el Señor solo se ha sembrado el bien, obra por tanto del Enemigo, enseña a evitar la impaciencia que haría daño a inocentes, y a esperar, en cambio, el día del juicio, donde el mal será definitivamente erradicado.

jueves, 9 de julio de 2026

A 15 Mateo 13, 1 -23 ¿Cómo reaccionas ante la Palabra de Dios?

Hoy Jesús empieza a contar siete parábolas: hoy una, el domingo que viene tres, y al siguiente otras tres. Todas en el capítulo 13 de san Mateo.

Los apóstoles preguntan a Jesús porqué habla en parábolas (v. 10). Su respuesta es enigmática. Aunque admite varias interpretaciones, parece decir que pretende logran que la gente capte el mensaje, aunque si no se esfuerzan o no quieren, no se van a enterar de nada (vv. 11-17). Termina diciendo una bienaventuranza: "bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen" (v. 16).

Antes, Mateo presenta a Jesús como Maestro: sentando, como hacen los maestros, en una barca, ante una multitud a la que enseña (vv. 1-2).

La parábola de hoy trata sobre los distintos terrenos a los que se parecen los corazones de los que oyen la Palabra de Dios. El sembrador es el mismo, la semilla es la misma, pero la reacción de quien recibe la Palabra es distinta. Sólo uno de los terrenos es apto para que lo sembrado llegue a dar su fruto (vv. 3-9).

El mismo Jesús explica a continuación los distintos tipos de terreno, las diversas actitudes de los corazones (vv. 18-23). La interpretación es clara y sencilla, y sirve para que la comunidad cristiana se pregunte sobre su actitud ante la Palabra de Dios. El corazón que da fruto es "el que escucha la palabra y la entiende" (v. 24), que en Mateo no se refiere a un entender intelectual, sino a una obediencia a la Palabra escuchada, llevando a la vida aquello que le ha dicho.

 

domingo, 18 de mayo de 2025

C Pascua 6º - Juan 14, 23-29 La relación del discípulo con la Trinidad

 Estas palabras las pronuncia Jesús durante su última cena, después de haber lavado los pies a sus discípulos.

Judas, no el Iscariote, la hace una pregunta a Jesús, justo en el versículo anterior, el 22: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?».

El texto que se proclama en la liturgia es la respuesta de Jesús, a la que le falta su última frase, en la que dice: "Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo" (versículo 30).

En el versículo siguiente, el 31, se encuentra el final original del discurso de Jesús, cuando dice "¡Levantaos, vámonos de aquí!"; si embargo no se van ni se levantan, sino que Jesús sigue hablando durante los tres siguientes capítulos.

En el texto de este Domingo, se muestra la Santísima Trinidad, pues Jesús habla de su Padre y del Espíritu Santo, al que califica de Paráclito

Tras aclarar quién es discípulo suyo (el que guarda su Palabra), revela la relación de cada persona divina con sus discípulos:

- El Padre hace morada -junto a Él mismo- en el discípulo (no dice que también lo hace el Espíritu Santo, porque éste aún no ha sido derramado).

- El Espíritu Santo es maestro interior del discípulo, y su paráclito, esa figura antigua en la que otra persona hacía de valedor, de defensor.

- Jesús es el que da la Palabra -que es de su Padre-, que la guarda quien le ama, Y a quien la guarda, además de morar en él junto a su Padre, le da su paz , distinta a la del mundo.

martes, 20 de agosto de 2024

B 21º Juan 6 · 60-69 La crisis de los discípulos

 Llegamos al final del capítulo 6º -a falta de dos versículos-, y con ella termina la incursión del ciclo B (cuyo evangelista de referencia es san Marcos) en el evangelio de san Juan. La liturgia se salta un versículo respecto al evangelio del domingo pasado, el 59: "Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún".

La tensión que Jesús ha mantenido con "los judíos" en los domingos anteriores, estalla en los discípulos de Jesús que se escandalizan de Jesús: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» (v. 61).

Jesús responde a sus críticas afirmando: "Las palabras que os he dicho son espíritu y vida". (v. 63)

Ante la firmeza de Jesús, se produce la gran crisis en su discipulado: "Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él." (v. 66)

Jesús pregunta a sus discípulos más cercano, a los Doce, sobre su postura: «¿También vosotros queréis marcharos?» (v. 67)

El portavoz de los Doce, Pedro, le responde confirmando lo que Jesús acaba de decir sobre sus palabras: «Señor, Tú tienes palabras de vida eterna» (v, 68), a la que añade una confesión de fe: «nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (v. 69). Es la única vez que la expresión "Santo de Dios" aparece en este evangelio e indica que Jesús es alguien que pertenece a lo divino.

Jesús desvela porqué algunos creen en Él, como los Doce, y otros no, como los judíos y los "muchos discípulos" que no siguen con Él: "Sus palabras son espíritu", y para aceptar su Palabra se necesita el Espíritu: "El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada" (v, 63); los que no creen no se guían por el Espíritu, sino por su propia comprensión humana ("la carne") y, por tanto, no pueden creer. Ya en el capítulo 3º, Jesús dijo a Nicodemo: «El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu» (vv. 6-7).


lunes, 12 de agosto de 2024

B 20º Juan 6 · 51-58 Jesús da su carne por la vida del mundo

 La perícopa de este domingo comienza repitiendo el último versículo del domingo pasado, el 51, en el que Jesús hace esta asombrosa afirmación: "el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo".

Eso provoca inmediatamente la reacción incrédula de los judíos: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?», pues hacen una interpretación literal de lo dicho por Jesús.

No hay que confundir la palabra "carne" con la palabra "cuerpo", pues no tienen el mismo significado en el Nuevo Testamento. El término "carne" ya lo utiliza San Juan en el primer capítulo de su evangelio para referirse a Jesús: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (v. 14). Esa palabra -"sarx" en el original griego- hace referencia a la condición mortal de la persona. Jesús dirá el próximo domingo, al final de este capítulo 6º: "El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada." (v. 63).

Tras el escándalo manifestado por los judíos, Jesús habla varias veces de "comer mi carne" uniéndolo a "beber mi sangre", esto último prohibido por la Ley de Moisés, pues se consideraba que la sangre contenía la vida (ver Dt  12,23). "Muchos" de sus mismos discípulos dirán: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» (v. 60).

El lenguaje que está usando Jesús hace referencia a los sacrificios de animales que se hacían en el Templo de Jerusalén, y, por tanto, al propio sacrificio de Jesús, quien ya fue presentado por Juan Bautista como un animal de sacrificio: "Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»" (1,29).

Comulgar con el sacrificio de Jesús comiendo su carne y bebiendo su sangre comunica la vida eterna: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día". Aquí ya puede contemplarse una referencia a la comida eucarística.

Creer en Jesús como el Hijo de Dios encarnado y comulgar con Él en la Eucaristía comunica la vida eterna.


 




miércoles, 7 de agosto de 2024

B 19º Marcos 6 · 41-51 El Padre atrae a la fe en el Pan vivo bajado del cielo

 El domingo pasado empezó Jesús el llamado "discurso del pan de vida", tras multiplicar el pan el domingo anterior. Hoy continúa su diálogo con los judíos -saltándonos los versículos 36-40-, que se prolongará los dos próximos domingos.

En sus palabras previas, Jesús se identifica con el pan bajado del cielo. Los judíos arguyen que conocen a su padre y a su madre, lo llaman "hijo de José", y que, por tanto, no es verdad que haya bajado del cielo. Ellos no pueden creer lo anunciado por el evangelista en el prólogo: "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Juan 1, 14).

El domingo pasado, ya Jesús incitó a la fe en Él: «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado» (v. 29). En la perícopa de hoy, ante las resistencias a la fe, vuelve a llamar a ella: "el que cree tiene vida eterna".

La fe es presentada como un don del Padre: "Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado". Escuchar a Dios -el Padre- conlleva creer en Jesucristo: "Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí".

Más aún, solo creyendo en Jesús se puede conocer a Dios: "No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ése ha visto al Padre", y ése que "está junto a Dios" es Jesús, "el Verbo que se hizo carne": "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios" (Juan 1,1) . Solo Jesús, ha visto a Dios Padre y solo Él nos lo puede conocer, como ya enseñó el evangelista en el prólogo: "A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer" (Juan 1, 18)

El fruto de la fe en Jesús es la vida eterna: "el que cree tiene vida eterna", "yo lo resucitaré en el último día".

En esta perspectiva de la vida eterna, Jesús aquí se presenta como "el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre", a diferencia del maná que los padres de los judíos "comieron en el desierto y murieron". El pan vivo es el mismo Jesús, su persona, "el Verbo se hizo carne".

Es lo último que declara Jesús en esta perícopa y que escandalizará a los judíos: "el pan que yo daré es mi carne". Con este mismo versículo comienza el evangelio del próximo domingo.

 


jueves, 22 de diciembre de 2022

Día de Navidad Juan 1, 1-18: Vino a su casa

Este complejo texto sintetiza el evangelio de Juan.
Dibuja la existencia del Hijo de Dios desde antes de la Creación hasta su presencia en la comunidad a la que escribe su evangelio.
En la celebración de Navidad nos interesa particularmente los versículos centrales, del 11 al 14a, que aluden a su Encarnación: "Vino a su casa", "la Palabra se hizo hombre". El verso 17 nos da el nombre de ese "hombre": Jesús.
Se resalta el efecto de acoger a esta "Palabra encarnada": quien acepta a Jesús como Hijo de Dios nace de Dios y se hace "hijo de Dios"

jueves, 5 de mayo de 2011

Nos ardía el corazón cuando explicaba las Escrituras.Lucas 24, 13-35. Domingo Pascua 3º - Ciclo A

Este pasaje es exclusivo de San Lucas.
No hay certeza sobre la identidad de la aldea Emaús que refiere (a "dos leguas", o sea, unos once kms) , y no se tienen otras noticias sobre el tal discípulo Cleofás.
Los dos discípulos abandona tristes (mejor que el "preocupados" de la traducción litúrgica) la ciudad de Jerusalén, donde se encuentran "los once apóstoles y todos los demás" (vv. 9 y 33)), el mismo día de la resurrección, de la que han oído hablar a las mujeres pero no dan crédito.
El Resucitado no es reconocido por sus dos discípulos; más tarde la comunidad de Jerusalén lo tomará por un fantasma. Según el texto "sus ojos eran incapaces de reconocerlo".
El Resucitado les da una catequesis con la Palabra, nuestro Antiguo Testamento, que produce en ellos un arder en el corazón (32).
La escena de pedirle al desconocido que se quede con ello y compartir con él la comida, recuerda la escena de Abraham y Sara en Manbré con los tres desconocidos a los que ofrece de comer, en el Génesis.
Las acciones de Jesús con el pan se corresponde con las de la última cena, así como las de la multiplicación de los panes (capítulo 9).
Luego se nos informa, aunque no se narra, que también se apareció a Pedro, al que llaman por su nombre de Simón (4, 38).

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La Palabra ha acampado entre nosotros. Juan 1, 1-18. Domingo II de Navidad

Juan comienza su evangelio con un himno a Jesucristo, complejo de entender. Es la misma lectura que se hizo el día de Navidad.
El himno habla del "logos" que se ha traducido por "verbo", o "proyecto", o -como en este caso- "palabra". El logos es Jesucristo.
El himno comienza con las mismas palabras que el Génesis, lo que indica que Juan se refiere a la creación. En el Génesis Dios creó la vida con su "palabra": Por medio de la Palabra se hizo todo (v. 3). Para Juan, esa "palabra" es su Hijo; por eso dice que la "palabra" contiene vida: En la Palabra había vida (4)
Hasta que la "Palabra" se hizo de nuestra "carne", el mundo vivía en las tinieblas, y no era capaz por tanto de poseer la vida: la tiniebla no la recibió. Ahora esa "Palabra" se nos ha manifestado y al iluminarnos nos da acceso a la vida, si creemos en ella: a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre (12)
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miércoles, 14 de julio de 2010

C Domingo 16º Lucas 10, 38-42 La única cosa necesaria

La escena se sitúa en el camino de Jesús hacia Jerusalén, iniciado en 9,51. El texto litúrgico ha suprimido tal significativa indicación del primer versículo, el 38: "mientras iba de camino". Es una perícopa exclusiva de Lucas.
No menciona el nombre de la aldea, sí reseñada por Juan, seguramente porque Betania está ya cerca de Jerusalén (a unos tres kilómentros, Juan 11,18), cuando en Lucas el camino de Jesús se va a prolongar aún durante nueve capítulos. Al final del camino, en 19,29, "cuando se acercaban a Betfagé y Betania", prepara su entrada en Jerusalén. Por allí también acaecerá la ascención.
El evangelista Juan también conoce a las hermanas Marta y María, como a su hermano Lázaro (11,1; 12,1), del que Lucas no hace referencia ninguna.
Marta acoge a Jesús, haciendo el papel de anfitriona, propio del varón (como lo hace Abraham en la primera lectura de hoy). Después asume el rol previsto de encargarse de las provisiones.
También sorprende que María asuma el papel de discípula (al ponerse a escuchar a Jesús a sus pies), lo que era habitual entre los hombres. Ella no realiza las funciones que se esperan de una mujer en la casa, como está haciendo su hermana, sino que se ha quedado hablando con el huésped, algo que se espera de un varón, como en la comida que tuvo Jesús con el fariseo Simón, que fue interrumpida por la abrupta entrada de una mujer.
Este texto continúa el capítulo por donde se dejó el domingo anterior, donde Jesús invitó a practicar la misericordia para heredar la vida eterna, poniendo de ejemplo las acciones con la que un samaritano atendió a un asaltado. Por tanto, las palabras de Jesús a Marta no pueden interpretarse como una minusvaloración del hacer cosas (y menos de la hospitalidad, central en la espiritualidad bíblica), que justamente acaba de ser exaltado.
Por otro lado, ya Lucas ha aclarado que la escucha implica obendiencia -es decir, su puesta por obra-, como lo explica con la parábola de la semilla que cae en distintos terrenos (8, 5ss).
Tampoco puede verse en María la vida activa y en Marta la vida contemplativa. En los tiempos de Lucas aún no se había iniciado la clausura contemplativa en la Iglesia.
Lo que sí había sucedido es el enfrentamiento de la parte helena de la comunidad de Jersualén con la parte judía, sobre la inadecuada atención a sus viudas, actividad llamada "servir a las mesas" (Act 6, 1ss). Ese servicio o diaconía es el mismo del que habla Marta: me haya dejado sola con el servicio. En la narración de los Hechos de los Apóstoles, escrita también por Lucas, los Once contestan a los griegos en la misma línea de Jesús, resaltando la centralidad de la Palabra: No es justo que nosotros descuidemos la Palabra de Dios para servir a la mesa (Act 6, 2.4)
Ya Lucas había calificado de tentación del demonio querer vivir sólo de pan.  (4,4)

El próximo domingo, esta actitud de escucha es desarrollada con una enseñanza sobre la oración.

miércoles, 3 de febrero de 2010

C Domingo 5º Lc 5, 1-11: Vocación de los primeros discípulos

En un versículo anterior, Jesús se siente "enviado a predicar el Reino de Dios en otras ciudades", de ahí que le veamos enseñando la "palabra de Dios" (primera vez que Lucas llama así a las palabras de Jesús) a la gente ansiosa de ella. De ahi tambien que asocie a sí a otros para que sean con Él " pescadores de hombres", es decir, para ganar adeptos al Reino. Los llamados son los "socios" de dos barcas de pesca, al menos: Simón-Pedro (su hermano Andrés, que debe estar, no es mencionado: Lucas siempre destacará la figura de Pedro), Santiago y Juan; los cuales "dejan todo" su mundo y "lo siguieron" (término propio de discipulado, que Lucas usa por primera vez).
Simón-Pedro ya había visto (en el capítulo anterior) cómo Jesús cuando curó a su suegra en su casa de Cafarnaúm, por ello se presta a las peticiones de Jesús. lo embarca, y luego vuelve a echar las redes. Ante el nuevo milagro experimenta los sentimientos característicos -la indignidad, la reverencia- de quien se descubre ante la presencia de Dios, del Señor.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

C Domingo de Navidad 2º - Juan 1, 1-18

Este complejo texto sintetiza el evangelio de Juan.
Dibuja la existencia del Hijo de Dios desde antes de la Creación hasta su presencia en la comuniddad que escribe en evangelio.
En la celebración de Navidad nos interesa particularmente los versículos centrales, del 11 al 14a, que aluden a su Encarnación: "Vino a su casa", "la Palabra se hizo hombre". El verso 17 no da el nombre de ese "hombre": Jesús.
Se resalta el efecto de acoger a esta "Palabra encarnada": quien acepta a Jesús como Hijo de Dios nace de Dios y se hace "hijo de Dios"