Mostrando entradas con la etiqueta lc 16. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lc 16. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de septiembre de 2010

C Domingo 26º Lucas 16, 19-31 La riqueza y la vida eterna

Mismo capítulo y mismo tema que el domingo anterior: la gestión de la riqueza.
La historia del pobre Lázaro y del anónimo rico (que no dice que se llame Epulón) es más compleja de lo que aparenta. Trata diversos asuntos:
1. Las consecuencias eternas que tiene la relación con la riqueza. La historia da una justificación compensatoria: "recuerda que recibiste tus bienes en vida".
2. Lo decisivo que resulta escuchar la Palabra de Dios (la ley y los profetas) para la salvación. Ninguna señal cambiará el corazón de la persona que no quiere escuchar.
3. Al final se alude a la resurrección de los muertos, una cuestión controvertida en aquellos tiempos. Seguramente se refiera a la de Jesucristo y cómo ésta no va a provocar la fe en quien no quiere aceptar la revelación de Dios.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

C Domingo 25º Lucas 16, 1-13 El ídolo de las riquezas

Nos encontramos con una parábola de Jesús (de lectura opcional en la liturgia) y unas cuantas afirmaciones de Jesús sobre la riqueza.
Sólo en este trozo del evangelio, y también en una frase de Mateo, sale la palabra mammona para referirse a la riqueza, al dinero. Mammon era considerado un dios (un ídolo). De ahí que Jesús presente la alternativa de servir al Dios verdadero o a ese dios falso.
Y además, por dos veces adjetiva a mammona con una palabra que habla de su maldad, que la liturgia traduce de distintas formas: "el dinero injusto", "el vil dinero".
La parábola de Jesús da frecuentemente a interpretaciones erradas, pues su lectura no es sencilla. En definitiva, Jesús anima a sus seguidores a ser sagaces, como se recomienda en otras partes del Nuevo Testamento y que puede ver aquí.

domingo, 1 de junio de 2008

HAY QUE SER LISTO PARA ENTRAR EN EL CIELO

Así acaba Jesús sus palabras en el monte -y así acaba el capítulo 7 de Mateo- :
"Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre frónimo que edificó su casa sobre roca" (en 7, 24).
La palabra griega puesta en rojo la traducen como "prudente", "sensato".

Ese tipo sale varias veces en este evangelio:
En 10, 16 Jesús nos dice que seamos "frónimoi como las serpientes" (astutos, prudentes)
También en 24,45: "¿Quién es, pues, el siervo fiel y frónimos , a quien el señor puso al frente de su servidumbre...?"

Tales son también las jóvenes del capítulo 25: "Cinco de ellas eran morai , y cinco frónimoi " (25,2)
Esta otra palabra griega -morai- la suelen traducir por "necia", "insensata".
Es el mismo término que continúa la historia de Mateo 7:
"todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre moró que edificó su casa sobre arena".

Tenemos pues un tipo de persona, la morós , antítesis de otro tipo, la frónimos.

El administrador de Lucas 16 es alabado "porque había obrado astutamente"; y Jesús estima que "los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz" (16,8).