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miércoles, 29 de julio de 2026

A 18 Mateo 14, 22 - 33 Jesús sacia de pan a la multitud

 La liturgia se salta el relato de la decapitación de Juan Bautista (que se proclama en la memoria de su martirio, el 29 de agosto): "Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto", si bien "cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados". (v. 13); por esa razón, "al desembarcar vio Jesús una multitud", que es lo primero que proclama el evangelio de este domingo.

 Al "ver" la multitud, Jesús "se compadeció de ella y curó a los enfermos".

Una multitud en el desierto evoca la marcha de Israel en el desierto, donde, ante el hambre, fue alimentado por Dios con el maná y las codornices. En el relato de hoy, Jesús mismo, como hizo Dios, alimentará a la gente con pan y peces. 

El "atardecer" inaugura un diálogo entre Jesús y sus discípulos sobre la presencia de la multitud, con dos actitudes distintas. Los discípulos quieren que Jesús "despida a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida", que ella misma busque solución al hecho de estar "en despoblado y ser muy tarde". Jesús, por contra, cree que "no hace falta que vayan", y da la solución a sus discípulos: "dadles vosotros de comer", los cuales objetan que solo tienen "cinco panes y dos peces", probablemente su cena, cantidades totalmente insuficientes.

A partir de aquí Jesús realiza el milagro de multiplicación (el único milagro que se relata en los cuatro evangelios), siempre a través de sus discípulos, a quienes les ordena que le entreguen la comida. Él realiza con ella los gestos propios de la Eucaristía (como se reza en la Plegaria Eucarística II: Jesús, cenando con sus discípulos, "tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos"): "tomando los cinco panes...  pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos". A partir de aquí, aunque se suponen que los peces están, ya no se los vuelve a mencionar (a pesar de ser el alimento más importante), centrándose solo en el pan, por ser símbolo del Pan Eucarístico.

Son los discípulos quienes los reparten a la gente -cinco mil varones, más las mujeres y niños-, que "se saciaron". El verbo griego usado para decir que se "saciaron" es el mismo utilizado en la bienaventuranza: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados" (5,6). Por tanto, el pan recibido, símbolo eucarístico, sacian a las personas en sus ansias más profundas.

Con lo sobrante, se llenan "doce cestos", número que coincide con el de los doce apóstoles.

 

 

lunes, 15 de julio de 2024

B 16º Marcos 6 · 30-34 Los Doce vuelven de la misión

 El domingo anterior vimos a Jesús enviar a los 12 a predicar la conversión. Hoy domingo, vemos lo que ocurre a la vuelta de esa misión. Sin embargo, no son dos escenas seguidas, sino que nos hemos saltado los versículos 14 al 29, donde se narra el martirio de san Juan Bautista, que se celebra el 29 de agosto

A la vuelta los "apóstoles" (es la primera vez, quizá la única, en que san Marcos los llama así, justo despés de ser enviados, pues el griego "apostolos" significa"enviado"), pasan muchas cosas:

- los apóstoles "contaron -a Jesús- todo lo que habían hecho y enseñado"

- Jesús se los lleva "a un lugar desierto a descansar un poco" (como se reza en el salmo responsorial -"El Señor es mi pastor ... en verdes praderas me hace recostar... y repara mis fuerzas"-, Jesús hace de pastor con los Doce)

- "Muchos los reconocieron" y " se les adelantaron"

- Cuando Jesús ve la multitud que le está esperando, "se compadeció de ella" y "se puso a enseñarle". Ese verbo que se traduce por "sentir compasión" solo aparece doce veces en los evangelios sinópticos, 4 de ellas en san Marcos: "splagjnízomai" en griego, que se refiere a una conmoción en las entrañas.

Hay una crítica a los dirigentes del pueblo judío, que eran los pastores puestos por Dios al frente del pueblo, pues Jesús los encuentra que "andaban como ovejas que no tienen pastor", es decir, perdidos, pues las ovejas que no son guiadas por sus pastores, se pierden.

"Se puso a enseñarles" -a guiarles- como suele hacer Jesús en este evangelio, asumiendo el papel de pastor.

 

jueves, 9 de febrero de 2012

Marcos 1 ·40-45 Estar limpio - Domingo VI B

Marcos presenta este caso no tanto como la curación de una enfermedad, sino como una cuestión de pureza. Por tres veces seguidas se habla de la "limpieza":  Si quieres, puedes limpiarme (la liturgia prefiere traducir "curarme" esta primera vez, aunque es el mismo término griego que las dos veces siguientes que sí traduce por "limpio" y no por "curado"); Quiero, sé limpio; Quedó limpio.

Ese proceso de "limpieza" es llamado por Jesús "purificación":  ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó. [El Levítico 13,47-14,4 manda que un sacerdote certifique el final de la lepra]
La purificación va precedida por dos hechos sorprendentes: el leproso se "acerca" a Jesús, cuando debía haberse mantenido a distancia y advirtiendo a gritos de su impureza (LV 13,45); Jesús "toca" al impuro, lo que le convertiría a él en un impuro.
Aunque de otro modo, al final Jesús siente los efectos que si hubiese vuelto impuro:  Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos.
Marcos dice que Jesús se "compadeció", como dirá otras dos veces. Ver: CUANDO LAS ENTRAÑAS SE TE REMUEVEN
Jesús sigue mandando silencio sobre Él. Ver: ¿POR QUÉ JESÚS OCULTA SU IDENTIDAD?

sábado, 17 de mayo de 2008

TENER O NO TENER

Jesús pregunta por dos veces en el evangelio de Marcos:
- ¿Cuántas cestas llenas de sobras recogisteis? (en 8, 19.20)

Destaco que las cestas estaban "llenas". Y han sido colmadas con las "sobras" de las comidas que tuvieron.
Eso es importante: comieron hasta "hartarse", y había comida de "sobra", sobras con las que vario cestos fueron "llenos".

Se nos habla de hartura, de abundancia y sobreabundancia.

Ahora veamos el origen de esas cestas "llenas" de lo que "sobra". Esto está interesante.

Todo empieza cuando Jesús y los suyos se encuentran en un despoblado con mucha gente que "no tienen" qué comer (eso se dice en 6, 36 y en 8,1). Destaco la carencia: "no tienen".

Y aún viene algo más destacable: los discípulos "no tienen" de dónde sacar algo de comida (ver 6,37 y 8,4). Al menos eso es lo que ellos dicen: no tienen dinero, no tienen de dónde sacar pan.
Según el modo de mirar las cosas por parte de ellos, la carencia no tiene solución.

Y ahora viene lo realmente importante: Jesús enseña a mirar la realidad de otro modo. Le pide a sus discípulos que "comprueben" la realidad: "Id a ver"(6,38). Para Jesús la cuestión es "ver" (en 8,17 les dirá "¿teniendo ojos no veis?").
Jesús les pide datos concretos: ¿ Cuánto tenéis ? (lo pregunta tanto en 6,38 como en 8,5).


Frente al "no-tenemos" de los discípulos, Jesús les conmina a "ir a ver" y les reclama el "sí-tenemos".
Porque efectiva sí hay: 5 panes y 2 peces la primera vez, y 7 panes la segunda (6,38 y 8,5). Ciertamente, parece una cantidad despreciable como para dar de comer a una multitud, pero ahí está el juego de Jesús.
Jesús regañará a sus discípulos por estar centrados en lo que no tienen: ¿ Por qué comentáis "no tenemos panes" ? (8,17). Les recrimina porque se fijan en la carencia: no tienen comida, no tenemos dinero, no tenemos pan. Y se quedan ahí: como no tenemos no hay nada que hacer.

Jesús enseña a "mirar" lo que sí hay en la realidad y en lo que sí es posible hacer. En ambos casos los discípulos comprueban que hay 7 unidades de alimentos (el siete es señal de plenitud). Con esos siete alimentos, Jesús da de comer a la multitud hasta hartarse, y con las sobras llena varios cestos.
Antes, Jesús se había conmovido al ver la multitud que "no tiene" pastor (carencia), y hace lo posible: hace de pastor, enseñándole muchas cosas (6,34).

Los discípulos habían despreciado lo que sí había, los siete alimentos, como los fariseos desprecian lo que Jesús hace y piden lo que no hay: una acción espectacular (8,12). También se fijan en la carencia.

Así Jesús enseña a afrontar la realidad con una visión más positiva y creativa.

sábado, 10 de mayo de 2008

CUANDO LAS ENTRAÑAS SE TE REMUEVEN

"Se le removieron las entrañas".
Marcos nos lo cuenta dos veces en los primeros capítulos.
"Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc 6,34). Ese sintió compasión traduce ese afecto que parece nacer de las mismas entrañas.
Ve a la gente en tal estado, que se le remueven las entrañas, y no puede dejar de hacer algo - había ido allí a descansar -. Se pone a enseñarles.
Cuando se te remueven las entrañas no puedes quedarte quieto. Es una acción que te nace desde tus mismas entrañas.

Lo mismo le pasó con el leproso que le suplica de rodillas: "Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»" (Mc 1, 41)
Se le remueven las entrañas y no puede evitar extender su mano y tocarle (con lo que se "contaminaba" de impureza).

Jesús se deja afectar por la gente hasta el punto que le brota la acción en su favor.

Más tarde, en 8,2 será el mismo Jesús el que declare ese sentimiento: "Se me remueven las entrañas por la gente" ya que no habían comido, lo que de nuevo le llevará a la acción.