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jueves, 23 de julio de 2026

A 17 Mateo 13, 44 - 52 El Reino que se puede descubrir

  Continúa la lectura del capítulo 13 de san Mateo, iniciada dos do.mingos atrás, que contiene siete parábolas de Jesús que muestran cómo es el Reino de los Cielos; hoy se narran la quinta, la sexta y la última.

Las dos primeras son paralelas: algo que se encuentra, por lo que se vende todo para obtenerlo, y es de destacar que ese algo valioso estaba escondido a la vista, lo que vuelve a hacer referencia a la dinámica oculta del Reino. La primera de las dos añade la nota de que eso se hace con gran alegría; la segunda anota que el hallazgo es fruto de una búsqueda consciente. En cambio, la tercera cambia de perspectiva, refiriéndose al juicio del final de los tiempos, donde los ángeles separaran a los malos de los buenos, con distintos destinos, haciéndonos recordar la parábola de la cizaña, narrada en el domingo anterior. Si en las dos primeras parábolas el Reino es algo valioso que se obtiene no sin esfuerzo, en la tercera es el Reino que acoge a todos hasta un momento determinado, donde descartará a los malos.

Este capítulo 13 de parábolas de Jesús se cierra con una breve alegoría, donde compara al cristiano que se dedica a profundizar en la Biblia (al escriba que es discípulo ¿está hablando el evangelista de sí mismo?), con aquel cabeza de familia que saca de lo suyo tanto lo nuevo como lo antiguo, muy a tono con la insistencia de este evangelista en acoger el Antiguo Testamento desde la perspectiva del Nuevo, como cuando Jesús dice en 5,17 que no ha venido a anular la Ley y los Profetas (el Antiguo Testamento nuestro) sino a darle plenitud.

 

 

 

 

 

jueves, 16 de julio de 2026

A 16 Mateo 13, 24 - 43 Saber esperar el tiempo oportuno

 Continúa la lectura del capítulo 13 de san Mateo, iniciada el domingo pasado, que contiene siete parábolas de Jesús. Hoy se narran las parábolas segunda, tercera y cuarta, introducidas cada una por la expresión "les propuso otra parábola":

  • vv. 24 al 30: parábola del tiempo de la separación del trigo y de la cizaña
  • vv. 25 al 32: parábola del gran crecimiento de la pequeña semilla de mostaza
  • vv. 33: parábola: parábola de la fermentación de la harina con un poco de levadura

Hay un inciso (vv. 34-35) donde el evangelista confiesa que Jesús enseñaba a la gente solo con palabras, cumpliendo así la profecía que viene en el versículo 2 del salmo 78.

A continuación se cambia de escenario: Jesús deja la gente y se va a la casa con sus discípulos (v. 36). El lugar tiene su significado: la casa representa el lugar de la iglesia, donde Jesús está con sus discípulos.

El texto de hoy termina con la explicación que hace Jesús de la parábola de la cizaña, a petición de sus discípulos.

Las dos últimas parábolas, la de la mostaza y la de la levadura, expresan la pequeñez inicial del Reino de Dios, que por su propia fuerza va creciendo hasta hacerse muy grande. Particularmente, la parábola de la mostaza enfrenta la semilla, de la que dice que "es la más pequeña de las semillas", al árbol que crece de ella, grande "hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas". Esta parábola del árbol grande que ha crecido de la semilla de mostaza hace referencia a una parábola narrada en el libro del profeta Ezequiel (17, 22.23) donde el Señor planta un esqueje del noble árbol de cedro, que "echará ramas, se pondrá frondoso y llegará a ser un cedro magnífico y anidarán en él todos los pájaros". Jesús dice lo mismo del árbol crecido, no de un noble esqueje de cedro, sino de una humilde semilla de mostaza, resaltando la sencillez del Reino.

La parábola que explica Jesús sobre la cizaña, que solo viene en este evangelio, partiendo de la realidad constatable de la presencia del mal aún cuando el Señor solo se ha sembrado el bien, obra por tanto del Enemigo, enseña a evitar la impaciencia que haría daño a inocentes, y a esperar, en cambio, el día del juicio, donde el mal será definitivamente erradicado.

jueves, 9 de julio de 2026

A 15 Mateo 13, 1 -23 ¿Cómo reaccionas ante la Palabra de Dios?

Hoy Jesús empieza a contar siete parábolas: hoy una, el domingo que viene tres, y al siguiente otras tres. Todas en el capítulo 13 de san Mateo.

Los apóstoles preguntan a Jesús porqué habla en parábolas (v. 10). Su respuesta es enigmática. Aunque admite varias interpretaciones, parece decir que pretende logran que la gente capte el mensaje, aunque si no se esfuerzan o no quieren, no se van a enterar de nada (vv. 11-17). Termina diciendo una bienaventuranza: "bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen" (v. 16).

Antes, Mateo presenta a Jesús como Maestro: sentando, como hacen los maestros, en una barca, ante una multitud a la que enseña (vv. 1-2).

La parábola de hoy trata sobre los distintos terrenos a los que se parecen los corazones de los que oyen la Palabra de Dios. El sembrador es el mismo, la semilla es la misma, pero la reacción de quien recibe la Palabra es distinta. Sólo uno de los terrenos es apto para que lo sembrado llegue a dar su fruto (vv. 3-9).

El mismo Jesús explica a continuación los distintos tipos de terreno, las diversas actitudes de los corazones (vv. 18-23). La interpretación es clara y sencilla, y sirve para que la comunidad cristiana se pregunte sobre su actitud ante la Palabra de Dios. El corazón que da fruto es "el que escucha la palabra y la entiende" (v. 24), que en Mateo no se refiere a un entender intelectual, sino a una obediencia a la Palabra escuchada, llevando a la vida aquello que le ha dicho.

 

jueves, 13 de junio de 2024

B 11º Marcos 4·26-34 Jesús anuncia la Palabra con parábolas

 El domingo pasado terminamos el capítulo 3 de san Marcos. En este domingo pasamos al capítulo 4 donde Jesús cuenta tres parábolas que enseñan a qué se parece el Reino de Dios. La primera parábola, la del sembrador, se la ha saltado la liturgia. En este domingo, se nos proclama la segunda y la tercera; y ambas hablan de lo que pasa con unas semillas que se siembran.

En la primera parábola, exclusiva de este evangelista, nos enseña que la semilla crece por sí sola, sin que intervenga quien la ha sembrado; y se entretiene en explicar las etapas de su crecimiento. Así, Jesús enseña cómo el Reino de Dios tiene un dinamismo que hace que se desarrolle por sí mismo, sin que dependa del trabajo del evangelizador; si bien es un crecimiento lento que va pasando por sus etapas. Eso ayuda a comprender la dinámica del Reino y a discernir en qué etapa de su crecimiento se encuentra.

En la segunda parábola nos enseña que la semilla sembrada, por muy pequeña que sea, como la mostaza, llega a ser un gran árbol en el que puede anidar. Así, Jesús enseña a no medir el Reino por la pequeñez actual, sino a confiar en la grandeza que tendrá en su momento; a la vez que nos muestra cómo es un espacio donde se puede habitar.

San Marcos termina la exposición de las parábolas explicando por qué habla Jesús así: para "acomodarse al entender" de la gente. Y a la vez anota, en el último versículo, que "a sus discípulos se lo explicaba todo en privado", lo que nos invita a entrar en diálogo con el Señor para acoger su explicación "en privado".

martes, 22 de octubre de 2013

C Domingo 30º Lucas 18, 9-14 Orar con humildad

Mismo capítulo que el domingo pasado. Jesús continúa su enseñanza sobre la oración: antes insitió en la constancia, ahora en la humildad. Lo ilustra contrastando la oración de un fariseo y la de un publicano.
Los primeros lectores de este evangelio tenían una buena imagen de los fariseos, personas muy comprometidas con su fe, y una mala de los publicanos, al menos entre los pudientes, que se veían afectados por su actividad de recaudadores de aduanas; al contrario que los lectores actuales de Lucas. que tenemos una visión negativa de los fariseos y no así de los publicanos, lo que afecta a nuestro modo de entender el evangelio: con este cambio de perspectiva, la parábola de Jesús pierde fuerza.

Ellos se mantienen a distancia entre sí, de modo que el fariseo no pierdese la pureza ritual que el publicano podría haber perdido en su contacto con los enseres de su trabajo. La liturgia ha escogido una traducción (el publicano se quedó atrás) que puede dar lugar a una mala interpretación.
Ambos se encuentran en el templo en una de las dos oración públicas del día.
Sus oraciones se diferencian por la postura corporal (erguido el fariseo, con la vista baja el publicano); por los gestos (el publicano se golpea el pecho, algo inusual en la plegaria del varón judío) y por las palabras, excepto en una coincidencia: El fariseo incluye al publicano en un listado de pecadores (junto a ladrones, injustos y adúlteros), y el publicano reconoce que lo es. Mientras el fariseo da gracias por ser cómo es, el publicano pide compasión.
El fariseo se justifica a sí mismo ("se tenía por justo", dice Lucas) con su currículum: ayuna y da el diez por ciento de sus bienes, superando en ambas cosas lo exigido por el Antiguo Testamento. El publicano no puede justificarse ante Dios, pero -según Jesús- Dios le justifica, mientras que no lo hace con el fariseo.
La lección se resume en la frase final, que repite lo dicho por María en el Magnificat (Lucas 1, 52)

miércoles, 16 de octubre de 2013

C Domingo 29º Lucas 18, 1-8 Orar con constancia

El mensaje de esta perícopa es claro: tenemos que orar siempre sin desanimarnos (v. 1)
No es la primera vez que Jesús, en este evangelio, enseña sobre la oración. Ya en el capítulo 11 ofrece una lección.
Hoy Jesús ilustra la necesidad de constancia en la oración con una parábola, exclusiva de Lucas.
Como las mujeres no podían alzar su voz en los procesos judiciales, las que se quedaban sin hombres en el hogar no tenían forma de hacer valer sus derechos, de ahí que esta viuda acuda directamente a la casa del juez, un juez que no le importa la opinión de los demás ni la de Dios, que no tiene interés alguno en que se haga justicia.
Si la viuda indefensa consigue justicia del juez sinvergüenza es por su constancia, que es la virtud que Jesús quiere en la oración de sus discípulos.
La traducción litúrgica pone en boca del juez esta razón para hacer caso a la viuda: "no vaya a acabar pegándome en la cara". No es que el juez tema por su integridad física, sino que usa una conocida expresión pugilística para ilustrar su situación, y se refiere a las complicaciones sociales que puede acarrearle la insistencia de la viuda. La mujer indefensa ha logrado que el juez termine temiendo a los demás, cosa que en principio no le importaba.

El último verso cambia el tono de la parábola y se refiere a la última venida de Jesucristo. Está en consonancia con la perícopa anterior que habla sobre el final de los tiempos, y que la liturgia se ha saltado.
Si en la parábola considerada en sí misma "hacer justicia" significaba valer los derechos de una persona indefensa de la que otros se habían aprovechado, en el contexto en que está situado significaría entrar en el reinado de Dios.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Mateo 25 ·31-46: Juicio Final Domingo XXXIV A Jesucristo Rey del Universo

Tercera parábola del capítulo 25 sobre el final de los tiempos, que hemos meditado en los tres últimos domingos. Con este domingo concluye el año litúrgico.
Nos encontramos unidas dos narraciones paralelas:
- la primera habla del "Hijo del Hombre", las naciones, el pastor, las ovejas y los cabritos. (vv 31-33)
- la segunda habla del "Rey", de su Padre, la eternidad, los justos, los malditos, los más pequeños, castigo, vida.
Son paralelas en que ambas hablan de los situados a la derecha y a la izquierda y de un juicio. (vv 34-46).
Los juzgados son "las naciones", es decir, todos los hombres. Es un juicio universal.
La sentencia favorable o contraria es dada de acuerdo con unos comportamientos de atención con los "hermanos más pequeños" del Rey (v 40 y 45). En este evangelio Jesús llama hermanos suyos a sus discípulos: "Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano" (12,50). En el mismo sentido, Mateo en su evangelio designa con la palabra "hermano" a los miembros de la comunidad cristiana (como en 7, 3-5).
La sentencia del juicio se establece, pues, en relación al "servicio" (palabra que la liturgia traduce por "asistencia" v 44) dado a los cristianos "más pequeños", esto es, a los cristianos en situación de fragilidad (hambre, sed, emigración, desnudez, enfermedad, prisión: v 35-36 y 42-43). Ya en 18, 6 advierte contra el comportamiento del que "escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí". Los que le prestan servicio son llamados "justos", es decir, personas que practican la "justicia", o sea, personas que cumplen la voluntad de Dios.
Jesús se identifica con estos cristianos vulnerables (v. 40 y 45), como ya lo hiciera anteriormente en 18, 5, como también se ha identificado con los enviados a misionar que pasan dificultad (10,40).

miércoles, 7 de julio de 2010

C Domingo 15º Lucas 10, 25-37 Qué hacer para tener la vida

Continuamos el mismo capítulo del domingo anterior. Es un diálogo sobre la vida eterna entre una "maestro de la Ley" -que actúa como un alumno- y Jesús -que actúa como un maestro-.
Tiene dos partes. El conjunto empieza con la pregunta sobre qué hacer (que el letrado hace para comprobar la sabiduría de Jesús), y cada parte termina con el imperativo de Jesús "haz": "haz esto y vivirás" (28) y "haz tú lo mismo". El mensaje del Evangelio se centra en el comportamiento, en ello se centra la última pregunta de Jesús:
"¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo?". En esa misma línea, llama la atención la minuciosidad con que se narra el comportamiento del samaritano con el herido: cada cosa que hace.
Ambas partes sigue el mismo esquema didáctico: intenciones del letrado - pregunta del letrado - contrapregunta de Jesús - respuesta del letrado -confirmación de Jesús. En la segunda parte se narra una parábola -única de Lucas- que introduce la contrapregunta.
En la primera cuestión el mismo "maestro de la Ley" se responde combinando dos citas de la Biblia (Deut. 6,5 y Lev. 19,18) sobre el amor a Dios y al prójimo, camino para tener la vida. Jesús con su respuesta muestra que en la Biblia se encuentra la fuente de la vida eterna.
Con la segunda cuestión, sobre quién es el prójimo, el doctor en la Ley quiere hacer ver que su primera pregunta es compleja y no queda resuelta con las citas anteriores sobre el amor.
En la parábola de Jesús se da una buena imagen del samaritano, al contrario que la que tienen sus paisanos y la demostrada hace un par de domingos cuando no quisieron recibir a Jesús. Al escoger a alguien mal visto, frente a la buena fama del sacerdote y levita, Jesús hace caer en la cuenta que para tener vida eterna no vale  la buena imagen, la opinión de la gente, sino lo que se hace con las obras. Lo que anda es juego no son las teorías (quién es mi prójimo) sino la práctica (quién se hizo prójimo).

miércoles, 10 de marzo de 2010

C Domingo Cuaresma 4º - Lc 15, 1-3. 11-32 El hijo pródigo

Este capítulo, central en Lucas, expone un comportamiento de Jesús que a continuación justifica con tres parábolas (en la liturgia dominical sólo se lee la tercera).
Los judíos más piadosos (escribas y fariseos) critican Jesús que coma con los judíos más perdidos (cobradores de impuestos -o publicanos- y pecadores), como ya hicieran en 5, 29. En esa sociedad, compartir la comida era una ceremonia muy importante, que identificaba socialmente (en el capítulo anterior 14, 7-14 el mismo Jesús da normas a sus discípulos sobre cómo proceder en ellas). Las invitaciones que hace Jesús son muy llamativas y escandalosas.
Lucas explica en tres parábolas que Dios se alegra de encontrar lo perdido, como el pastor a la oveja, la mujer a la moneda, y el padre a uno de sus dos hijos, siendo las dos últimas propias de él. Identifica a los publicanos y pecadores con los perdidos.
La novedad de la tercera es el papel del primogénito, que no participa de esa alegría, negándose a participar de la comida preparada por el padre. Más que a los escribas y fariseos (que propiamente nunca aceptaron a Jesús), Lucas se refiere a los cristianos que se consideran justos por sus acciones.
Ambos hijos esperaban que el menor recibiera su "merecido", por lo que a los dos les sorprende la inusual reacción del padre.