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domingo, 31 de agosto de 2025

Exaltación de la Santa Cruz - Juan 3 · 13-17

Jesús está respondiendo a Nicodemo, que no ve cómo puede uno nacer de nuevo siendo viejo.
En este trozo de su contestación, Jesús se presenta como el Mesías/Ungido/Enviado del Padre: "el que bajó del cielo". 
Su misión es salvar la humanidad, que aquí es llamada "mundo", sin el significado negativo que tiene en otros lugares de este evangelio. Esa misión implica la Cruz, cuya exaltación celebramos hoy.
Jesús habla de un modo que identifica su crucifixión con su éxito, llamando a ambas cosas "ser levantado": el alzar de la cruz y el alzar del éxito de su misión.
Lo asemeja a cuando Moisés levantó una serpiente de cobre en el desierto de modo que todo el que recibía una mordedura mortal de serpiente, al mirar la de cobre quedaban curado (acontecimiento que se proclama en la primera lectura de esta fiesta). 
Lo mismo pasa con la cruz: salva al que se adhiere a ella. Para ser salvado es imprescindible creer en Él, que en este evangelio significa estar de parte de Jesús. 
El Enviado no condena a nadie. Jesús se presenta como un don del Padre a la humanidad, regalo debido al amor que tiene al "mundo".

jueves, 16 de junio de 2011

Tanto nos amó Dios :Lectio Juan 3 ·16-18 Domingo Santísima Trinidad - ciclo A

Jesús está respondiendo a Nicodemo, que no ve cómo puede uno nacer de nuevo siendo viejo.
En este trozo de su contestación, Jesús se presenta como el Mesías/Ungido/Enviado del Padre.
Su misión es salvar la humanidad, que aquí es llamada "mundo", pero no con el significado negativo que tiene en otros lugares de este evangelio. Para ser salvado es imprescindible creer en Él, "creer" no es sólo ni principalmente admitir unas verdades reveladas, sino que en este evangelio significa estar de parte de Jesús.
El Enviado no condena a nadie, sino que el que decide no ponerse de parte de Jesús se condena a sí mismo, al no aceptar el regalo del Padre.
Jesús se presenta como un don del Padre a la humanidad, regalo debido al amor que tiene al "mundo". Esta entrega de su propio Hijo recuerda a la que hizo Abrahan de su hijo único.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Sal y Luz. Mateo Mt 5, 13-16. Domingo 5º del ciclo A

Jesús dice que sus discípulos son "sal de la tierra" y "luz del mundo". Ya los había llamado "pescadores de hombres".
Hay una correspondencia de términos entre "tierra-mundo-hombres", que se refieren a la misma realidad, a aquella que no es como Dios desea. Ya Mateo la había llamado tinieblas y oscuridad.
Asimismo, la realidad deseada por Dios es llamada "sal-luz-pescador", y éstos son los discípulos de Jesús.
La relación entre la primera serie de tierra/mundo/hombres y la segunda de sal/luz/pescador es de misión: los discípulos tienen la misión de ser sal/luz/pescador en medio de tierra-mundo-hombres.
La imagen de la luz ya apareció en Mateo referida al mismo Jesús en el inicio de su misión, que es definida como luz que brilla en la el país donde manda la tiniebla y la oscuridad.
La novedad de este trozo del evangelio está en la advertencia de Jesús del peligro de ser infiel a la misión: sal que se desvirtúa o luz que se esconde (el "celemín" es un recipiente que servía como medida del grano de la cosecha). En ese caso, el discípulo infiel será desechado.
Jesús invita a realizar plenamente la misión: luz en lo alto que ilumine a todos.

La mayor dificultad del texto está en el uso de la sal. Si bien ser luz tiene un sentido claro, la sal puede tener diversos significados según sus diferentes usos, y de varios de ellos ya se ha hablado en la Biblia. ¿A cuál se refiere aquí Mateo? Los biblistas dan diferentes interpretaciones. En cualquier caso, el mensaje en su conjunto es claro.

Con ello se consigue que otras personas "den gloria" al Padre (no a los que salan o iluminan), con lo que se convertirían en nuevos discípulos. Ello coincide con el último mandato de Jesús en Mateo 28,19.: Id y haced discípulos

miércoles, 12 de enero de 2011

El bautismo con Espíritu quita el pecado del mundo: Juan 1, 29-34. Domingo 2º del ciclo A

Juan Bautista considera que Dios le ha encomendado la misión de facilitar que el enviado por Dios se de a conocer a su pueblo Israel. Ese era el sentido de su bautismo con agua.
Como Juan tampoco sabía quién era, Dios le da una señal: es aquel sobre el que vea posarse el Espíritu Santo.

Al ver la señal, Juan lo señala como "el Cordero de Dios". Hace referencia al cordero que se sacrifica en la Pascua, por cuya sangre en los dinteles de las puertas se salvaron los israelitas de la matanza de los primogénitos de Egipto.
Este nuevo Cordero salva de "el pecado del mundo". "El pecado" en singular se refiere a la cerrazón a Dios y su plan, como ya dijo el evangelista: La Palabra estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció (1,10).
El Hijo de Dios salva de ese "pecado del mundo" con su "bautismo con Espíritu Santo", distinto al de agua que hacía Juan.