Los capítulos 24 y 25 de Mateo nos hablan del final de nuestro tiempo. En esa línea se sitúa esta parábola: "no sabéis el día ni la hora".
La incertidumbre sobre la hora de llegada de Jesucristo, el Esposo, debe conducir al discípulo a una actitud adecuada: "velad".
La parábola pone el caso de que Jesucristo tarde en venir. Cuando llegue se va a mostrar qué discípulo ha tenido la actitud adecuada y cuál no.
Los que no ha previsto que el Esposo puedan tardar, no están preparados para esa eventualidad. Son necios (calificativo usado anteriormente por Mateo en su evangelio). Estos discípulos se quedaran sin participar del banquete de bodas y Jesucristo renegará de ellos: "no os conozco"
Los que han previsto la posible tardanza, están provistos para la espera, son discípulos sensatos. Éstos comparten con el Esposo la mesa.
Para profundizar en qué significa ser sensato o necio ver la entrada "Hay que ser listo para entrar en el Cielo"
Comentarios bíblicos, notas de exégesis, a los Evangelios de la liturgia del Domingo de la Iglesia católica romana
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miércoles, 2 de noviembre de 2011
miércoles, 5 de octubre de 2011
No se puede venir sin traje de fiesta: Mateo 22 ·1-14 - Domingo XXVIII - Ciclo A
En el capítulo anterior, Jesús realiza la purificación del gran Templo de Jerusalén, expulsando a los comerciantes. Los dirigentes judíos entonces le cuestionan: ¿Con qué autoridad haces esto?
Jesús se enfrenta a ellos con tres parábolas demoledoras que hemos estado viendo los últimos domingos y hoy terminamos: la de los dos hijos, la del dueño de la viña, y ésta de la boda del hijo del rey.
Ésta se parece mucho a la anterior, cambiando la imagen de la viña por la de un banquete de bodas. Excepto la parte final, en que Jesús deja de referirse a los dirigentes judíos y se dirige a sus discípulos: todos estamos invitados al Reino (el banquete de bodas del Hijo), pero eso tiene sus exigencias (el traje de fiesta). La fuerza de la advertencia de Jesús es mayor en cuanto dentro de la historia es imposible (como casi todos sus elementos): se le exige un traje de fiesta a un indigente a quien se ha encontrado e invitado cuando pedía en un cruce.
Jesús se enfrenta a ellos con tres parábolas demoledoras que hemos estado viendo los últimos domingos y hoy terminamos: la de los dos hijos, la del dueño de la viña, y ésta de la boda del hijo del rey.
Ésta se parece mucho a la anterior, cambiando la imagen de la viña por la de un banquete de bodas. Excepto la parte final, en que Jesús deja de referirse a los dirigentes judíos y se dirige a sus discípulos: todos estamos invitados al Reino (el banquete de bodas del Hijo), pero eso tiene sus exigencias (el traje de fiesta). La fuerza de la advertencia de Jesús es mayor en cuanto dentro de la historia es imposible (como casi todos sus elementos): se le exige un traje de fiesta a un indigente a quien se ha encontrado e invitado cuando pedía en un cruce.
miércoles, 13 de enero de 2010
C Domingo ordinario 2º - Juan 2, 1-11
Jesús realiza siete "signos" (número de plenitud) en el evangelio de Juan para "hacer crecer la fe de sus discípulos". El de Caná es el primero.
La relación de Dios con su pueblo es simbolizada en los profetas del Antiguo Testamento con la imagen de unas bodas. Aquí la de Jesús (en el capítulo siguiente Juan Bautista se refiere a él como el esposo) con el pueblo.
Este signo es relacionado por Jesús con su "hora", que es su pasión salvadora. En ambos momentos está presente María, y en ambas ocasiones Jesús la llama "mujer" en vez de madre. Ella es figura de todo judío, de todo creyente, que espera en Dios la salvación y la reconoce en Jesús.
El pueblo judío de las purificaciones (para el que están las seis tinajas -número de algo incompleto-) no tiene vino (ni siquiera agua: están vacías). Jesús colma al pueblo.
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