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viernes, 15 de marzo de 2024

B Cuaresma 5º - Juan 12 ·20-33 Si el grano de trigo muere

Nos encontramos en Jerusalén, donde Jesús acaba de entrar montado en un pollino. Se va a celebrar la fiesta de la Pascua.
Hasta ahora, Jesús anuncia su mensaje a Israel, el pueblo escogido. Aquí se presentan unos "griegos" (o sea, unos "no-judíos") que quieren ver Jesús, y dos apóstoles, ambos con nombres griegos, y procedentes de una aldea fuera de los límites de Palestina, interceden por ellos.
Jesús responde que ha llegado "la hora", refiriéndose con esa expresión a su muerte, y que al morir como el grano que cae en tierra, "da mucho fruto" -eso incluiría a los "griegos"-. Más adelante vuelve hacer referencia a su muerte, hablando de la cruz como si fuese una exaltación -"cuando yo sea elevado"-, y repite la universalidad del fruto de su entrega: "atraeré a todos hacia mí" (el "todos" incluye a los "griegos").
Al hablar de su inminente muerte, Jesús dice "ahora mi alma está agitada" [también se siente así en capítulo anterior ante la tumba de su amigo Lázaro, y en le siguiente al anunciar la traición de Judas], angustia que los otros evangelistas sitúan en el huerto de Getesemaní, pero se trata de la misma situación vital de Jesús narrada de distinta forma. La reacción de Jesús es también la de aceptar la voluntad del Padre: "Por esto he venido, para esta hora, ¡Padre, glorifica tu nombre!".

miércoles, 12 de marzo de 2014

A Cuaresma 2º Mateo 17, 1-9 El rostro resplandeciente de Jesús

Evoca Éxodo, particularmente el capítulo 24 (desde el verso 15): el monte, la nube luminosa, la voz de la nube, la referencia a seis días, el rostro brillante, el temor, las tiendas, la presencia de Moisés... Jesús es el nuevo Moisés (más adelante, en el verso 13, Jesús identifica al Bautista como el nuevo Elías, personaje presente también en esta escena).
El centro del relato parece ser la declaración de Dios (la nube luminosa es signo de su presencia): "Este es mi hijo amado, escuchadle" (v. 5). El espanto de los discípulos (v. 6) al oir la voz significa que reconocen que es Dios el que habla.
En el salmo 2, tales palabras (en v. 7) entronizan al rey. Jesús es el ungido de Dios, descendiente de David, que instaura el nuevo reino.

El último versículo forma paarte de un diálogo posterior de Jesús con sus discípulos, hasta el v. 13. Jesús alude a su muerte y resurrección como el acontecimiento desde el que se puede interpretar correctamente lo visto y oído en el monte.