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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Los dos hijos: Mateo 21·28-32 - Domingo XXVI - A

 La parábola de este domingo usa la misma imagen que la del domingo pasado: el dueño de una viña que manda trabajadores a su viña.
Sin embargo, hemos dado un salto cualitativo dentro del desarrollo del evangelio de Mateo, pasando del capítulo 20 al 21.
En medio de las dos parábolas han sucedido acontecimientos tan importantes como la entrada de Jesús en Jerusalén montado en un pollino y la expulsión de los vendedores del Templo.
Ante esta última acción de Jesús, los dirigentes judíos le reclaman: "¿Con qué autoridad haces esto?". En vez de responder, Jesús les lanza una pregunta relativa al bautismo de Juan, si era de carácter divino o humano.
Justo a continuación viene esta parábola, que en su contexto continúa la denuncia que Jesús hace de los dirigentes judíos y su defensa de Juan Bautista. La clave de la interpretación que el evangelista da a la parábola está en el último versículo que se lee: "Vino Juan a vosotros enseñándoo el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeyron".
Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo son pues como el hijo que dice al padre que va a trabajar a su viña pero luego no va, pues no han recapacitado ante el mensaje de Juan y de Jesús; en cambio los publicanos y las prostitutas, que son como el hijo que ha contestado negativamente al mandato del padre por la vida que llevan, pero luego sí han ido a trabajar a la viña, pues sí han aceptado el anuncio de Juan y de Jesús, y por tanto han cambiado de vida.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

C Domingo 24º Lucas 15, 1-32 Parábolas de Misericordia

Estamos en el que, para muchos, es el corazón del evangelio de Lucas. Este capítulo ha sido ya comentado en Cuaresma. Puedes leerlo aquí.
Nos detenemos en algún detalle de las dos primeras parábolas (las de obligada lectura este domingo -no así la tercera).
Son paralelas, protagonizadas por un hombre y una mujer respectivamente, algo que Lucas acostumbra a hacer.
Ambas parábolas comparan la alegría de un pastor o de una mujer que encuentran lo perdido a la alegría del cielo por un pecador que se convieten. Tal alegría es más grande que la de consevar lo que ya se tiene: las 99 ovejas restantes, las nueve ovejas restantes así como los justos que no necesitan conversión.
A pesar de que la conclusión habla de conversión, ésta no sucede en las historias. Las historias habla de la actividad del pastor o de la mujer -que representan a Dios o a Jesús-, sus esfuerzos denodados por encontrar lo perdido, pero no se muestra ninguna actividad de la oveja perdida ni, por supuesto, de la moneda perdida. Tampoco la historia muestra el perderse como un mal moral, como sería el pecado.
Por tanto, estas parábolas nos muestran sobre todo cómo es Dios con los pecadores y -más que hablar de lo que debe hacer el pecador para convertirse- muestra cuál debe ser el comportamiento de los justos (en este caso de los escribas y fariseos, en último término de los lectores): la de alegrarse.

miércoles, 10 de marzo de 2010

C Domingo Cuaresma 4º - Lc 15, 1-3. 11-32 El hijo pródigo

Este capítulo, central en Lucas, expone un comportamiento de Jesús que a continuación justifica con tres parábolas (en la liturgia dominical sólo se lee la tercera).
Los judíos más piadosos (escribas y fariseos) critican Jesús que coma con los judíos más perdidos (cobradores de impuestos -o publicanos- y pecadores), como ya hicieran en 5, 29. En esa sociedad, compartir la comida era una ceremonia muy importante, que identificaba socialmente (en el capítulo anterior 14, 7-14 el mismo Jesús da normas a sus discípulos sobre cómo proceder en ellas). Las invitaciones que hace Jesús son muy llamativas y escandalosas.
Lucas explica en tres parábolas que Dios se alegra de encontrar lo perdido, como el pastor a la oveja, la mujer a la moneda, y el padre a uno de sus dos hijos, siendo las dos últimas propias de él. Identifica a los publicanos y pecadores con los perdidos.
La novedad de la tercera es el papel del primogénito, que no participa de esa alegría, negándose a participar de la comida preparada por el padre. Más que a los escribas y fariseos (que propiamente nunca aceptaron a Jesús), Lucas se refiere a los cristianos que se consideran justos por sus acciones.
Ambos hijos esperaban que el menor recibiera su "merecido", por lo que a los dos les sorprende la inusual reacción del padre.