Lo asemeja a cuando Moisés levantó una serpiente de cobre en el desierto de modo que todo el que recibía una mordedura mortal de serpiente, al mirar la de cobre quedaban curado (acontecimiento que se proclama en la primera lectura de esta fiesta).
Comentarios bíblicos, notas de exégesis, a los Evangelios de la liturgia del Domingo de la Iglesia católica romana
domingo, 31 de agosto de 2025
Exaltación de la Santa Cruz - Juan 3 · 13-17
Lo asemeja a cuando Moisés levantó una serpiente de cobre en el desierto de modo que todo el que recibía una mordedura mortal de serpiente, al mirar la de cobre quedaban curado (acontecimiento que se proclama en la primera lectura de esta fiesta).
domingo, 18 de mayo de 2025
C Pascua 6º - Juan 14, 23-29 La relación del discípulo con la Trinidad
Estas palabras las pronuncia Jesús durante su última cena, después de haber lavado los pies a sus discípulos.
Judas, no el Iscariote, la hace una pregunta a Jesús, justo en el versículo anterior, el 22: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?».
El texto que se proclama en la liturgia es la respuesta de Jesús, a la que le falta su última frase, en la que dice: "Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo" (versículo 30).
En el versículo siguiente, el 31, se encuentra el final original del discurso de Jesús, cuando dice "¡Levantaos, vámonos de aquí!"; si embargo no se van ni se levantan, sino que Jesús sigue hablando durante los tres siguientes capítulos.
En el texto de este Domingo, se muestra la Santísima Trinidad, pues Jesús habla de su Padre y del Espíritu Santo, al que califica de Paráclito.
Tras aclarar quién es discípulo suyo (el que guarda su Palabra), revela la relación de cada persona divina con sus discípulos:
- El Padre hace morada -junto a Él mismo- en el discípulo (no dice que también lo hace el Espíritu Santo, porque éste aún no ha sido derramado).
- El Espíritu Santo es maestro interior del discípulo, y su paráclito, esa figura antigua en la que otra persona hacía de valedor, de defensor.
- Jesús es el que da la Palabra -que es de su Padre-, que la guarda quien le ama, Y a quien la guarda, además de morar en él junto a su Padre, le da su paz , distinta a la del mundo.
martes, 20 de agosto de 2024
B 21º Juan 6 · 60-69 La crisis de los discípulos
Llegamos al final del capítulo 6º -a falta de dos versículos-, y con ella termina la incursión del ciclo B (cuyo evangelista de referencia es san Marcos) en el evangelio de san Juan. La liturgia se salta un versículo respecto al evangelio del domingo pasado, el 59: "Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún".
La tensión que Jesús ha mantenido con "los judíos" en los domingos anteriores, estalla en los discípulos de Jesús que se escandalizan de Jesús: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» (v. 61).
Jesús responde a sus críticas afirmando: "Las palabras que os he dicho son espíritu y vida". (v. 63)
Ante la firmeza de Jesús, se produce la gran crisis en su discipulado: "Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él." (v. 66)
Jesús pregunta a sus discípulos más cercano, a los Doce, sobre su postura: «¿También vosotros queréis marcharos?» (v. 67)
El portavoz de los Doce, Pedro, le responde confirmando lo que Jesús acaba de decir sobre sus palabras: «Señor, Tú tienes palabras de vida eterna» (v, 68), a la que añade una confesión de fe: «nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (v. 69). Es la única vez que la expresión "Santo de Dios" aparece en este evangelio e indica que Jesús es alguien que pertenece a lo divino.
Jesús desvela porqué algunos creen en Él, como los Doce, y otros no, como los judíos y los "muchos discípulos" que no siguen con Él: "Sus palabras son espíritu", y para aceptar su Palabra se necesita el Espíritu: "El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para
nada" (v, 63); los que no creen no se guían por el Espíritu, sino por su propia comprensión humana ("la carne") y, por tanto, no pueden creer. Ya en el capítulo 3º, Jesús dijo a Nicodemo: «El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu» (vv. 6-7).
lunes, 12 de agosto de 2024
B 20º Juan 6 · 51-58 Jesús da su carne por la vida del mundo
La perícopa de este domingo comienza repitiendo el último versículo del domingo pasado, el 51, en el que Jesús hace esta asombrosa afirmación: "el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo".
Eso provoca inmediatamente la reacción incrédula de los judíos: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?», pues hacen una interpretación literal de lo dicho por Jesús.
No hay que confundir la palabra "carne" con la palabra "cuerpo", pues no tienen el mismo significado en el Nuevo Testamento. El término "carne" ya lo utiliza San Juan en el primer capítulo de su evangelio para referirse a Jesús: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (v. 14). Esa palabra -"sarx" en el original griego- hace referencia a la condición mortal de la persona. Jesús dirá el próximo domingo, al final de este capítulo 6º: "El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada." (v. 63).
Tras el escándalo manifestado por los judíos, Jesús habla varias veces de "comer mi carne" uniéndolo a "beber mi sangre", esto último prohibido por la Ley de Moisés, pues se consideraba que la sangre contenía la vida (ver Dt 12,23). "Muchos" de sus mismos discípulos dirán: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» (v. 60).
El lenguaje que está usando Jesús hace referencia a los sacrificios de animales que se hacían en el Templo de Jerusalén, y, por tanto, al propio sacrificio de Jesús, quien ya fue presentado por Juan Bautista como un animal de sacrificio: "Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»" (1,29).
Comulgar con el sacrificio de Jesús comiendo su carne y bebiendo su sangre comunica la vida eterna: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día". Aquí ya puede contemplarse una referencia a la comida eucarística.
Creer en Jesús como el Hijo de Dios encarnado y comulgar con Él en la Eucaristía comunica la vida eterna.
miércoles, 7 de agosto de 2024
B 19º Marcos 6 · 41-51 El Padre atrae a la fe en el Pan vivo bajado del cielo
El domingo pasado empezó Jesús el llamado "discurso del pan de vida", tras multiplicar el pan el domingo anterior. Hoy continúa su diálogo con los judíos -saltándonos los versículos 36-40-, que se prolongará los dos próximos domingos.
En sus palabras previas, Jesús se identifica con el pan bajado del cielo. Los judíos arguyen que conocen a su padre y a su madre, lo llaman "hijo de José", y que, por tanto, no es verdad que haya bajado del cielo. Ellos no pueden creer lo anunciado por el evangelista en el prólogo: "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Juan 1, 14).
El domingo pasado, ya Jesús incitó a la fe en Él: «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado» (v. 29). En la perícopa de hoy, ante las resistencias a la fe, vuelve a llamar a ella: "el que cree tiene vida eterna".
La fe es presentada como un don del Padre: "Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado". Escuchar a Dios -el Padre- conlleva creer en Jesucristo: "Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí".
Más aún, solo creyendo en Jesús se puede conocer a Dios: "No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ése ha visto al Padre", y ése que "está junto a Dios" es Jesús, "el Verbo que se hizo carne": "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios" (Juan 1,1) . Solo Jesús, ha visto a Dios Padre y solo Él nos lo puede conocer, como ya enseñó el evangelista en el prólogo: "A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer" (Juan 1, 18)
El fruto de la fe en Jesús es la vida eterna: "el que cree tiene vida eterna", "yo lo resucitaré en el último día".
En esta perspectiva de la vida eterna, Jesús aquí se presenta como "el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre", a diferencia del maná que los padres de los judíos "comieron en el desierto y murieron". El pan vivo es el mismo Jesús, su persona, "el Verbo se hizo carne".
Es lo último que declara Jesús en esta perícopa y que escandalizará a los judíos: "el pan que yo daré es mi carne". Con este mismo versículo comienza el evangelio del próximo domingo.
lunes, 29 de julio de 2024
B 18º Jn 6 · 24-35 Jesús ha bajado del cielo para dar vida
El domingo pasado iniciamos un conjunto de cinco domingos reflexionando el capítulo 6º del evangelio de san Juan. En la perícopa anterior, Jesús dio de comer a cinco mil varones con cinco panes. Nos hemos saltado los versículos del 16 al 23.
En la perícopa de hoy se hace alusión al hecho de que Moisés "dio pan del cielo" al pueblo. Por eso, la Iglesia ha escogido como primera lectura ese relato en el capítulo 16º del libro del Éxodo (vv. 2-4. 12).
Jesús corrige a los judíos y, tal como relata la lectura del Éxodo, precisa que "no fue Moisés quien os dio pan del cielo", sino que fue Dios, a quien llama "mi Padre", y añade que "es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo".
Luego explica los beneficio de ese pan que da el verdadero pan: "el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo".
Pero los judíos le entienden mal, porque piensan que está hablando de algún tipo de pan como el maná del desierto, y por eso le piden, para conseguir esos efectos beneficiosos: «Señor, danos siempre de este pan»
Entonces Jesús aclara cuál es ese pan: «Yo soy el pan de vida». Jesús es el Hijo de Dios que ha bajado del cielo y se ha encarnado. Su persona es la comida que da vida: «El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».
Justamente, creer en Él es lo que Dios quiere que hagamos: «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado».
Con esta conversación, Jesús pretende que los judíos superen el buscarle por propio interés, "no porque habéis visto signos,
sino porque comisteis pan hasta saciaros", y en cambio trabajen "no por el alimento
que
perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna", que es justamente el alimento que da Él, que es en realidad Él mismo que se da, creyendo en Él.
viernes, 26 de julio de 2024
B 17º Juan 6 · 1-15 Jesús realiza el signo del pan
El domingo pasado dejamos a Jesús "enseñando muchas cosas" a la multitud que se había congregado con Él y los "apóstoles" en un lugar desierto, donde habían ido "a descansar un poco".
A continuación, San Marcos relata cómo Jesús manda a sus discípulos que den de comer a la multitud, realizando la multiplicación de "cinco, y dos peces".
Pero la liturgia, en vez de continuar con la lectura del evangelio de Marcos, nos propone, siguiendo el mismo tema, el llamado "discurso del pan" del evangelio de san Juan, a lo largo de cinco domingos seguidos, para luego volver al evangelio correspondiente a este ciclo B, con el capítulo 7 de san Marcos, saltándose el relato de la multiplicación, ya que hoy se presenta la versión de san Juan. Esta introducción de un capítulo de san Juan se debe a la brevedad del evangelio de Marcos, que no llena todo su ciclo litúrgico.
En el texto joánico, Jesús es presentado como el nuevo y definitivo Moisés a través de varias "pistas", encuadradas en la indicación de que "estaba cerca la Pascua". Igual que en la Pascua del Éxodo el pueblo el pueblo pasó el mar Rojo, siguiendo una multitud a Moisés; quien luego subió al monte; y realizó prodigios; así Jesús "marchó a la otra parte del mar de Galilea", "lo seguía mucha gente", "subió Jesús entonces a la montaña", y la gente "habían visto los signos" que hacía Jesús. E igual que Moisés dio de comer al pueblo hambriento, Jesús hará lo mismo con esta multitud que le escucha.
A diferencia del relato de Marcos, en este evangelio es Jesús y no los discípulos quien se percata de la necesidad de la multitud. En el diálogo con Felipe y con Andrés éstos le presenta la imposibilidad de alimentarlos: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo» le contesta Felipe; «aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?», le dice Andrés.
Jesús, en cambio, "tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió", lo cual no sólo hace referencia a la Cena de la Pascua judía, sino que son los verbos que identifican la Cena del Señor, la Eucaristía.
La multiplicación de los panes remite al maná del desierto en tiempos de Moisés.
Los doce canastos de sobras de pan hacen referencia al grupo de los Doce.
Ante este "signo" de Jesús, la gente reconoce que Él es el nuevo Moisés: «Éste es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo». Se cumple en Él lo prometido en Dt 18,15.18: "El Señor, tu Dios, te suscitará de entre los tuyos, de entre tus hermanos, un profeta como yo."
Sin embargo, la gente malinterpreta el signo e intentan hacer a Jesús el líder de una revuelta política: "iban a llevárselo para proclamarlo rey"; por lo que Jesús tuvo que huir de ellos: "se retiró otra vez a la montaña él solo"
viernes, 10 de mayo de 2024
Pascua 8º Pentecostés Juan 20 · 19-23 Sopló sobre ellos
Este evangelio ya fue proclamado el 2º domingo de Pascua. Y es el mismo en todos los ciclos, en ambos domingos.
La comunidad de discípulos de Jerusalén se encuentra reunida el mismo día que en que resucitó Jesús.
Han cerrado las puertas el entorno hostil, que les provoca miedo.
Jesús se presenta en medio de y les comunica su paz, por dos veces.
Quienes reconocen su presencia, se llenan de alegría.
A la vez que les comunica la paz, Jesús hace el envío misionero, para lo cual les comunica el Espíritu Santo (esto acontece "al anochecer" del mismo día de la resurrección de Jesús., no 50 días después) y les hace mediadores (a todos los discípulos, no sólo a los apóstoles) del perdón de Dios: "a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados". En este evangelio de Juan, "pecados" se refiere propiamente a la posición que se toma contra Jesús: "un pecado, porque no creen en mí" (16, 9).
miércoles, 1 de mayo de 2024
B Pascua 6º - Juan 15 · 9-17 El amor de Jesús y el amor mutuo
Es un trozo de un largo discurso de Jesús que termina para dirigirse al huerto de los Olivos (capítulo 18)
El contexto es la última cena, donde ha hecho el gesto de lavar los pies a sus discípulos (capítulo 13).
Está usan la comparación de la vid y los sarmiento. Esta perícopa es la continuación de la leída el domingo pasado: B Pascua 5º - Juan 15 ·1-8 Vid y sarmientos. Sigue hablando, como entonces, de "permanecer" como el sarmiento en la vida, para dar "fruto".
Además, introduce el tema del amor, en específico, por el amor de amistad. Jesús ama a sus discípulos como el Padre le ama a él. Es un amor que da la vida por sus amigos, siendo sus amigo sus discípulos, pues así los ha hecho al compartirles la revelación. Esa revelación colma de alegría a los discípulos, con la alegría de Jesús.
Jesús espera que sus discípulos quieran permanecer en él, que sean sus amigos, lo que se muestra en el cumplimiento de lo mandado por Él. Lo que Jesús manda a sus discípulos es que vivan su amor entre ellos. Vivir el amor mutuo parece ser el fruto propio del sarmiento unido a la vid.
lunes, 22 de abril de 2024
B Pascua 5º - Juan 15 ·1-8 Vid y sarmientos
El contexto es la última cena, donde ha hecho el gesto de lavar los pies a sus discípulos (capítulo 13).
En esta parte usa la comparación de la vid, de cuyo tronco -la cepa- nacen las tiernas y largas ramas llamadas sarmientos, que dan las hojas y los racimos de uvas. Estas ramas se usaban también para encender hogueras, una vez cortadas y secas. En el país de Jesús abundan las viñas.
Jesús se identifica con la vid y a sus discípulos con los sarmientos. La comparación expresa la unidad entre Jesucristo y sus discípulos; como lo muestra el hecho de que desde el versículo 4 al diez de este capítulo 15 aparece 9 veces la palabra "permanecer".
Los efectos de la permanencia de los discípulos con Jesús son los mismos que la de los sarmientos con la vid: mientras permanecen unidos, dan fruto; cuando son cortados, se usan para el fuego. La palabra "fruto" sale seis veces desde el versículo 2 al 8, señal de su importancia; Juan enlaza el hecho de dar fruto al de ser discípulos (v. 8)
B Pascua 2º - Juan 20 · 19-31 El Resucitado funda la Iglesia
La primera vez incluye el envío misionero, para lo cual les comunica el Espíritu Santo (en el mismo día en que resucitó, no 50 días después) y les hace mediadores (a todos los discípulos, no sólo a los apóstoles) del perdón de Dios.
La segunda ocasión proclama una nueva bienaventuranza, dirigida a los lectores del Evangelio: "Dichosos los que crean sin haber visto", los que crean por el testimonio de la comunidad, y no como hace Tomás. Para eso fue escrito el evangelio, como dice el versículo final: "se han escrito para que creáis".
El resucitado es el mismo que fue crucificado (no es un fantasma), como se indica al mostras sus manos y el costado, lo que provoca alegría en quienes le reconocen.
viernes, 15 de marzo de 2024
B Cuaresma 5º - Juan 12 ·20-33 Si el grano de trigo muere
Hasta ahora, Jesús anuncia su mensaje a Israel, el pueblo escogido. Aquí se presentan unos "griegos" (o sea, unos "no-judíos") que quieren ver Jesús, y dos apóstoles, ambos con nombres griegos, y procedentes de una aldea fuera de los límites de Palestina, interceden por ellos.
Jesús responde que ha llegado "la hora", refiriéndose con esa expresión a su muerte, y que al morir como el grano que cae en tierra, "da mucho fruto" -eso incluiría a los "griegos"-. Más adelante vuelve hacer referencia a su muerte, hablando de la cruz como si fuese una exaltación -"cuando yo sea elevado"-, y repite la universalidad del fruto de su entrega: "atraeré a todos hacia mí" (el "todos" incluye a los "griegos").
Al hablar de su inminente muerte, Jesús dice "ahora mi alma está agitada" [también se siente así en capítulo anterior ante la tumba de su amigo Lázaro, y en le siguiente al anunciar la traición de Judas], angustia que los otros evangelistas sitúan en el huerto de Getesemaní, pero se trata de la misma situación vital de Jesús narrada de distinta forma. La reacción de Jesús es también la de aceptar la voluntad del Padre: "Por esto he venido, para esta hora, ¡Padre, glorifica tu nombre!".
sábado, 9 de marzo de 2024
B Cuaresma 4º - Juan 3 · 14-21 El amor de Dios salva
Jesús habla de un modo que identifica su crucifixión con su éxito, llamando a ambas cosas "ser levantado": el alzar de la cruz y el alzar del éxito de su misión.
Lo asemeja a cuando Moisés levantó una serpiente de cobre en el desierto de modo que todo el que recibía una mordedura mortal de serpiente, al mirar la de cobre quedaban curado. Lo mismo pasa con la cruz: salva al que se adhiere a ella.
Esta "elevamiento" de Jesús es a la vez fuente que ilumina. Por eso quien no obra como Dios quiere no se acerca a la cruz salvadora para no ser delatado por la Luz. Eso implica una autocondena, pues no acepta los efectos salvadores de la cruz.
lunes, 26 de febrero de 2024
B Cuaresma 3º Juan 2, 13-25 La "purificación" del Templo
Esta es una de las pocas escenas que narran los 4 evangelistas, pero mientras en los sinópticos se sitúa poco antes de su pasión, en este evangelio de Juan está al principio, enmarcando la actividad pública de Jesús, que se manifiesta así como el Mesías, pues se esperaba que el mesías purificara el Templo cuando llegase.
El signo de la purificación del Templo, Jesús lo realiza durante la fiesta de Pascua. El evangelista usa un juego de palabras para hacer referencia a la Pascua de Jesús, es decir, su muerte y resurrección:
- "templo" se refiere tanto al de Jerusalén como al cuerpo resucitado de Jesús, el nuevo templo.
- "levantar" el templo destruido se refiere tanto a volver a construir el de Jerusalén si fuese destruido como a resucitar (que en el griego del texto es "levantar") el cuerpo (el nuevo templo) muerto (destruido) de Jesús. De ahí que habla de levantarlo en tres días, pues Jesús resucitará al tercer día de su muerte.
Como el nuevo culto a Dios se va a realizar en el nuevo templo, que es el Resucitado, ya no harán faltas ni las monedad ni los animales, y por eso Jesús puede sacarlos del templo; porque hasta entonces, los peregrinos que venían al Templo necesitaban cambiar la moneda romana, impura para el Templo por tener la imagen del César, por una moneda judía, y necesitaban animales para poder ofrecer los sacrificios.
Por otro lado, el evangelista plantea dos tipos de fe:
- la fe de los judíos en Jesús, que se basa en ver signos para creer: está fe es rechazada por Jesús.
- la fe de los discípulos, que se basa en el recuerdo de lo vivido con Jesús, que les hace comprender el significado de los hechos que pasarán posteriormente.
jueves, 5 de enero de 2023
A - Jesús es bautizado por Juan: Mateo 3, 13-17
Juan reconoce con humildad la superioridad de Jesús por lo que intenta evitar bautizarlo. Pero Jesús le responde con una frase que se puede entender de diversos modos y que en el original dice así: "cumplamos toda justicia". La idea de fondo es que el proceder de Jesús y el de Dios están en sintonía.
Después de ser bautizado, Jesús tiene una visión (que no parecen percibir los demás). "Los cielos se abren": en la literatura del tiempo, eso ocurre cuando Dios va a dar una aclaración de lo que está pasando.
El Espíritu de Dios desciende sobre él. El Espíritu sobre las aguas aparece en el Génesis, antes del comienzo de la creación. Así Mateo nos indica que Jesús va a iniciar una nueva creación.
Lo hace en forma de paloma, algo inusual en los libros bíblicos, y que recuerda la paloma con la rama de olivo que significaba el fin de las aguas del diluvio.
Se oye la voz de Dios que declara a Jesús como su hijo. La expresión "mi hijo" se usa en el Antiguo Testamento para designar al pueblo de Israel o a su Rey. Así se muestra a Jesús como el que inicia un nuevo Pueblo de Dios, como el Rey esperado.
jueves, 22 de diciembre de 2022
Día de Navidad Juan 1, 1-18: Vino a su casa
Dibuja la existencia del Hijo de Dios desde antes de la Creación hasta su presencia en la comunidad a la que escribe su evangelio.
En la celebración de Navidad nos interesa particularmente los versículos centrales, del 11 al 14a, que aluden a su Encarnación: "Vino a su casa", "la Palabra se hizo hombre". El verso 17 nos da el nombre de ese "hombre": Jesús.
Se resalta el efecto de acoger a esta "Palabra encarnada": quien acepta a Jesús como Hijo de Dios nace de Dios y se hace "hijo de Dios"
domingo, 30 de marzo de 2014
A Cuaresma 5º Juan 11,1-45 El que cree en Jesús no muere
Del evangelio de este domingo se puede proclamar un versión litúrgica breve.
El relato presenta una íntima amistad entre Jesús y un grupo de hermanos, que puede ser una parábola de las relaciones del Señor con la Iglesia: "Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro". Jesús llegará a conmoverse hasta las lágrimas (v. 35).
El acontecimiento, según Jesús, manifiesta la gloria de Dios. Lo repite dos veces (vv. 4 y 40).
Para ello es necesario la fe en Él, que reclama a las hermanas (vv. 26 y 43). Ello lleva a una declaración de fe ejemplar, un versículo central en esta capítulo: "Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo".
Así, el creyente alcanza la vida eterna: "El que cree en mí, no morirá para siempre"
La re-vivificación de Lázaro es signo de ello, pues vuelve a la vida a pesar de que su muerte era ya definitiva, pues habían pasado tres días, dato en el que se insiste (vv 17 y 39), gracias a la palabra de Jesús.
martes, 25 de marzo de 2014
A Cuaresma 4º Juan 9, 1-41 El ciego de nacimiento
El contexto es de una fuerte persecución contra Jesús, como se indica en los versículos previos:
"Entonces tomaron piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo" (8, 59). No se amedrenta y proclama: "Mientras sea de día, nos es necesario hacer las obras del que me envió" (v. 4). Realiza una curación que aumenta la tensión con los fariseos, quienes expulsan al curado de la comunidad judía. Al enfrentarse a Jesús nos dan la clave de este capítulo:
"Al oír esto, algunos de los fariseos que estaban con él le preguntaron: «¿Acaso también nosotros somos ciegos?» Jesús les respondió: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado; pero ahora, como dicen que ven, su pecado permanece.»" (vv. 40-41)
Por tanto, la ceguera de la que se trata no es tanto una cuestión física, sino el empecinamiento en no reconocer a Jesús, al que llaman pecador, a pesar del signo mesiánico que realiza (ya anunciado por Isaías 35, 4-5:"he aquí que vuestro Dios viene con venganza, con retribución; Dios mismo, Él vendrá y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos"), y en su frenesí pretenden negar la evidencia, intentando demostrar que el curado no había sido ciego, y al no conseguirlo lo eliminan de las relaciones sociales.
En cambio, el curado se muestra fiel hasta el extremo a Aquel que le ha hecho ver, por lo que termina en una confesión de fe en el Hijo de Dios: "él dijo: «Creo, Señor.» Y lo adoró" (v. 38)
jueves, 20 de marzo de 2014
A Cuaresma 3º Juan 4, 5-42 El manantial interior que sacia la sed
Comentamos alguna nota de la versión breve del evangelio de este domingo tercero:
- Los samaritanos se había separado de los judíos (no se hablan: v. 9); los cismáticos habían establecido en el monte Garizím un templo alternativo al judío de Jersualén. Jesús que ya había declarado nulo el culto en el templo de Jersualén (Juan 2) ahora también declara sin valor el del templo de Garizím (v. 21). Jesús inaugura un nuevo culto: "los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto" (v. 24). La razón es que "Dios es espíritu"
- Jesús ofrece su agua para que no se vuelva a tener sed: "el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna" (v. 13). Jesús se refiere al Espíritu Santo que va a dar (en 20, 20). Ya en la tradición profética Dios es simbolizado como agua viva, frente al agua estancada que son los ídolos (ver Jeremías 2,13)
jueves, 12 de enero de 2012
Juan 1 · 35-42: Vocación - Domingo II B
Sigue la dinámica joánica del testimonio: se habla de lo que se ha visto u oído personalmente. Así, el Bautista habla de Jesús sobre el cual, en el verísculo anterior, ya había dicho: "Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios". Al "oír" su testimonio, dos discípulos suyos siguen a Jesús, y después de "ver" dónde vivía, uno de ellos da testimonio sobre Jesús a su hermano, el cual, al "oir" va al encuentro de Jesús.
El testimonio que se da sobre Jesús es que él es "El Cordero de Dios" y el "Mesías" o "Ungido".
Ya antes el Bautista había llamado a Jesús "Cordero de Dios" (en el v. 29), que h ace referencia al cordero que se sacrificaba para la celebración de la Pascua que liberó al pueblo de la opresión de Egipto. Así, Jesús es presentado como aquel con cuyo sacrificio el pueblo va a ser liberado "del pecado del mundo" (v. 29). Siendo así, es el "Mesías" anunciado por los profetas para la liberación del pueblo.