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jueves, 13 de agosto de 2026

A 20 Mt 15, 21 - 28 Jesús alaba la fe de una mujer pagana

San Mateo recrea una historia que copia a San Marcos 7, 24-30 (un texto que no viene en la liturgia de su ciclo). De ella, repite el refrán judío que ponen en boca de Jesús: "No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros", muestra del desprecio que sentían hacia los que no compartían su fe. Los evangelistas suavizan la expresión con la que llaman a los paganos, poniéndola en diminutivo: "perritos". La referencia al pan nos hace conectar con la multiplicación de panes realizada por Jesús hace dos domingos: ya ha sido ofrecido a los hijos; pero los hijos, representados por los fariseos, han rechazado el pan de Jesús, como muestran los versículos primeros del capítulo 15, que la liturgia se ha saltado respecto al domingo pasado.

Jesús está caminando, no en una casa como en san Marcos, cuando se presenta la mujer pagana -cananea-. Entonces san Mateo crea una tensión con tres negativas de Jesús: primera, no contesta a los gritos de la mujer que va tras ellos; segunda, se niega a ceder cuando sus discípulos interceden por ella; y tercera, se niega con el refrán dicho cuando ella se pone delante de Él y se postra.

En sus gritos, la mujer lo llama "Señor Hijo de David", lo cual implica reconocer en Jesús al Mesías esperado, descendiente del rey David.

En la segunda negativa, Jesús se excusa afirmando que «solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Aunque ya ha curado a un pagano antes, el criado de un centurión romano en Cafarnaúm (capítulo 8), es cierto que da el mismo criterio cuando envía a sus Apóstoles, cinco capítulos antes: "No vayan a regiones paganas... vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel” (10,5-6). Criterio que Jesús cambia tras su resurrección: "Jesús se acercó a ellos y les dijo: Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced mis discípulos a todos los habitantes del mundo" (28, 18-19).

En la tercera negativa, en ambos evangelistas la mujer replica a Jesús: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos», y es entonces cuando es curada su hija. Ante esta respuesta, san Mateo introduce un comentario de Jesús que no viene en san Marcos: «Mujer, qué grande es tu fe». ¿En qué ve Jesús esa grandeza de la fe de la cananea? Es difícil determinarlo, pero se corresponde con la alabanza que hizo al otro pagano, el centurión de Cafarnaúm: "De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe" (8,10). Tampoco en los versículos precedentes encontró fe en los fariseos, como tampoco la tuvo san Pedro en el evangelio del domingo pasado, cuando Jesús tiene que sacarlo del agua a la vez que le dice: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?» (14,31). Las dos súplicas que había recibido Jesús eran similares: «Señor, sálvame» cuando san Pedro se hundía en el agua (14,30) y el «Señor, ayúdame» de la pagana; pero distintas las calificaciones que recibe la fe de cada uno por parte de Jesús.

viernes, 7 de agosto de 2026

A 19 Mateo 14, 13 - 21 ¿Por qué has dudado?

 Este es un relato complejo, con muchas imágenes bíblicas, que responde a las dudas de la comunidad de san Mateo sobre la presencia de Dios debido a las dificultades que están experimentando (no hay que confundir la escena de hoy con una situación similar en el lago, donde Jesús está dentro de la barca dormido y la barca está a punto de hundirse.. En el evangelio, las dificultades están simbolizadas en el viento en contra que tienen los discípulos para remar (viento que no siente Jesús en el monte donde está orando), así como la oscuridad que les rodea al ser de noche, oscuridad que sienten los discípulos en su interior y les hace dudar, y también las olas de las aguas, que en la Biblia representa el caos, el mal que les afecta. 

San Mateo sigue el relato original de san Marcos 6,45-52. Pero introduce dos novedades importantes: el diálogo entre Jesús y Pedro respecto a andar sobre las aguas, que es exclusivo de este evangelista -él suele resaltar la figura de san Pedro-, y un final modificado, donde Jesús es reconocido como Hijo de Dios por los discípulos, mientras san Marcos solo dice que "ellos estaban en el colmo del estupor".

Cuando Jesús se acerca a ellos andando sobre las aguas, algo que solo hace Dios en la Biblia, mostrándose así como Dios, ya es la madrugada, fin de la oscuridad y comienzo de la claridad, tanto exterior como la interior de los discípulos. Jesús les infunde valor y les dice "Yo soy", que hace referencia a la identidad de Dios manifestada en el Antiguo Testamento. Su entrada en la barca hace que el viento, la dificultad, amaine, lo que hace que los discípulos adoren a Jesús mientras confiesan: «Realmente eres Hijo de Dios», que hasta ahora solo lo ha dicho la voz que se oyó en su bautismo.

Cuando Jesús llega andando sobre las aguas, los discípulos gritan asustados porque creen ver un fantasma, siendo extraño que no le reconozcan porque han estado con Él hace solo unas horas y el aspecto de Jesús no ha cambiado; pero sí habitual en los relatos de las apariciones del Resucitado, donde tampoco le reconocen y a veces también creen que es un fantasma. Eso indica que san Mateo está hablando de la presencia del Resucitado en la Iglesia, representada por la barca de los discípulos.

El encuentro entre Jesús y san Pedro representa las dudas de todo creyente cuando afronta dificultades que le superan, que lo convierte en "hombre de poca fe", como llama a Pedro, y en la que es afrontado a sus vacilaciones: "¿Por qué has dudado?". Pedro, en su falta de fe, cree ver un fantasma con la vista, pero con su oído sí oye la voz del Señor y hace lo que le dice, lo que le capacita para andar sobre las aguas como Él, algo que nunca había hecho un ser humano en la Biblia. De nuevo, cuando deja de escuchar la Palabra y se centra en su visión, vuelve a tener miedo al ver la fuerza del viento, la fuerza de la dificultad, y empieza a hundirse. Pero el Señor sigue estando ahí, y ante su súplica de salvación, lo libra de las aguas (algo extraño porque san Pedro, que es pescador, sabe nadar, lo cual indica el sentido simbólico del relato).

El relato es una invitación a la confianza en la presencia del Señor en medio de las dificultades, aún cuando no se le perciba: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

 

domingo, 31 de agosto de 2025

Exaltación de la Santa Cruz - Juan 3 · 13-17

Jesús está respondiendo a Nicodemo, que no ve cómo puede uno nacer de nuevo siendo viejo.
En este trozo de su contestación, Jesús se presenta como el Mesías/Ungido/Enviado del Padre: "el que bajó del cielo"
Su misión es salvar la humanidad, que aquí es llamada "mundo", sin el significado negativo que tiene en otros lugares de este evangelio. Esa misión implica la Cruz, cuya exaltación celebramos hoy.
Jesús habla de un modo que identifica su crucifixión con su éxito, llamando a ambas cosas "ser levantado": el alzar de la cruz y el alzar del éxito de su misión.
Lo asemeja a cuando Moisés levantó una serpiente de cobre en el desierto de modo que todo el que recibía una mordedura mortal de serpiente, al mirar la de cobre quedaban curado (acontecimiento que se proclama en la primera lectura de esta fiesta). 
Lo mismo pasa con la cruz: salva al que se adhiere a ella. Para ser salvado es imprescindible creer en Él, que en este evangelio significa estar de parte de Jesús. 
El Enviado no condena a nadie. Jesús se presenta como un don del Padre a la humanidad, regalo debido al amor que tiene al "mundo".

martes, 20 de agosto de 2024

B 21º Juan 6 · 60-69 La crisis de los discípulos

 Llegamos al final del capítulo 6º -a falta de dos versículos-, y con ella termina la incursión del ciclo B (cuyo evangelista de referencia es san Marcos) en el evangelio de san Juan. La liturgia se salta un versículo respecto al evangelio del domingo pasado, el 59: "Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún".

La tensión que Jesús ha mantenido con "los judíos" en los domingos anteriores, estalla en los discípulos de Jesús que se escandalizan de Jesús: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» (v. 61).

Jesús responde a sus críticas afirmando: "Las palabras que os he dicho son espíritu y vida". (v. 63)

Ante la firmeza de Jesús, se produce la gran crisis en su discipulado: "Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él." (v. 66)

Jesús pregunta a sus discípulos más cercano, a los Doce, sobre su postura: «¿También vosotros queréis marcharos?» (v. 67)

El portavoz de los Doce, Pedro, le responde confirmando lo que Jesús acaba de decir sobre sus palabras: «Señor, Tú tienes palabras de vida eterna» (v, 68), a la que añade una confesión de fe: «nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (v. 69). Es la única vez que la expresión "Santo de Dios" aparece en este evangelio e indica que Jesús es alguien que pertenece a lo divino.

Jesús desvela porqué algunos creen en Él, como los Doce, y otros no, como los judíos y los "muchos discípulos" que no siguen con Él: "Sus palabras son espíritu", y para aceptar su Palabra se necesita el Espíritu: "El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada" (v, 63); los que no creen no se guían por el Espíritu, sino por su propia comprensión humana ("la carne") y, por tanto, no pueden creer. Ya en el capítulo 3º, Jesús dijo a Nicodemo: «El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu» (vv. 6-7).


lunes, 12 de agosto de 2024

B 20º Juan 6 · 51-58 Jesús da su carne por la vida del mundo

 La perícopa de este domingo comienza repitiendo el último versículo del domingo pasado, el 51, en el que Jesús hace esta asombrosa afirmación: "el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo".

Eso provoca inmediatamente la reacción incrédula de los judíos: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?», pues hacen una interpretación literal de lo dicho por Jesús.

No hay que confundir la palabra "carne" con la palabra "cuerpo", pues no tienen el mismo significado en el Nuevo Testamento. El término "carne" ya lo utiliza San Juan en el primer capítulo de su evangelio para referirse a Jesús: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (v. 14). Esa palabra -"sarx" en el original griego- hace referencia a la condición mortal de la persona. Jesús dirá el próximo domingo, al final de este capítulo 6º: "El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada." (v. 63).

Tras el escándalo manifestado por los judíos, Jesús habla varias veces de "comer mi carne" uniéndolo a "beber mi sangre", esto último prohibido por la Ley de Moisés, pues se consideraba que la sangre contenía la vida (ver Dt  12,23). "Muchos" de sus mismos discípulos dirán: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» (v. 60).

El lenguaje que está usando Jesús hace referencia a los sacrificios de animales que se hacían en el Templo de Jerusalén, y, por tanto, al propio sacrificio de Jesús, quien ya fue presentado por Juan Bautista como un animal de sacrificio: "Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»" (1,29).

Comulgar con el sacrificio de Jesús comiendo su carne y bebiendo su sangre comunica la vida eterna: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día". Aquí ya puede contemplarse una referencia a la comida eucarística.

Creer en Jesús como el Hijo de Dios encarnado y comulgar con Él en la Eucaristía comunica la vida eterna.


 




miércoles, 7 de agosto de 2024

B 19º Marcos 6 · 41-51 El Padre atrae a la fe en el Pan vivo bajado del cielo

 El domingo pasado empezó Jesús el llamado "discurso del pan de vida", tras multiplicar el pan el domingo anterior. Hoy continúa su diálogo con los judíos -saltándonos los versículos 36-40-, que se prolongará los dos próximos domingos.

En sus palabras previas, Jesús se identifica con el pan bajado del cielo. Los judíos arguyen que conocen a su padre y a su madre, lo llaman "hijo de José", y que, por tanto, no es verdad que haya bajado del cielo. Ellos no pueden creer lo anunciado por el evangelista en el prólogo: "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Juan 1, 14).

El domingo pasado, ya Jesús incitó a la fe en Él: «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado» (v. 29). En la perícopa de hoy, ante las resistencias a la fe, vuelve a llamar a ella: "el que cree tiene vida eterna".

La fe es presentada como un don del Padre: "Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado". Escuchar a Dios -el Padre- conlleva creer en Jesucristo: "Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí".

Más aún, solo creyendo en Jesús se puede conocer a Dios: "No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ése ha visto al Padre", y ése que "está junto a Dios" es Jesús, "el Verbo que se hizo carne": "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios" (Juan 1,1) . Solo Jesús, ha visto a Dios Padre y solo Él nos lo puede conocer, como ya enseñó el evangelista en el prólogo: "A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer" (Juan 1, 18)

El fruto de la fe en Jesús es la vida eterna: "el que cree tiene vida eterna", "yo lo resucitaré en el último día".

En esta perspectiva de la vida eterna, Jesús aquí se presenta como "el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre", a diferencia del maná que los padres de los judíos "comieron en el desierto y murieron". El pan vivo es el mismo Jesús, su persona, "el Verbo se hizo carne".

Es lo último que declara Jesús en esta perícopa y que escandalizará a los judíos: "el pan que yo daré es mi carne". Con este mismo versículo comienza el evangelio del próximo domingo.

 


lunes, 29 de julio de 2024

B 18º Jn 6 · 24-35 Jesús ha bajado del cielo para dar vida

 El domingo pasado iniciamos un conjunto de cinco domingos reflexionando el capítulo 6º del evangelio de san Juan. En la perícopa anterior, Jesús dio de comer a cinco mil varones con cinco panes. Nos hemos saltado los versículos del 16 al 23.

En la perícopa de hoy se hace alusión al hecho de que Moisés "dio pan del cielo" al pueblo. Por eso, la Iglesia ha escogido como primera lectura ese relato en el capítulo 16º del libro del Éxodo (vv. 2-4. 12).

Jesús corrige a los judíos y, tal como relata la lectura del Éxodo, precisa que "no fue Moisés quien os dio pan del cielo", sino que fue Dios, a quien llama "mi Padre", y añade que "es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo".

Luego explica los beneficio de ese pan que da el verdadero pan: "el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo".

Pero los judíos le entienden mal, porque piensan que está hablando de algún tipo de pan como el maná del desierto, y por eso le piden, para conseguir esos efectos beneficiosos: «Señor, danos siempre de este pan»

Entonces Jesús aclara cuál es ese pan: «Yo soy el pan de vida». Jesús es el Hijo de Dios que ha bajado del cielo y se ha encarnado. Su persona es la comida que da vida: «El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Justamente, creer en Él es lo que Dios quiere que hagamos:  «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado».

Con esta conversación, Jesús pretende que los judíos superen el buscarle por propio interés, "no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros", y en cambio trabajen "no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna", que es justamente el alimento que da Él, que es en realidad Él mismo que se da, creyendo en Él.

lunes, 22 de abril de 2024

B Pascua 2º - Juan 20 · 19-31 El Resucitado funda la Iglesia

Dos episodio, separados por una semana (el segundo correspondería temporalmente a este domingo), donde Jesús se presenta en medio de la comunidad de discípulos de Jerusalén comunicándole su paz, reunida en el día que pasaría a llamarse domingo ("día del Señor"), cerradas las puertas por el entorno hostil (que en la primera ocación les producía miedo, no así tras la primera presentación del Resucitado en medio de ellos).
La primera vez incluye el envío misionero, para lo cual les comunica el Espíritu Santo (en el mismo día en que resucitó, no 50 días después) y les hace mediadores (a todos los discípulos, no sólo a los apóstoles) del perdón de Dios.
La segunda ocasión proclama una nueva bienaventuranza, dirigida a los lectores del Evangelio: "Dichosos los que crean sin haber visto", los que crean por el testimonio de la comunidad, y no como hace Tomás. Para eso fue escrito el evangelio, como dice el versículo final: "se han escrito para que creáis".
El resucitado es el mismo que fue crucificado (no es un fantasma), como se indica al mostras sus manos y el costado, lo que provoca alegría en quienes le reconocen.

lunes, 26 de febrero de 2024

B Cuaresma 3º Juan 2, 13-25 La "purificación" del Templo

 Esta es una de las pocas escenas que narran los 4 evangelistas, pero mientras en los sinópticos se sitúa poco antes de su pasión, en este evangelio de Juan está al principio, enmarcando la actividad pública de Jesús, que se manifiesta así como el Mesías, pues se esperaba que el mesías purificara el Templo cuando llegase.

El signo de la purificación del Templo, Jesús lo realiza durante la fiesta de Pascua. El evangelista usa un juego de palabras para hacer referencia a la Pascua de Jesús, es decir, su muerte y resurrección:

- "templo" se refiere tanto al de Jerusalén como al cuerpo resucitado de Jesús, el nuevo templo.

- "levantar" el templo destruido se refiere tanto a volver a construir el de Jerusalén si fuese destruido como a resucitar (que en el griego del texto es "levantar") el cuerpo (el nuevo templo) muerto (destruido) de Jesús. De ahí que habla de levantarlo en tres días, pues Jesús resucitará al tercer día de su muerte.

Como el nuevo culto a Dios se va a realizar en el nuevo templo, que es el Resucitado, ya no harán faltas ni las monedad ni los animales, y por eso Jesús puede sacarlos del templo; porque hasta entonces, los peregrinos que venían al Templo necesitaban cambiar la moneda romana, impura para el Templo por tener la imagen del César, por una moneda judía, y necesitaban animales para poder ofrecer los sacrificios.

Por otro lado, el evangelista plantea dos tipos de fe:

- la fe de los judíos en Jesús, que se basa en ver signos para creer: está fe es rechazada por Jesús.

- la fe de los discípulos, que se basa en el recuerdo de lo vivido con Jesús, que les hace comprender el significado de los hechos que pasarán posteriormente.

domingo, 30 de marzo de 2014

A Cuaresma 5º Juan 11,1-45 El que cree en Jesús no muere

Los domingos 3º, 4º y 5º forman una unidad dentro de la Cuaresma, sus evangelios de los capítulos 4, 9 y 11 de Juan son unas catequesis bautismales desde sus símbolos del agua, la luz y la vida.
Del evangelio de este domingo se puede proclamar un versión litúrgica breve.

El relato presenta una íntima amistad entre Jesús y un grupo de hermanos, que puede ser una parábola de las relaciones del Señor con la Iglesia: "Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro". Jesús llegará a conmoverse hasta las lágrimas (v. 35).

El acontecimiento, según Jesús, manifiesta la gloria de Dios. Lo repite dos veces (vv. 4 y 40).
Para ello es necesario la fe en Él, que reclama a las hermanas (vv. 26 y 43). Ello lleva a una declaración de fe ejemplar, un versículo central en esta capítulo: "Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo".
Así, el creyente alcanza la vida eterna: "El que cree en mí, no morirá para siempre"

La re-vivificación  de Lázaro es signo de ello, pues vuelve a la vida a pesar de que su muerte era ya definitiva, pues habían pasado tres días, dato en el que se insiste (vv 17 y 39), gracias a la palabra de Jesús.

miércoles, 16 de octubre de 2013

C Domingo 29º Lucas 18, 1-8 Orar con constancia

El mensaje de esta perícopa es claro: tenemos que orar siempre sin desanimarnos (v. 1)
No es la primera vez que Jesús, en este evangelio, enseña sobre la oración. Ya en el capítulo 11 ofrece una lección.
Hoy Jesús ilustra la necesidad de constancia en la oración con una parábola, exclusiva de Lucas.
Como las mujeres no podían alzar su voz en los procesos judiciales, las que se quedaban sin hombres en el hogar no tenían forma de hacer valer sus derechos, de ahí que esta viuda acuda directamente a la casa del juez, un juez que no le importa la opinión de los demás ni la de Dios, que no tiene interés alguno en que se haga justicia.
Si la viuda indefensa consigue justicia del juez sinvergüenza es por su constancia, que es la virtud que Jesús quiere en la oración de sus discípulos.
La traducción litúrgica pone en boca del juez esta razón para hacer caso a la viuda: "no vaya a acabar pegándome en la cara". No es que el juez tema por su integridad física, sino que usa una conocida expresión pugilística para ilustrar su situación, y se refiere a las complicaciones sociales que puede acarrearle la insistencia de la viuda. La mujer indefensa ha logrado que el juez termine temiendo a los demás, cosa que en principio no le importaba.

El último verso cambia el tono de la parábola y se refiere a la última venida de Jesucristo. Está en consonancia con la perícopa anterior que habla sobre el final de los tiempos, y que la liturgia se ha saltado.
Si en la parábola considerada en sí misma "hacer justicia" significaba valer los derechos de una persona indefensa de la que otros se habían aprovechado, en el contexto en que está situado significaría entrar en el reinado de Dios.

martes, 8 de octubre de 2013

C Domingo 28º Lucas 17, 11-19 Alabanza y agradecimiento a Jesús

Este texto es la continuación del evangelio del domingo pasado.
Lucas nos recuerda que Jesús está en camino a Jerusalén -a su pasión, muerte y resurrección-, que comenzó en 9,51 y al que aún le queda un capítulo más. Al comienzo de su viaje, los samaritanos se negaron a acoger a Jesús.
Ahora se encuentra con una decena de leprosos, que según la Ley eran impuros y debían vivir apartados (Levítico 13,  45-46). Por eso, no se acercan a Jesús sino que le hablan a gritos manteniendo la distancia. Le reconocen como Maestro. Usan una expresión de piedad con que la que los judíos solían dirigirse a Dios.
Jesús les manda a presentarse al sacerdote que tiene que verificar que están curados y declararlos puros (Lev 13), "como si" ya estuviesen curados. Los leprosos muestran una confianza en el poder de Jesús pues le obedecen, cuando aún padecen la enfermedad; y quedan sanos mientras van de camino.
Al verse sanos nueve de ellos continúan su camino hacia el sacerdote, para ser declarados puros, mientras que uno abandona a los demás y se vuelve dando gloria a Dios a gritos.
Al llegar a Jesús se postra a sus pies, sin guardar ya distancias, y le da las gracias, reconociendo en él así un mediador de Dios, al menos.
Jesús desvela que el que ha vuelto es un no-judío, precisamente un samaratino, mientras que los demás no le han dado las gracias. La actitud del samaratino hace que obtenga no solo la salud corporal sino también la salvación.

miércoles, 2 de octubre de 2013

C Domingo 27º Lucas 17, 5-10 La fe y el servicio humilde a Dios

Jesús se dirige a sus discípulos con cuatro enseñanzas. Las dos primeras quedan fuera del texto litúrgico (17,1-4). La  tercera trata sobre la fe. La cuarta sobre la humildad en el cumplimiento del deber. Esta última sólo viene en Lucas:
Los "Apóstoles"  (los Doce para Lucas), piden al Señor que les aumente/robustezca la fe/confianza/fidelidad.
Jesús les responde que bastaría que su lealtad fuera ínfima (como el diminuto grano de mostaza) para que el poder de Dios actuara en ellos (pone un ejemplo estrambótico para llamar la atención: que un arbusto con tantas raíces como la morera -no tanto el sicómoro por el que se suele traducir-, se trasplantase al mar). Esta comparación viene también en Mateo, en Marcos y en Pablo, aunque ellos hablan de mover una montaña: "aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy" (1 Cor 13, 2)

A continuación, Jesús cuenta una parábola sobre un esclavo, que existía comúnmente en aquel tiempo, tanto en el país de Jesús como en el mundo greco-romano. Ninguno de los Apóstoles tenía una casa con esclavos, así que el evangelista se inspira en los ricos de su comunidad. El esclavo no podía reclamar ninguna recompensa ni agradecimiento por la realización de su deber.
Termina aplicando la parábola a la relación con Dios. Los creyente han de cumplir lo mandado por Dios sin esperar nada por su servicio; simplemente es lo que tienen que hacer,son " a los que no se le debe nada" (es el significado -expresado en el mismo texto- de lo que suele traducir por "siervos inútiles", o "pobres siervos", o "simples siervos"). Jesús mismo se presenta como "siervo de Dios"

jueves, 25 de octubre de 2012

B Domingo 30 º Marcos 10 · 46-52: Deja el manto y da un brinco

Con este pasaje termina la sección del camino, que empezó justamente después de la curación de otro ciego.
Marcos nos transmite un mensaje claro en este año de la fe: la fe en Jesús salva. Jesús valora la fe de Bartimeo, presentado como modelo. 
En principio toma a "Jesús Nazareno" -de quien ha oído hablar- como descendiente del rey David. Eso puede significar que cree que es el esperado Mesías político. Culmina reconociéndolo como Maestro con una expresión de la mayor consideración (rabboní en vez de rabbí).
Para ello ha tenido que superar la oposición de "muchos", que le mandan callar como a los espíritus malignos.
Jesús detiene su caminar y sin moverse manda a los "muchos" que le llamen, luego le pregunta lo mismo que a los hijos de Zebedeo el domingo anterior. Bartimeo, en vez de pedir un puesto destacado en su reino, pide recobrar la vista. Todo el proceso lo hace en base a lo que oye, de donde se puede inferir la importancia de la escucha para la fe.
Bartimeo que es un excluido que vive postrado, al margen del camino, fuera de la ciudad, mendigando, no duda en dejar con prontitud todo lo que tiene, como hicieran los hijos de Zebedeo cuando recibieron la llamada de Jesús, en contraste con el rico de hace dos domingos.
Termina siguiendo a Jesús por el camino, como discípulo.

jueves, 27 de septiembre de 2012

B Domingo 26° Marcos 9 · 38-43. 45. 47-48 Cuidar la fe de los otros

Sorprende que sea Juan quien tome la palabra en nombre del grupo; la primera vez, pero no la única.
Presenta a uno que expulsa demonios en nombre de Jesús. Ellos habían fracasado al intentar hacerlo en este mismo capítulo (14-29) con un endemoniado, y Jesús le recriminó su falta de fe. Ahora quieren prohibir a éste -que tiene éxito- que lo haga. La razón que aduce es "no es de los nuestros" (literalmente: que no sigue a los discípulos).
Jesús pone las cosas en su sitio: no seguirá a sus discípulos pero actúa en su nombre.
(La primera lectura de la misa hace referencia a otro intento de prohibición de actuar según el espíritu de Dios en tiempos de Moisés: Números 11, 25-29)

A continuación, Jesús parece cambiar de tema: habla del "escándalo" a la fe de los "pequeñuelos" (literalmente en griego: los "micro"), es decir, de aquellos que ponen en crisis la frágil fe de algunos de sus seguidores, probablemente miembros de la comunidad cristiana a la que Marcos se dirige. Jesús les advierte con palabras duras que es un asunto muy serio en el que se juega la condenación eterna
Los versículos 44 y 46 repiten el 48 y hoy día se consideran un añadido posterior por lo que suele omitirse

jueves, 16 de febrero de 2012

Marcos 2 · 1-12 El de la camilla se va a su casa - Domingo VII B

Continuamos el texto de Marcos por donde lo dejamos el domingo pasado, aunque cambiemos de capítulo, y nos encontramos a Jesús de vuelta a la casa de Cafarnaúm y rodeado de gente como cuando se fue. Se nos descubrirá que en ese grupo hay unos escribas o letrados.
Un grupo de cinco personas no pueden sortear el corro y abren un boquete en la frágil azotea de la casa, descolgando a uno de ellos, paralítico, ante Jesús. Jesús interpreta esta acción como una expresión de fe, de confianza en él.
Por la fe, Jesús perdona de parte de Dios los pecados al paralítico. Curiosamente, nadie ha hablado de pecados ni nadie ha pedido perdón. Lo que se podía esperar era una curación, pero ésta no sucede inmediatamente, por lo que tampoco se puede suponer un automatismo entre enfermedad-pecado y perdón-curación.
Ante la acusación de blasfemia -porque sólo Dios puede perdonar pecados-, Jesús cura al hombre para mostrar que tiene esaautoridad.

jueves, 19 de enero de 2012

Marcos 1 ·14-20 Conversión y seguimiento - Domingo III B

La liturgia nos presenta un texto compuesto por dos trozos diferentes:
- Los dos primeros versículos concluyen la introducción del Evangelio dando salida de escena a Juan Bautista con el fin de su actividad y entrada a Jesús, que comienza la suya. Marcos condensa la predicación de Jesús en una frase sintética compuesta de dos partes, cada una de ellas con dos afirmaciones concadenadas: "tiempo oportuno" - llegada del "Reinado", por un lado, y "cambio de mentalidad" - aceptación de la "Buena Noticia", por otro. Cada uno de los cuatro conceptos encierra un gran significado, que Marcos irá desplegando en su evangelio. Nos quedamos con que el comienzo de la actividad de Jesús implica el comienzo del Reinado de Dios, lo cual es la Buena Noticia (o "Ev-Angelio") que se realiza en el momento adecuado. Al encontrarnos con este tiempo oportuno, el lector ha de dar una respuesta con una mentalidad nueva, aceptando ese Ev-Angelio.
- Los demás versículos inician la primera parte del evangelio de Marcos. Jesús suma a su actividad a otros agentes (a otros "pescadores de hombres", una metáfora poco habitual pero conocida en el Antiguo Testamento). Marcos narra de forma paralela dos llamadas a dos parejas de hermanos para que le sigan. El seguimiento les supone dejar la empresa paterna.

jueves, 16 de junio de 2011

Tanto nos amó Dios :Lectio Juan 3 ·16-18 Domingo Santísima Trinidad - ciclo A

Jesús está respondiendo a Nicodemo, que no ve cómo puede uno nacer de nuevo siendo viejo.
En este trozo de su contestación, Jesús se presenta como el Mesías/Ungido/Enviado del Padre.
Su misión es salvar la humanidad, que aquí es llamada "mundo", pero no con el significado negativo que tiene en otros lugares de este evangelio. Para ser salvado es imprescindible creer en Él, "creer" no es sólo ni principalmente admitir unas verdades reveladas, sino que en este evangelio significa estar de parte de Jesús.
El Enviado no condena a nadie, sino que el que decide no ponerse de parte de Jesús se condena a sí mismo, al no aceptar el regalo del Padre.
Jesús se presenta como un don del Padre a la humanidad, regalo debido al amor que tiene al "mundo". Esta entrega de su propio Hijo recuerda a la que hizo Abrahan de su hijo único.

jueves, 28 de abril de 2011

El Resucitado funda la Iglesia Domingo Pascua 2º - Juan 20, 19-31 Ciclo A

Dos episodio, separados por una semana (el segundo correspondería temporalmente a este domingo), donde Jesús se presenta en medio de la comunidad de discípulos de Jerusalén comunicándole su paz, reunida en el día que pasaría a llamarse domingo ("día del Señor"), cerradas las puertas por el entorno hostil (que en la primera ocación les producía miedo, no así tras la primera presentación del Resucitado en medio de ellos).
La primera vez incluye el envío misionero, para lo cual les comunica el Espíritu Santo (en el mismo día en que resucitó, no 50 días después) y les hace mediadores (a todos los discípulos, no sólo a los apóstoles) del perdón de Dios.
La segunda ocasión proclama una nueva bienaventuranza, dirigida a los lectores del Evangelio: "Dichosos los que crean sin haber visto", los que crean por el testimonio de la comunidad, y no como hace Tomás. Para eso fue escrito el evangelio, como dice el versículo final: "se han escrito para que creáis".
El resucitado es el mismo que fue crucificado (no es un fantasma), como se indica al mostras sus manos y el costado, lo que provoca alegría en quienes le reconocen.

jueves, 21 de abril de 2011

Vió y creyó. Juan 20, 1-9. Domingo de Pascua. Ciclo A

Sección final del evangelio de Juan.
Describe la visita de tres discípulos al sepulcro de Jesús, donde esperan encontrar su cadáver. Magadalena lo ve desde fuera, el discípulo amado desde la entrada y Pedro dentro. Progresivamente se van encontrando con signos que interpretan como un robo del cadáver ("se han llevado del sepulcro al Señor"): Magadalena ve la piedra corrida, Juan además el lienzo -la sábana santa- sobre la tumba, Pedro aún el sudario doblado aparte. Sólo cuando el discípulo amado entra y contempla todo cree en la resurrección de Jesús.
En la escena siguiente Magdalena muestra que sigue sin dar crédito a ello. El lector es invitado a seguir el camino de fe del amigo de Jesús.