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domingo, 18 de mayo de 2025

C Pascua 6º - Juan 14, 23-29 La relación del discípulo con la Trinidad

 Estas palabras las pronuncia Jesús durante su última cena, después de haber lavado los pies a sus discípulos.

Judas, no el Iscariote, la hace una pregunta a Jesús, justo en el versículo anterior, el 22: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?».

El texto que se proclama en la liturgia es la respuesta de Jesús, a la que le falta su última frase, en la que dice: "Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo" (versículo 30).

En el versículo siguiente, el 31, se encuentra el final original del discurso de Jesús, cuando dice "¡Levantaos, vámonos de aquí!"; si embargo no se van ni se levantan, sino que Jesús sigue hablando durante los tres siguientes capítulos.

En el texto de este Domingo, se muestra la Santísima Trinidad, pues Jesús habla de su Padre y del Espíritu Santo, al que califica de Paráclito

Tras aclarar quién es discípulo suyo (el que guarda su Palabra), revela la relación de cada persona divina con sus discípulos:

- El Padre hace morada -junto a Él mismo- en el discípulo (no dice que también lo hace el Espíritu Santo, porque éste aún no ha sido derramado).

- El Espíritu Santo es maestro interior del discípulo, y su paráclito, esa figura antigua en la que otra persona hacía de valedor, de defensor.

- Jesús es el que da la Palabra -que es de su Padre-, que la guarda quien le ama, Y a quien la guarda, además de morar en él junto a su Padre, le da su paz , distinta a la del mundo.

lunes, 20 de mayo de 2024

B Trinidad Mt 28 ·16-20 En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

 Es la misma lectura que la fiesta de la Ascensión del Señor en el ciclo A.
En el presente comentario solo hacemos referencia al motivo por el que la Iglesia ha escogido esta lectura para la fiesta de la Santísima Trinidad en el ciclo B.
Son pocos los textos bíblicos en los que se mencionen, a la vez, las tres personas de la Trinidad; y éste es uno de ellos. Es el final del evangelio según san Mateo. Se trata de un encuentro de los once apóstoles (a falta de Judas Iscariote) con el Resucitado, en un monte indeterminado de Galilea.
Jesucristo les dice unas breves palabras que en las que ordena a sus discípulos que realicen el proceso completo de evangelización de la Iglesia: anunciar el el Evangelio ("id y haced discípulos"), incorporar a la Comunidad eclesial ("bautizándolos") y catequizar ("enseñándoles").
El segundo momento, el bautismo, se ha de hacer en el nombre de las tres personas trinitarias: "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".  Que el bautismo se haga en nombre de la Trinidad (en los Hechos de los Apóstoles se hacía en nombre de Jesús), implica una redacción tardía de este párrafo, al menos de la segunda mitad del siglo I. 
Bautizar "en el nombre" significa que el bautizado pasa a ser pertenecer a las personas nombradas, queda consagrado a ellas, ya que en la Biblia el nombre representa a la persona. Es la única vez que sale esta expresión en el evangelio, con la que empezamos toda liturgia (santiguándonos)


jueves, 16 de junio de 2011

Tanto nos amó Dios :Lectio Juan 3 ·16-18 Domingo Santísima Trinidad - ciclo A

Jesús está respondiendo a Nicodemo, que no ve cómo puede uno nacer de nuevo siendo viejo.
En este trozo de su contestación, Jesús se presenta como el Mesías/Ungido/Enviado del Padre.
Su misión es salvar la humanidad, que aquí es llamada "mundo", pero no con el significado negativo que tiene en otros lugares de este evangelio. Para ser salvado es imprescindible creer en Él, "creer" no es sólo ni principalmente admitir unas verdades reveladas, sino que en este evangelio significa estar de parte de Jesús.
El Enviado no condena a nadie, sino que el que decide no ponerse de parte de Jesús se condena a sí mismo, al no aceptar el regalo del Padre.
Jesús se presenta como un don del Padre a la humanidad, regalo debido al amor que tiene al "mundo". Esta entrega de su propio Hijo recuerda a la que hizo Abrahan de su hijo único.

miércoles, 26 de mayo de 2010

C Domingo de la Santísima Trinidad Juan 16, 12-15

Este trozo del discurso de Jesús durante su última cena ha sido escogido para la fiesta de la Santísima Trinidad.
En él se muestra la unidad del Padre, del Espíritu de la verdad y de Jesús: "Todo lo que tiene el Padre es mío" -afirma Jesús-, y el Espíritu "tomará de lo mío".
Ya Jesús ha afirmado antes su identificación con el Padre: "os he dado a conocer todo lo que oído a mi Padre" (15, 15), y lo repetirá después: "Les he comunicado las palabras que tú me diste... todo lo mío es tuyo y lo tuyo, mío" (17, 8 ss)

La misión del Espíritu es guiar a los discípulos hasta la verdad plena, con la que no pueden cargar por ahora ("Ya está aquí la hora de que os disperséis cada uno por vuestro lado" 16,32 cf 13,33). Esa verdad plena aclarará "lo que está por venir", que en el marco de este evangelio parece referirse a los frutos de su muerte -recordemos que éste es su discurso de despedida-, muerte cuyo sentido a los discípulos "por ahora" les resulta incomprensible ("no pueden cargar" con él) , pero les será explicado por el Espíritu.
De esta forma el Espíritu manifestará la gloria de Jesús, pues su exaltación consiste en dar su vida por sus amigos (cf 15,13)